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Grinman: "El pensamiento único es destructivo"

Natalio Mario Grinman cree que "la Argentina no es un país normal". Y agrega: "Los argentinos somos muy raros –por no decir otra cosa-, somos casi autodestructivos".

Florencia Carbone (*)

Durante una entrevista con Trade News, el flamante presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) contó detalles de la reunión que mantuvo con el Presidente Alberto Fernández, habló de sus objetivos como líder de una organización que representa el 65% del PBI y algo más del 68% de la mano de obra formal ocupada en el país, y señaló la necesidad de modernizar el marco laboral.

El dirigente entrerriano se incorporó a la CAC hace 35 años, y luego de haber ocupado distintas posiciones en el Consejo Directivo y en la Mesa Ejecutiva, en noviembre fue elegido como el sucesor de Jorge Luis Di Fiori, que condujo la CAC desde 2016.

Con 47 años de gremialismo empresario en la mochila, oriundo de Concordia, Grinman repetirá a lo largo de la charla que hoy las principales preocupaciones del empresariado argentino no pasan por los problemas económicos –“si hay algo que se nos reconoce es la capacidad de resiliencia, de inventar cosas y seguir sobreviviendo”-, sino porque seguimos con los mismos problemas estructurales desde hace 90 años.

En defensa de la libertad

-¿Cuál será el perfil de la CAC durante su presidencia? ¿Cuáles son sus principales objetivos a corto y largo plazo?

-Hablar de largo plazo en Argentina es una utopía. La Cámara tiene en su ADN los principios de la libertad, y pregona eso desde hace 96 años, mientras pasaron un montón de gobiernos de todo tipo y color.

Algunos nos acusan de neoliberales, nosotros nos sentimos cómodos con la libertad, con el sistema democrático, con el respeto por las instituciones de la República, con la libertad de comercio. Promovemos la iniciativa privada, queremos un país con cada vez más ciudadanos educados, por eso es desde hace más de 30 años le dimos una impronta grande a la educación. Tenemos un instituto privado y la Universidad Caece. En lo que llamo “Grupo CAC”, hoy trabajamos más de 520 personas.

-¿Cómo conviven esos ideales con la situación actual del país, en medio de debates sobre la independencia de poderes y la imparcialidad de la Justicia?

-Lo nuestro no es un deseo, vamos a mantener firmes nuestros valores, seguiremos con lo que venimos haciendo desde hace 96 años y diciéndolo abiertamente.

Hace unos días tuvimos una muy buena reunión con el Presidente Fernández y le dijimos esto mismo. Somos respetuosos de la diversidad de pensamiento, no nos parece que sea normal el pensamiento único, por el contrario, creemos que es destructivo.

Entendemos las diferencias y que a partir de eso se puede construir, y el país que queremos tiene que estar basado en esto, en el respeto a las instituciones, fundamentalmente.

Peso económico y social

Estamos diciendo qué es lo que queremos, después los gobernantes de cualquier color político, oficialismo y oposición, harán lo que tengan que hacer. Nosotros, como institución que no se inmiscuye en temas partidarios ni quiere cogobernar, somos una parte importante en tanto y en cuanto representamos al 65% del PBI y algo más del 68% de la mano de obra formal ocupada.

El país que queremos tiene que basarse fundamentalmente en una actividad privada fuerte, vigorosa y pujante donde cada vez seamos más empresarios generando riqueza.

En ese sentido recuerdo que el Presidente Fernández, en una reunión en la UIA, hace unas semanas, habló de que el progreso es con los empresarios.

Lo que parece una obviedad en cualquier lugar del mundo acá hay que seguir reiterándolo: de la pobreza sólo se sale generando riqueza y el único que tiene capacidad para hacerlo es el sector privado.

-¿Cómo se modifica el tema de grieta, los enfrentamientos constantes y las internas descarnadas que caracterizan hoy a la sociedad argentina?

-También lo conversamos con el Presidente. Es un trabajo arduo, de educación, cultura. Las principales señales tienen que venir de los que son responsables en la tarea de gobernar, oficialistas y opositores.

-¿Y se están dando esas señales en ese sentido?

-¡No!, de ninguna manera. Se necesita tranquilidad y confianza para que se puedan hacer las inversiones necesarias para salir adelante. Esas aparentes diferencias internas –es lo que se ve a través de los medios- se tienen que terminar.

-¿Se refiere a las diferencias internas dentro del Gobierno o a la relación entre oficialistas y opositores?

-Ambas. Las diferencias con la oposición, que es normal que existan, tienen que ser mucho más civilizadas, sin agresiones, sin chicanas. No están pensando en el bienestar de los 45 millones de habitantes ni del 53% de pobres de la Argentina, están pensando en salvarse personalmente, sectorialmente o partidariamente.

Preocupación presidencial

El Presidente nos dijo durante la reunión que le preocupa que no nos estemos dando cuenta de que hay que salir de otra manera, con crecimiento. ¡Pero somos difíciles los argentinos!

La CAC tiene una enorme participación en cámaras internacionales. Nuestros pares del exterior, y cuando nos dicen que la Argentina es un país rico, les digo que no es así. Es un país con enormes recursos naturales, con buen potencial humano pero que lamentablemente perdió tiempo en la educación, que tiene generaciones que saben que sus padres y abuelos pueden vivir sin trabajar.

Hay que recrear la mística de quienes vinieron a finales del siglo 19, principios del 20, a trabajar en este país. Se necesita educación, cultura y trabajo. Y las señales tienen que darse fundamentalmente desde el Gobierno. Que discutan las diferencias a puertas cerradas, pero que hacia afuera envíen señales de estabilidad.

-Ha dicho que después de tantos años de fracaso llegó el momento de terminar con la fiesta y pagar los costos, pero ¿quién está dispuesto a pagar los costos políticos que implicaría eso? ¿Qué aporte podría hacer el sector privado, y particularmente la CAC, en ese sentido?

-No somos una cámara de protesta sino de propuesta. El hecho de no tener una bandería política partidaria nos permite actuar con absoluta libertad y objetividad sin importar el gobierno que tengamos enfrente. Por ejemplo, no tengo ningún empacho en decir que el Presidente Macri no nos recibió nunca.

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Costo argentino

-¿En cuatro años no se reunieron nunca con Macri?

-Nunca. Trabajamos con los ministros y secretarios, pero el Presidente no nos recibió.

Como cámara de propuesta habíamos preparado un trabajo que tenía que ver con el costo argentino -que le entregamos al Jefe de Gabinete-, en el que le hacíamos ver al Gobierno la problemática del sector.

En la CAC están las empresarias y empresarios más importantes del país, que conocen el día a día, y las dificultades con las que hay que lidiar. Ellos son los que saben qué hay que hacer para salir. Armamos una propuesta y se la acercamos al Gobierno. Seguiremos con la misma dinámica, siendo una cámara de propuestas.

Los problemas de ahora vienen desde 1930. Todos los gobiernos desde entonces han fracasado en consolidar un modelo estructural fuerte y tienen responsabilidad.

Es cierto que hay que pagar costos políticos. La problemática de tener elecciones cada dos años en un país como Argentina es compleja, pero hay otros países que tienen escenarios similares pero todo se hace de modo diferente, con una convivencia más civilizada.

Cruzando el charco, en Uruguay, se ve cómo los ex presidentes comparten reuniones aunque tienen diferencias de opinión y pertenecen a distintos partidos. Acá eso es inviable y de ahí se generan las otras grietas.

Revertir los fracasos

Quizás un Presidente cuando asuma tenga que decir: Señores, voy sólo por cuatro años porque voy a hacer todos los cambios necesarios aun sabiendo que voy a perder las próximas elecciones. Pero hay que hacer esos cambios para salir de este clima de fracasos y frustraciones.

En algún momento necesitamos alguien con esa calidad y altura para hacerlo. Hasta ahora no lo hemos encontrado.

-Se ha referido varias veces a la necesidad de modernizar el marco laboral, ¿en qué consiste esa idea? ¿Es viable hacerlo en Argentina? ¿Ayuda o complica que el Gobierno esté a cargo del peronismo?

-No sé si facilita y no quiero etiquetar si se trata de un gobierno peronista, radical o macrista. El que gobierna tiene que hacerlo pensando en el progreso del país.

Hoy tenemos un marco laboral adecuado a la primera revolución industrial cuando estamos transitando la cuarta. Hay cosas que hay que cambiar. Hicieron una ley de Teletrabajo que es horrorosa porque no aceptaron las modificaciones. La hicieron y no tenían prácticamente noción, no escucharon las propuestas nuevas.

La resistencia al cambio es propia del ser humano, pero cuando proponemos cambios en el marco laboral no es para destruir las fuentes de trabajo, todo lo contrario.

Aparentemente en Argentina quieren “proteger” a quienes están trabajando, pero no están pensando en el 50% que está sin trabajo.

Status quo

Un empresario que hoy tiene que tomar un trabajador, lo piensa 10 veces porque después le ponen una prohibición para despedir, doble indemnización… entonces el razonamiento es: mejor me quedo con quien está y no me arriesgo. Y así no se pueden generar nuevos empleos.

En Argentina estamos cómodos con el no innovar, y hay que hacerlo y mirar lo que están haciendo otros países.

Desde la CAC somos muy respetuosos del trabajador. El salario del trabajador es sagrado y debería ser lo más alto posible, pero además de lo que le paga al empleado, el empleador tiene una carga extra de entre 50 y 70% según la región del país, y eso también conspira contra la creación de nuevo trabajo.

-¿Cómo la están pasando las empresas que operan en comercio exterior en la Argentina?

-Mal. Entre el 85 y 88% de las importaciones son insumos para que se pueda desarrollar el país. Hay cosas muy elementales. Cuando en el supermercado comprás un jugo que viene envasado en tetra brik, tiene un montón de componentes importados.

Si quieren pueden cerrar las importaciones de caviar, vinos, televisores… Será 10% de lo que se importa y no mueve el amperímetro. Pero el tema es una cuestión de ideología.

Vivir con lo nuestro

Alguna vez se pensó que podíamos vivir con lo nuestro, pero ese modelo se agotó en 1975 cuando nos dimos cuenta de que las industrias argentinas no pudieron sustituir las importaciones. Ningún país del mundo puede vivir con lo suyo.

-El caso paradigmático es China…

-Es uno de los mayores importadores, de hecho importa más de lo que exporta. Importa, le da valor agregado y lo exporta, con lo que genera trabajo y riqueza. El problema es que Argentina es un país demasiado ideologizado, y lo que se necesita es más pragmatismo.

-Si nuestros problemas tienen una gran base cultural, ¿cuánto tiempo puede llevar revertirlos?

-Hace 90 años que perdimos el rumbo. Podría llevarnos el mismo tiempo encontrarlo y no lo digo en chiste. Lo primero es que nuestros gobernantes definan dónde queremos ir y tomen las decisiones correctas pensando en eso. ¿Queremos ir al primer mundo o queremos ser Venezuela? Después de eso hay que comenzar a trabajar y llevará muchas décadas.

Hay países a los que les llevó no menos de 10 años poder controlar la inflación, que no se controla simplemente expresando el deseo de metas de inflación.

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