Gestión para ingresar al nuevo siglo
El registro Civil de Urdinarrain posee información veraz que data del año 1887, aunque su preservación pende de un hilo, ya que el estado y las condiciones de la oficina local rozan lo lamentable; además de los registros, los empleados trabajan allí precariamente.o
Por Javier A. Vilaboa
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Para llegar a la dependencia pública debe esquivar el pastizal, saltar el charco y no pisarle la cola al perro; ya en el umbral verá la puerta que ha sufrido los avatares de los años y la inclemencia del tiempo y rogar no llegar el día que alguien hace el civil ya que sentirá que no hay espacio y que ud está molestando.
Entre grandes libros diseminados por todos lados puede ver a los empleados que esperan su turno para utilizar la única máquina de escribir que lejos está de alguna similitud con una computadora de las que no hay ni una. Sin tema de conversación, sus ojos comenzarán a recorrer el lugar; verá que el empapelado de las paredes está todo manchado, la humedad y las goteras han hecho de las suyas; también podrá observar una instalación eléctrica antiquísima diciendo ‘mirame y no me toques’ ya que puede pasar cualquier cosa ante un cortocircuito combinado con la papelería y ese cielo raso de machimbre reseco. Si va en verano no disfrutará de un aire acondicionado y si va en invierno tampoco de una estufa.
Si resulta que fue a hacer un trámite y éste requiere sus impresiones digitales; se mancha los dedos con tinta en esa tablita que le parece vieja; como es del pueblo y aquí nos conocemos todos la empleada concede "esta misma tablita de impresiones la han utilizado generaciones… tu mamá usó la misma"; para limpiar las manos le dan permiso de ir al baño; una vez allí se preguntará si ahí van los empleados o se aguantan toda la mañana.
En el registro civil de Urdinarrain se hacen trámites para la Aldea San Juan; Santa Celia; Parera; Britos; Almada; Colonia Paraíso; Gilbert; Costa San Antonio y por supuesto la ciudad de Urdinarrain; además de los testimonios de nacimiento de gente de otros lugares. Los insumos no abundan, y a veces los básicos como biromes o plasticola los terminan comprando los empleados.
También supimos que cuando se acuerdan mandan un sachet de lavandina y otro de detergente. Queda en claro que el edificio no está en condiciones; esto se le hizo saber a la superioridad: mandaron un formulario donde había que contestar en las condiciones que trabajamos y dejamos en claro que son pésimas en dos oportunidades –confesaron-. Hasta les dijimos que convivíamos con las ratas a las que tenemos que tener a raya para que no se coman los libros; luego de la segunda vez llegó la respuesta de Paraná: un par de sobres con veneno para los roedores.
Todo lo relatado no es un cuento; ni mucho menos un chiste… es ni más ni menos que la realidad de nuestro Registro Civil.
En éstas épocas en las que se habla tanto de gestión, nos atrevemos a hacer un respetuoso llamado de atención a legisladores departamentales, concejales locales y ejecutivo municipal para que gestionen. Por ahí no conocían tantos detalles, o no se detuvieron nunca a prestarles atención, a observar con detenimiento; pero ésta oficina pública merece ingresar al siglo en el que vivimos; sin importar si depende de esferas distintas a las que nos competen.
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