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Guzmán se abre paso a los codazos y trata de domar al dólar

Las crisis suelen ser oportunidad. En esto debe andar pensando el Presidente que se debe repetir a sí mismo la máxima. Hace 10 días que el dólar dejó de ser noticia porque bajó y bajó. Tanto que en los últimos 3 días rebotó y volvió a generar algún escozor. El dólar alicaído y la noticia de la vacuna, sirvieron para empezar a instalar otra agenda. Es lo que busca el gobierno que necesita urgente dar vuelta la página.

Por Jorge Barroetaveña

Claro que la pandemia es como esos fantasmas con los que uno asustaba a sus hijos. “Va a venir y te va tirar de las patas a la noche…”, era el lema tenebroso. Y la pandemia y sus consecuencias son bastante similares. Desde hace 2 meses que el Presidente quiere sacársela de encima. Quiere hablar de otros temas, buscando establecer una agenda esperanzadora, más allá de las esquirlas de la crisis. No contaba claro que del viaje a Bolivia para presenciar la asunción de Arce se vendría con la preocupación adicional de su propio aislamiento. Béliz, colaborador estrecho dio positivo. Y si bien el Presidente dio negativo, por ser considerado contacto estrecho deberá estar aislado unos cuantos días. Justo ahora que la agenda había empezado a abultarse de temas que no están emparentados con el Covid.

Aprovechando la polvareda, una de las funcionarias que “no funcionaban”, como espetó Cristina, hizo las valijas. María Eugenia Bielsa, Ministra de Vivienda y Hábitat se quedó sin el cargo en medio de cuestionamientos a la eficacia de su tarea. Bielsa llegó ahí producto de la interna santafesina que aseguró el triunfo del peronismo el año pasado. Fue una negociación directa del Presidente y una decisión exclusiva de él. Su ida le da la razón a Cristina, aunque la movida del reemplazante no está tan clara. Es cierto que Ferraresi es vice del Instituto Patria y un hombre de paladar K. Pero representa a los intendentes de Buenos Aires, los mismos que con el gobernador no tienen mucha honda. Alberto consiente y cede otro casillero.

A esta altura apuesta todo a Martín Guzmán. Hace pocas semanas, cuando el dólar no paraba de subir, el economista le pidió todo el poder. El joven funcionario siempre se sintió condicionado por el Presidente del Banco Central, amigo personal del Presidente, y varios integrantes del gabinete que hacen la suya. Asoma claro la génesis de un gobierno que se formó por loteos y tiene una estructura horizontal, con dos jefes: Alberto y la Vice.

Guzmán sigue confiando que el éxito del acuerdo con los bonistas, otro acuerdo con el FMI y cierta estabilización de algunas variables (el dólar pese a lo que dicen) le dará margen suficiente para imponerse a todas las internas. Cuenta con el apoyo de Cristina y ahora el del Presidente que sigue mirando de reojo lo que hace Pesce en el Central.

Puntual y preciso, el funcionario empezó con la tarea que acordó con los técnicos del Fondo bajo la consigna: si hay ajuste que no se note.

En el combo de salida a la crisis, están la nueva fórmula para el cálculo de los haberes jubilatorios, el descongelamiento de las tarifas de algunos servicios públicos, aumentos autorizados para algunos productos de consumo popular y la desaparición de las ayudas que nacieron con la pandemia, como el IFE y los ATP para empresas. En el Presupuesto del año que viene no hay ni rastro de estos rubros. Las tarifas serán un punto clave porque le permitirán al gobierno reducir algo de los subsidios a las empresas que son parte del corazón del infinito agujero fiscal.

El jueves a la tarde, el Ministro recibió una mala nueva: la inflación de octubre se disparó al 3,8%, motorizada por la disparada del dólar que impactó en el rubro alimentos. La ortodoxia diría que más tarde que temprano, la maquinita iba a traer estas consecuencias. Y es un condicionamiento adicional al intento por dar vuelta la página y buscar la reactivación de la demanda interna. Guzmán confía en el efecto rebote que tendrá la economía, aunque su visión quizás peque de optimismo. El año que viene no puede ser peor que este. El tema es el punto de partida.

El nuevo optimismo oficial recibió un nuevo empujón desde el norte. No pocos funcionarios se sintieron copartícipes de la derrota de Donald Trump, mirando con buenos ojos la llegada de Biden, un demócrata moderado, producto típico del sistema político norteamericano.

Claro que, salvo Brasil, Colombia, México y, desde hace unos años Venezuela, a Estados Unidos, Latinoamérica no le mueve el amperímetro. Pero quién le quita la ilusión al Presidente de poder juntarse con Biden. Si Trump seguía hubiera sido bastante complicado.

Fernández no pierde de vista que la postura de Estados Unidos en el Directorio del Fondo Monetario es determinante. Un llamado del Tesoro basta para influir decisivamente. Argentina puja por un acuerdo de facilidades extendidas y empezar a pagar en 4 años. Igual los planetas parecen alineados porque no hay nadie en el organismo internacional que quiera cargar otra vez con el default de la Argentina o poner al país en un callejón sin salida.

El resto es tarea propia. De Guzmán sobre todo y del Presidente. ¿La Vice? La balconea.

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