Gualeguaychú, Sarmiento y la Isla Libertad
Todos los gualeguaychenses estamos unidos a la Isla: los más afortunados por habitarla o haberla habitado. Otros, por recorrerla sin permiso en busca de membrillos ajenos y aventura. Por Osvaldo DelmonteEspecial para El Día También fue refugio de rabonas y amores de verano. Allí hubo fútbol en patas y por la jarra de sangría. La isla fue el centro de las fantasías juveniles de distintas generaciones. Seguramente no es de esta ciudad quién alguna vez no buscó cruzarla a pie buscando el vado, allí nomás, desde el viejo balneario del Parque, hasta la playada del Dorado situada enfrente. O en una tarde de invierno -aburrido como los ceibos y las palmeras - no se acodó en la costanera para mirarla, por mirarla y nada más.Casi todos alguna vez navegamos -en compañía- muy lentamente alrededor de la Isla, buscando la palabra o la mirada que justifique nuestro poco empeño de remeros. O intentamos recibirnos de nadadores dándola vuelta a pura brazada. Casi todos también nos llevamos previa esta materia hasta el verano siguiente.No todos saben que una cadena de piedras caprichosamente se le interponía al Gualeguaychú -desde la costa del balneario, a la altura de la calle Doello Jurado hasta el Chalet de Rossi-. Así nuestro río, manso y de andar sin apuro buscó lentamente sortear este obstáculo y formó el brazo que luego se llamaría Tomás de Rocamora. Nace así el paisaje distintivo y fundante de nuestra ciudad, pues no se podía elegir lugar más bello para vivir y levantar una villa que frente a esta Isla.Y por supuesto, ella no pudo estar ajena a los acontecimientos que ocurrían en el pueblo -uno de los tantos- fueron los preparativos y formación del Ejército Grande para enfrentar a Juan Manuel de Rosas.Es así que llegaron antirrosistas de todos los pelos y colores para sumarse a la campaña militar que preparaba Urquiza y que terminaría en Caseros. Entre otros arribó Sarmiento, quien a los pocos días de estar en Gualeguaychú y luego de tomarse unos buenos vinos, anduvo a los chapuzones en la playada de la Isla; y lo cuenta de este modo:"En la fiesta de la Isla de Fragas, que me traía enamorado, por su graciosa colocación en medio de Gualeguaychú y en frente de la Aduana, convidóme a bañarnos el Coronel Hornos. Es este un personaje notabilísimo del Entre Ríos, y el rival en otro tiempo de Urquiza".Lejos estaba Sarmiento de imaginarse que 20 años después -en 1870- los sauces de este plácido lugar que lo "traía enamorado" iban a ser sacudidos por la fuerza de la pólvora y la metralla, y menos aún que el Presidente de la República que ordene la invasión de Entre Ríos para aplastar la última montonera federal acaudillada por Ricardo López Jordán, sería precisamente él.En esta oportunidad integrantes del Batallón 15 de Abril, formado en nuestra ciudad para apoyar la intervención nacional -cuya bandera se encuentra en el Instituto Osvaldo Magnasco -se refugiaron en la Isla cruzando por la escollera de piedras, decisión poco inteligente desde mi punto de vista pues rápidamente quedaron cercados por tropas Jordanistas.Luego de un intenso tiroteo que duró un día, los sitiados fueron evacuados en una embarcación. Este episodio es conocido como el Combate de la Isla, ocurrido en noviembre del año 1870.Pero volvamos a la refrescada de Domingo Faustino junto al Coronel Hornos. Este hecho está consignado en su libro Campaña en el Ejército Grande, donde cuenta su participación en la Batalla de Caseros -3 de febrero de 1852- y los preparativos de la misma. El primer capítulo se llama precisamente Gualeguaychú. Así describe nuestra ciudad:"Gualeguaychú, a orillas del Gualeguaychú río navegable que desemboca en el Uruguay, es una linda villa que aspira a ser ciudad y en los últimos tres años ha hecho grandes progresos, gracias al comercio activo que sostiene con Buenos Aires, y a las producciones de la ganadería que de allí se exportan. Estas ciudades frescas, apresurándose a desenvolverse, tienen un poco del aspecto de las norteamericanas de la misma edad (...)".Se refiere también a los vascos e italianos que mediante la horticultura"(...) suministran algunos condimentos a la variedad de pescados de los ríos y a la abundancia de excelente carne, con lo que la mesa es regalada y no carece de variedad para el ejercicio de la ciencia culinaria (...)".Es muy interesante la lectura de este libro, el cual como todo escrito sarmientino tiene una clara y directa intencionalidad política, que es en este caso desacreditar la figura del Gobernador de Entre Ríos y justificar el accionar de los viejos unitarios que -unidos ahora a rosistas conversos- se abroquelan en Buenos Aires contra la Confederación acaudillada por Urquiza.Pero más allá de esta cuestión -seguramente polémica- y que merece un análisis más profundo. Lo cierto es que nuestra isla cautivó a Sarmiento. Apacible y bella, no podía ser de otro modo. La isla hoy:Nuestra ciudad va tomando un perfil turístico no deseado por muchos. Las playas del río Gualeguaychú aceleradamente se van convirtiendo en boliches diurnos en los que predomina -por sobre el esparcimiento playero- el ruido y alcohol. Es muy probable que esta realidad alcance también a la isla de no existir una decisión clara para que no ocurra.Así como el río Gualeguaychú es el Padre de nuestra identidad, las Isla es nuestra madre y como tal debe ser cuidada amorosamente. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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