Gustavo J. Carbone
Creíamos que estábamos preparados. Pero no; simplemente alertados. Igualmente la noticia cayó sobre todos nosotros con una contundencia demoledora y por ello nos cuesta y nos costará salir. Y saldremos. Porque en el mar de tristeza y abatimiento en que quedamos, hemos encontrado un gajo del cual aferrarnos: su propio ejemplo.El que nos impone abstraernos de las dificultades más complejas y mirar siempre adelante. Todos lo recordamos a su regreso de un largo viaje hace unos años, en el que la muerte lo había palmeado. En lugar de amilanarse, por sobre el impedimento físico emergente y la salud seriamente resentida, se dedicó con más empeño que nunca a poner en marcha Radio Cero, su programación, nuevas secciones en El Día, la edición digital interactiva, modernos equipamientos y hoy estaba a punto de inaugurar el nuevo taller de impresión.En lugar de todo eso, Gustavo Carbone hubiera podido disfrutar de un merecido descanso, viajar y vivir unos cuantos años más.Pero eligió seguir en su puesto de lucha, conciente de que se le acortaba la vida. Claro, no era un empresario al que un día se le ocurrió comprar un diario para diversificar su cartera y experimentar con una nueva actividad especulativa. No: él era un periodista de raza, de los que sudan tinta, de los que viven con verdadera entrega el apasionante deber de informar. Lo hizo desde muy joven en su ciudad natal -Gualeguay- donde se inició en 1973 con un programa radial de temas rurales. Luego inició otro dedicado al automovilismo, otra de sus pasiones. Y así continuó sembrando medios en la vecina localidad, hasta el presente.Y si ese ejemplo de lucha y empeño nos anima a seguir, nos motiva más aún, otra condición suya que deja incorporada en el genoma de este medio: el dar cabida a todas las opiniones con auténtico sentido del pluralismo, base de la Democracia. Pero también, como un correlato, reclamar siempre de los poderes públicos el resguardo de la libertad de prensa, base de la República.Esa ecuanimidad no le impidió abrazar y jugarse por causas que consideró que eran justas, como la lucha ambiental de Gualeguaychú. O apoyar, como últimamente, emprendimientos de hondo contenido humano, como Amigos Solidarios.Frontal y sanguíneo como era, más de una vez estallaba cuando alguno de nosotros cometía un error. Pero pronto volvía a su cauce y asimilábamos el aprendizaje, mientras él pergeñaba nuevas metas.También nos deja como legado, la imagen de su familia bien consolidada y unida, integrada a nuestro diario quehacer.Ninguno de nosotros hubiera querido escribir esta nota. Por eso la suscribimos todos.Y aún por sobre el inmenso dolor de su partida, hoy lunes salimos a la calle porque así es nuestro oficio. Para nosotros no hay duelo; mejor dicho: lo hay, pero primero están nuestros lectores y ese deber nos impulsa a sobreponernos.Pero por sobre todo, cumpliendo con lo que nuestro Director quería y por lo que tanto luchó. ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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