Guengo Martínez Garbino: Un bohemio militante de la libertad
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A once años de su desaparición física, Guillermo Martínez Garbino vive en el recuerdo de sus íntimos y amigos, quienes planean un homenaje artístico que evocará la personalidad de este vecino peculiar, amante de la bohemia y defensor de los valores republicanos.Marcelo Lorenzo"La Luz", así se llama el espectáculo de poesía, imágenes y música con el que se recordará la figura de Guillermo Martínez Garbino, el fin de semana que viene en la biblioteca Sarmiento.Hijo de una caracterizada familia local, cuyos miembros han trascendido en distintos ámbitos, sobre todo la política, "Guengo" (el apodo cariñoso que tenía) fue el abogado penalista reconocido, que hizo escuela en el foro local y más allá, pero también la figura afectuosa que se añora.El evento pretende, justamente, rescatar la esencia del personaje cuyos valores, con el paso del tiempo, dejan un legado a los más jóvenes, según la descripción que ha hecho del "maestro y amigo" Darío Carraza, autor del libreto de la evocación, en diálogo con EL DIA.Cuando falleció en agosto de 2001 a los 61 años (había nacido el 10 de octubre de 1940), quien había hecho del derecho penal su especialidad, dejó huérfano a un grupo de jóvenes abogados, deudores de su generosidad intelectual."Trabajé 12 años al lado de él. Fue alguien que me marcó. Al igual que a ese grupo de jóvenes que quería mucho a Guengo y lo hizo presidente del Colegio de Abogados de Gualeguaychú. Me refiero a Fabián Otarán, Daniel Garay, Daniel Garbino, Alejandro Brioso y Juan Andrés Drabble", relató.Las discusiones jurídicas se solían hacer en lugares no convencionales elegidos por el maestro. "Nos decía: vénganse al Jockey Club (entidad de la que fue presidente) y ahí conversamos. Se armaba una mesa y hablábamos sobre el derecho, que era su mundo, o al menos uno de sus mundos".¿Por qué evocar la figura de Guengo?, inquirió este diario. ¿Temen que se pierda en el olvido? "Hay un poema de Borges -respondió el entrevistado- que se llama 'Un poeta menor' que dice así: 'La meta es el olvido/yo he llegado antes'. Para mí al menos, el olvido es la memoria de Dios. Porque el olvido es eterno y ahí vamos todos".El guionista y productor de "La Luz" cree que más que un tributo al personaje, traerlo al presente es una necesidad psicológica de quienes lo conocieron. "Uno quiere trasmitir cosas. Decirle a otros: 'mirá cómo era este tipo'"Amante de la libertad¿Y cómo era ese tipo? Llevaba una vida algo errante e informal, libre y poco organizada, sin ajustarse a las convenciones sociales. Ése era el aspecto bohemio de su personalidad. Y se conjugaba con otra peculiaridad: era dueño de un humor a flor de piel, que a veces podía ser incisivo y ácido.Pero al mismo tiempo "era un libertario, un tipo de formación laica y republicana, que concebía el derecho como un arma de defensa de la libertad del individuo frente a los poderosos, frente al Leviatán (el absolutismo estatal)"."Guengo, que opinaba que los militares de la dictadura eran unos asesinos, estuvo en la defensa de los derechos humanos. Estuvo en esa movida en defensa de los perseguidos por el proceso", recordó el entrevistado.Martínez Garbino pensaba -según colige su discípulo- que es difícil defender a un inocente, es abrumador si no se logra probar su condición, porque en ese caso el abogado fracasa totalmente."De hecho es preferible que quede en libertad un culpable antes de que se condene a un inocente", apuntó. Es decir, la condena de un inocente clama al cielo, es el fracaso del derecho, y de quien lo representa legalmente."La única lealtad que tiene el abogado es con su cliente. Eso repetía Guengo. No con el sistema ni con el juez ni con la contraparte. Al único que le tiene que ser leal, hasta las últimas consecuencias, es al cliente", destacó.Amaba la figura del defensor, sugiriendo que ahí radicaba la dignidad del oficio. Por eso saboteó la carrera de fiscal de su socio en el estudio. "Yo quería ser fiscal. Era la época en que Jaime Martínez Garbino (hermano de Guengo) era ministro del gobierno de Mario Moine. Pues bien, operó sobre Jaime para que yo no tuviera ninguna chance de ser fiscal. Cosa que le agradezco toda la vida".Un estudiosoSegún cuenta Carraza, Martínez Garbino era un estudioso del derecho penal, su autor preferido era el jurisconsulto italiano Francesco Carrara, que dejó una obra de 10 tomos, cuya concepción (creía) era superior a la de los alemanes, también grandes penalistas."Decía que los alemanes tenían mucho rigor pero les faltaba poesía. Es decir, eran muy fríos y analíticos, y por esta razón solían llegar a soluciones injustas. Les faltaba, decía, esa intuición latina que él encontraba en Carrara y que él mismo, por otra parte, poseía". -El criterio jurídico, el dominio de la literatura especializada, su actuación en tantos casos, muchos de ellos de envergadura, hizo que se ganara un prestigio en los tribunales y entre los letrados, llegando a ser alguien de consulta incluso por estudios jurídicos de Buenos Aires."En la Cámara del Crimen de Gualeguay era palabra mayor. Lo mismo en la Cámara del Crimen de Concepción del Uruguay. Y se lo reconoce y recuerda en el Superior Tribunal de Justicia. En los congresos, tanto Chiara Díaz como Carubia, que son los dos vocales más antiguos de la Sala Penal, suelen destacar su personalidad como penalista", relató CarrazaCon los presosEl personaje, al parecer, tenía un temperamento que encajaba con la especialidad jurídica. Y eso obedecía, según Carraza, al hecho de que "en el procedimiento penal no tenés que estar al pie del cañón, sino que lo podes llevar con la cabeza".Además, Guengo parecía conectar empáticamente con el mundo marginal. "Con el preso se sentía cómodo. Pese a que no lo iba a visitar nunca. Porque él decía que al preso no hay que visitarlo, sino sacarlo".Lo abrumaba la situación de las familias de los presos y de hecho renunciaba a cobrar honorarios cuando su condición era modesta. La relación con el dinero era de desprendimiento. "Algunas veces, como socio, le reprochaba esta conducta. Le decía: 'che loco, pará, que yo tengo que comprar pañales para la nena'".Y al respecto una anécdota: "Recuerdo a un grupo de hermanos que tenía a uno de ellos detenido. Era gente modesta. Tocaron el timbre de la casa de Guengo. Éste los atendió desde la ventana. Los cuatro hermanos estaban apoyados contra un auto. El cuadro me parece verlo hoy. El diálogo fue en estos términos: 'doctor, nosotros le queremos preguntar cuánto le tenemos que pagar'. Guengo muy serio les dice: 'un millón de dólares'. Los hermanos se miraron entre ellos, sin saber qué contestar hasta que al fin dijeron: '¿No es medio mucho?'. 'Ah sí -replicó Guengo- ¿y cuánto creen que vale la libertad de su hermano?' Los tipos quedaron perplejos. Hasta que Guengo, con ese humor que tenía, les soltó: 'bueno, váyanse, déjenme tranquilo'".Un cronopioAl personaje le gustaba la vida noctámbula. Además de ir al Jockey Club era un asiduo del bar Peruca, que atendía Bebe Pérez. Algunas veces concurría al Automóvil Club a tomar algo, pese a que no era socio del lugar (porque no tenía auto)."Un día llega un inspector de esa entidad. Se le acerca y le dice: discúlpeme señor, ¿usted es socio del Automóvil Club? Y ocurrente Guengo le responde: sí, ¡yo soy fanático del Automóvil Club!".La risueña anécdota pinta a alguien, según Carraza, que hallaba en el humor una salida al aspecto dramático de la vida. "Siempre he pensado que la percepción de la realidad que tenía Guengo, que era ateo, era tan intensa que en un punto lo abrumaba".Eso probablemente explicaría, acaso, el fondo melancólico de su personalidad. En tren de dar con la clave de su ser, Carraza trae a colación dos tipos humanos descriptos por Julio Cortázar, en uno de sus cuentos.Por un lado están los "cronopios", que son seres alocados, imprevisibles, bellos y vagabundos. Los poetas, marginales y locos, militan en esta fila.De otro lado, están los "famas", que son seres cuadriculados, racionales, estables, que tienden a defender el orden establecido, optimistas de la vida para quienes las cosas son previsibles.Pues bien, Guengo se asemejaba más a un cronopio, según su discípulo.La políticaGuengo era genéticamente radical: "Un radical de Illia, doctrinario, monocarril. Esto es: la honestidad, la decencia, la defensa del Estado. Además, progresismo cultural, defensa de la educación laica. Era radical hasta los huesos. Y del partido del 25 %. O sea, suicidamente radical. Acá estamos, somos así y si no servimos para nada, no importa".¿Qué opinaba del peronismo? "Solía decir que el peronismo era un conglomerado inorgánico. Algo así como un significante vacío. O como decía John Cooke, un gigante invertebrado y miope", refirió el entrevistado.Sin embargo, distinguía las personas de su ideología política. "Él se miraba mucho en Jaime, su hermano, que era peronista. Decía que era el más inteligente de los Martínez Garbino. Eso al menos se lo escuché decir". Además, defendió en la profesión a dirigentes justicialistas, como al ex intendente de Concepción del Uruguay, Luis Enrique Bermúdez. "A algunos que lo venían a ver los chicaneaba diciendo: 'ustedes los peronistas buscan abogados radicales porque son estudiosos y no los ca...'". ¿Qué opinaba de la violencia de los setenta? "Rechazaba, obviamente, el terrorismo de Estado. Y tampoco aprobaba la opción de la lucha armada, seguida por la guerrilla. Un radical no entiende de estas cosas, no las concibe. Su camino es la convicción, las elecciones, los votos, las leyes. Sabe que cuando la democracia 'formal' es denostada se pasa al fascismo informal'".¿A quién se homenajeará, finalmente, en 'La Luz'? "A un tipo macanudo, un vecino, un buen amigo, gran abogado, defensor de la libertad, militante político, militante social. Y que tenía un sentido del humor inolvidable", sintetizó Carraza.Un clan singularLos Martínez Garbino son un grupo familiar destacado de la ciudad. Sus miembros han actuado (y siguen actuando) en la vida pública, sea como profesionales, políticos o dirigentes sociales.Don Lucio José, el jefe de la familia, fue un abogado que militó activamente en la política local, provincial y nacional, dentro de la Unión Cívica Radical. Fue concejal, legislador provincial y nacional.Inés Carolina Cabrera, su esposa, egresó en la Universidad de Buenos Aires (UBA) como escribana y fue la primera mujer que obtuvo una medalla de oro universitaria en la Argentina.La distinción se la entregó el presidente de la República en un acto en el cual también se reconoció a Carlos Saavedra Lamas, quien acababa de ser declarado Premio Nobel de la Paz.Lucio e Inés trajeron al mundo a seis hijos varones. En el siguiente orden: Jorge, Lucio y Guillermo (eran mellizos), Jaime, Emilio y Abel. Jorge llegó a ser vicegobernador de la provincia por el radicalismo, Jaime fue ministro del gobierno provincial y diputado nacional por el peronismo, y Emilio fue diputado nacional por el justicialismo e intendente de la ciudad por el Nuevo Espacio.Por su parte Lucio y Guillermo, ambos fallecidos, fueron médico y abogado penalista, respectivamente. Y Abel es un reconocido dirigente deportivo local. El apellido Martínez Garbino ha estado asociado a distintas instituciones, sobre todo al club Juventud Unida.(Guengo fue padre de tres hijos: un varón y dos mujeres. Fidel, que está trabajando en Buenos Aires en un estudio jurídico, acercó a este diario la foto de su padre, que es la que se reproduce en esta nota).En la familia Martínez Garbino convivían peronistas y radicales. Y según recuerda hoy Emilio, ni su padre, que estuvo preso durante un gobierno peronista, ni sus hermanos, con ideas distintas, hicieron que la política los dividiera."Discutíamos, por supuesto, pero jamás hubo motivo de fracturas insalvables, jamás un reproche que llevara a la ruptura. Hacíamos cosas juntos, por ejemplo en el club, siempre preservando el amor entre nosotros y el respeto mutuo", destacó.En su opinión, esa situación nada tiene que ver con lo que pasa hoy en la Argentina, donde "la política divide a las familias y a los amigos" y donde las relaciones sociales están contaminadas por el odio político.El homenaje"La Luz" se presentará los días 18 y 19 de mayo, a las 20:30 horas, en el 'Café de las Artes' de la biblioteca Sarmiento. Es un tripersonal, compuesto por un actor (Gustavo Cereghetti), un recitador de poesía (Mario Fischer) y un cantor de tangos (Alejandro Delfino).El espectáculo, en el que se alternan teatro, música y poesía, evoca el pensamiento y la personalidad de Guengo Martínez Garbino. El leitmotiv es trasmitir, de una manera dinámica y atractiva, las concepciones que tenía de las leyes, el arte, la sociedad, la política y la religión.Darío Carraza es responsable del guión. Y es coproductor junto a Roberto Bocalandro. Federico Corfield está a cargo de la luz y el sonido; Fabiana Llorens del maquillaje; Jorge Sarco de las imágenes; Kuky Adón de la gráfica; Adrián Cuenca de la guitarra y Adrián Cuenca de la pista de bandoneón.
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