Gualeguaychú: la omnipresencia del agua
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Pocas ciudades como la nuestra tienen tan presente el líquido elemento, en la naturaleza y la cultura. El agua es aquí fuente de dicha pero también de peligro. Además convoca luchas ambientales. Marcelo Lorenzo El agua entre nosotros es un eje paradigmático que atraviesa el pasado y el presente. Ahora mismo la localidad, en su condición de plaza turística, siente el desborde del río Gualeguaychú como una amenaza.La falta de playas y el parque Unzué anegado, la privan de dos de sus principales atractivos veraniegos. A lo que se suma el hecho de que todo el litoral está en emergencia por crecidas, lo que retrae en bloque la corriente turística.Pero la naturaleza, de hecho, suele despertar en los humanos un sentimiento ambivalente. Puede ser fuente de prosperidad y belleza y otras veces, cuando se enfada, puede mostrar su rostro más agresivo y menos amigable. Si es cierto que existe la llamada "gualeguaychuidad" -algo así como una síntesis del ser de la sociedad nativa- cabría especular que este rasgo tiene un contenido profundamente litoraleño.Los ecosistemas son constitutivos de la formación social. O de otro modo: el estilo de vida o de ser social está signado por la naturaleza circundante. Paisajes, olores, sonidos, colores, se sabe, permean la sensibilidad individual y comunitaria de un pago.Es un tópico clásico de los antropólogos: la relación del hombre con el entorno físico, que a veces es percibido como lo "otro" cósmico. Y en esta región hay una característica que atraviesa no sólo todo el paisaje, sino también la cultura de un pueblo: la presencia permanente del agua.Hay quienes creen que los nombres de las personas dicen mucho sobre ellas. Tendrían la capacidad de contener su destino o karma. Esto se aplica también a los grupos humanos.Argentina, por caso, proviene de argentum, plata. ¿Está allí expresada la codicia de los conquistadores españoles, pecado inoculado luego al país independiente? ¿Ese nombre, acaso, señala un destino de prosperidad para los habitantes de estos lares?Gualeguaychú, en cambio, es un nombre inspirado en el río, ese afluente del Uruguay a cuya vera se nucleó el primer poblamiento blanco, siguiendo la vieja premisa de que el área privilegiada para el asentamiento humano es aquella que está cerca de una fuente de agua.Gualeguaychú es un nombre de raíz guaraní (Yaguarí Guazú) cuya traducción todavía se discute. Su significado es "aguas tranquilas", aunque según otras versiones quiere decir "río del jaguar grande".Como otras etnias aborígenes, los guaraníes vivieron en la región sur de la provincia antes de la llegada los españoles. Al igual que los otros pueblos originarios de esta zona, chanaes y charrúas, eran diestros navegantes fluviales.Es un pueblo que nos ha dejado un riquísimo vocabulario, nombres de lugares y de personas que le dan una identidad muy particular a la toponimia regional. La imagen del agua La forma en que las personas y los grupos se conciben a sí mismos en relación con la naturaleza ha cambiado a través de la historia y de las culturas.En este sentido, relación del hombre con el agua ha sufrido modificaciones radicales con el paso del tiempo histórico. Se suele pasar por alto, por ejemplo, que Tales de Mileto (624 a.C - 546 a.C.), uno de los siete sabios de la Grecia antigua, también fundador de la filosofía natural, creyó encontrar en el agua el principio y realidad última de todas las cosas.A Tales, que según la tradición no dejó nada escrito, se le atribuye la afirmación "todo es agua". Algunos intérpretes aseguran que llegó a esta conclusión por la experiencia de lo húmedo en el desarrollo de la vida.Es el caso de Aristóteles (384 a. C. - 322 a. C) quien escribió en el libro "Metafísica" que probablemente Tales "observaba que la humedad alimenta todas las cosas, que lo caliente mismo procede de ella, y que todo animal vive de la humedad; y aquello de donde viene todo, es claro, que es el principio de todas las cosas".Agregó Aristóteles que esta concepción del agua como elemento originario es antiquísima. "Algunos creen que los hombres de los tiempos más remotos -dijo- y con ellos los teólogos muy anteriores, se figuraron la naturaleza de la misma naturaleza que Tales. Han presentado como autores del universo el Océano y a Titis, y los dioses, juran por agua, por esa agua que los poetas llaman el Stigio".Quienes participaban de esta concepción sacral o espiritual de la naturaleza eran los aborígenes americanos, para quienes el agua no sólo era un recurso vital para la subsistencia.Los nativos eran transparentes para el paisaje, viviendo como elementos naturales de la ecosfera. No establecían por tanto con el mundo natural una división tajante, sino todo lo contrario.La representación que pudiera tener un aborigen americano de su ambiente biofísico no puede ser igual, entonces, a la de un habitante urbano, en esta latitud y en el siglo XXI.El significado del agua para un guaraní era diferente del que hoy posee un gualeguaychuense, más proclive a tener una visión utilitaria del entorno, aunque eso no obsta a que existen continuidades desde el momento que el paisaje para ambos es similar (pero modificado).En efecto, la naturaleza sigue dominada por ríos y arroyos. Ha sido así siempre. Al igual que sus antepasados, el gualeguaychuense actual disfruta (y en ocasiones sufre) una geografía doblemente ribereña -ríos Gualeguaychú y Uruguay-.Pero seguramente la apropiación psicológica del lugar no permanece idéntica. Mientras que el aborigen vivía en un mundo natural virgen y en su visión cuasi panteísta se percibía como un elemento más del mismo (no separaba su yo del entorno) el hombre de la ciudad vive en un entono artificial, mediatizado, y se diría que ha perdido la conexión orgánica con el paisaje.Por tanto los vecinos de una ciudad como Gualeguaychú, que habitan un "ambiente" urbano, no pueden sino tener una representación sui géneris de la naturaleza, y también del agua. Las marcas culturales del agua Los objetos culturales de una comunidad nos pueden dar una pista del tipo de relación que establecen sus miembros con el ambiente biofísico. Las formas de mirar la realidad responden a la sensibilidad del observador.¿Cuál es la representación que se han hecho del agua los hombres y mujeres que han elaborado en Gualeguaychú creaciones intelectuales, desde la ciencia o el arte?Ésta bien podría ser la formulación de una hipótesis de estudio para una cátedra de antropología o de ciencias naturales. Un trabajo que debería contemplar un abordaje plural del asunto.El filósofo Friedrich Nietzsche planteaba la pluralidad del sujeto, al mismo tiempo que sugería la pluralidad de la realidad que éste podía percibir desde diferentes puntos de vista o perspectivas.No es igual la imagen de la naturaleza de un poeta, que la de un religioso o la de un naturalista. Mientras el primero queda arrobado por su belleza, el segundo ve la presencia de Dios, en tanto que el científico la decodifica en clave explicativa.El significado del agua en la poética de Olegario Víctor Andrade se observa en "La Vuelta al Hogar", cuyos nostálgicos versos se recitan con unción entre nosotros: "Todo está como era entonces / La casa, la calle, el río....". Y agrega luego: "Bajo aquel sauce que moja / Su cabellera en el río, / Largas horas he pasado / A solas con mis delirios".El padre Luis Jeannot Sueyro, en tanto, concebía la naturaleza como un sacramento. Oriundo de los pagos del arroyo Gualeyán, le cantó teológicamente en coplas que rezan:"Que otro busque en sus corrientes / tarariras o mojarras... / Yo vengo a pescar el Cielo / que se refleja en sus aguas. / Yo vengo a buscar a Dios. / Yo vengo a lavarme el alma".Por otro lado, se sabe que ese gran científico que fue Juan José Nágera tenía un gran amor por la naturaleza natal, en especial por el río de su infancia, que fue el que luego lo inspiró para desarrollar su célebre "Doctrina del Mar Libre" sobre la soberanía de las 200 millas marinas.La profesora Mirta Harispe cuenta, en un artículo publicado en este diario, que Nágera poseía además una conciencia especial sobre el potencial acuífero de la zona y siempre bregó porque la comunidad aprovechara esa riqueza subterránea. Como nos ven El conflicto ambiental ante la instalación de fábricas de pasta de celulosa a orillas del río Uruguay, en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, convirtió a Gualeguaychú en objeto de interés de los estudiosos de los temas ambientales.Por ejemplo en el libro "Gobernanza y manejo sustentable del agua" (2011), donde se recopilan distintos trabajos sobre la temática, aparece un análisis comparativo de cómo perciben los gualeguaychuenses ese elemento vital y cómo los ciudadanos de Buenos Aires.Allí se puede leer un artículo de la Socióloga y doctora en Ciencias Políticas Marta Biagi ("La representación social del agua en las culturas urbanas de la Argentina") donde la autora concluye, tras hacer un trabajo de campo en la ciudad, que aquí el agua despierta un "sentimiento de pertenencia"."De acuerdo con la teoría, las representaciones sociales tienen una función identitaria y la representación del agua en Gualeguaychú surgida en un contexto de conflictos y cambios, ha contribuido a reforzar la identidad de un pueblo que creció bajo el influjo del río", dice la investigadora.Y acota: "No sorprende, entonces, que haya surgido un fuerte movimiento social ambientalista en defensa del río (...)".
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