Hacia una comunidad de escucha
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En la parroquia Santa Teresita funciona el "servicio de la escucha", un espacio gratuito de orientación que pretende multiplicarse al resto de la comunidad, según explicó a EL DIA su mentora, la psicóloga Mónica Romani. Marcelo Lorenzo Los avances tecnológicos, sobre todo en el terreno de la información, no han logrado paradójicamente que las personas se entiendan mejor entre ellas, y de hecho la soledad, el conflicto y la violencia son patologías contemporáneas que amenazan la vida.El problema es que fallamos en un punto clave de la comunicación: la escucha. Las personas nos ignoramos porque estamos más interesadas en hablar, en dar nuestro punto de vista, que en prestar atención a lo que el otro dice.Una comunión que sane y afiance los vínculos interpersonales debe provenir, justamente, de una práctica que promueva una buena escucha, sin la cual no existe diálogo humano, según explicó a este diario la licenciada Mónica Romani."El diálogo requiere hospitalizar al otro", sostuvo en relación a la capacidad del lenguaje para acoger al interlocutor. Pero para establecer un verdadero puente con él, hay que depurarse de los prejuicios."Muchas veces escuchamos desde nuestros presupuestos, desde lo que yo pienso. Es decir, no estoy escuchando lo que me está diciendo la otra persona, sino lo que opera en mí su decir. Ahí entran a jugar mis preconceptos y se obtura la comunión", reflexionó Romani, al explicar que la escucha es un proceso que requiere aprendizaje.Esta licenciada en Psicología, oriunda de Gualeguaychú, le propuso hace tres meses al pbro. Joaquín González, párroco de la Iglesia Santa Teresita, la creación de un "servicio de la escucha" como una actividad laical.La modalidad gratuita, que Romani viene desarrollando en Buenos Aires (en la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos) y que ha replicado acá, funciona con éxito ayudando a mucha gente en la orientación psicológica y espiritual.Pero la experiencia ha ido un paso más adelante: se quiere crear una red de "servidores de la escucha", con la idea de intervenir en el futuro a distintos niveles: familias, escuelas, comisiones vecinales, clubes, lugares de trabajo, etc. Con ese propósito comenzó ayer un taller del que participan distintos actores comuniatrios.La capacitación consiste en cuatro encuentros que se desarrollan un sábado por mes, donde a los participantes se los entrena en cuatro áreas: el proceso de la escucha; la construcción del diálogo; el uso del diálogo para resolver dilemas; y la creación de nuevos espacios de escucha.Romani está acompañada en esta iniciativa de formación por Mara Costa, Daniela Capparelli y Clara Caparelli, quienes trabajarán ad honorem en las capacitaciones.Todas son egresadas del Centro de Estudios Sistémicos de Buenos Aires en el área de Prácticas Colaborativas, con certificación internacional del Instituto Galveston de Houston (Estados Unidos). El otro lado de la comunicación Nuestra cultura, según Romani, tiende a subestimar el poder de la escucha, pese a que esta instancia de la comunicación es probablemente la más importante."Nosotros creemos que estamos comunicados porque decimos algo. Pero para que ocurra la comunicación, que en el fondo en un diálogo entre dos personas, debe darse una escucha efectiva", indicó.Según la entrevistada, suponemos erróneamente que lo que decimos es lo que las personas escuchan. Y al mismo tiempo, muchas veces escuchamos lo que queremos escuchar (según nuestros presupuestos).En este sentido, explicó que es importante desarrollar las competencias requeridas para producir una escucha más efectiva. Con vistas "a enriquecer nuestras conversaciones", apuntó.Al respecto Romani enfatizó las pérdidas sufridas por una comunicación malograda, por una escucha defectuosa, algo que menoscaba nuestra condición de "seres dialógicos"."Como seres humanos tenemos tanta valía y tenemos tanto contenido que no siempre aprovechamos. Y esto porque no sabemos escuchar al otro", refirió.Una de las dificultades para recibir al interlocutor "es nuestro miedo a la incertidumbre", refirió en relación a que nos desestabiliza lo que no conocemos. "¡¿Pero por qué tenemos que saberlo todo?!", preguntó la especialista.Por eso preferimos tranquilizarnos con ideas previas o pensamientos anticipatorios, que al final impiden que lo realmente dicho llegue a nosotros. "El otro nos está contando algo y nosotros seguimos fijos en nuestros esquemas mentales. Cuando termina de hablar, ahí acoplamos lo nuestro al otro. Pero ninguno de los dos nos dejamos participar", reflexionó la entrevistada.Según dijo, preferimos "tener razón siempre" a que el proceso del diálogo, y la escucha, haga que la perspectiva del otro modifique nuestra forma de ver las cosas."Somos seres subidos al sillón del supuesto saber -analizó-. Desde este lugar, de lo que se trata es de tener razón. Porque yo sé. Y eso muchas veces hace que creamos que hemos conversado, cuando en realidad no entendimos nada de lo que el otro nos dijo. Cuando el otro habló, en realidad yo lo único que escuchaba era mi voz interna. Al respecto, en este momento (de la entrevista) no somos dos, somos cuatro: usted y sus voces internas, y yo y mis voces internas". Somos seres complejos La comunicación humana y los riesgos que la amenazan, revelan que "somos seres hermosamente complejos, no chatos", indicó Romani, aunque aclaró que habitualmente no nos hacemos cargo de esta complejidad.Al respecto dijo que hay una diferencia crucial entre oír y escuchar. Mientras oír es la capacidad biológica de distinguir sonidos, o determinadas perturbaciones ambientales, la escucha es un fenómeno más complejo."Escuchar es detenerme, entregarme, abrirme. Abrazar el silencio para dar la oportunidad al otro de que penetre en mí con su lenguaje, de que se manifieste con toda su riqueza", explicó.Con respecto al silencio, dijo que solemos tenerle miedo cuando se presenta: "En una conversación siempre nos agarramos de algo para tener que decir algo. Y no es así. Porque el silencio es lenguaje, y nos puede querer decir un montón de cosas. Lo inesperado puede suceder - ¿Escuchar es interpretar?Mónica Romani:- No, escuchar es escuchar. Interpretar es otra actividad. Cuando yo interpreto yo necesito que el otro me dé la autorización para poder hacer de lo que me dijo una sumatoria a mi punto de vista. Por eso la interpretación muchas veces es una apropiación del sentir del otro cuando el otro no me autorizó. Escuchar es escuchar. - Para escuchar hay que estar abiertos a la posibilidad de que el otro modifique mis criterios...- Yo hospitalizo al otro, y él a mí. Así funciona. El proceso de diálogo no es realmente luchar por la mejor idea, es instrumentar algo que pueda ser generativo, que nos sirva. Ya sea para disolver un problema, para darle orientación a algo. Es decir, el diálogo siempre implica que lo inesperado puede suceder y eso abre la novedad. Además, un diálogo no necesariamente tiene que terminar en un punto final. El diálogo siempre es una apertura permanente. - Si tuviese que dar un diagnóstico de época, ¿qué diría? ¿Cree, por ejemplo, que las relaciones vinculares están más complicadas?- Comparto. Pero el ser humano es complejo y genera relaciones de este tipo. Y por tanto debe asumir y trabajar en esa complejidad. No hay que asustarse. Estamos en un momento en el cual los seres humanos hemos construido vínculos complejos, y somos los únicos responsables de la disolución de los conflictos y de no ahogarnos en ellos. - ¿Usted se ha especializada en algún aspecto de la psicología?- No me gusta la palabra especializada. Abrazo la psicología desde hace tiempo y ella me brinda cada día la posibilidad de llegar mucho más al otro y de conocerme a mí misma. Y he recorrido muchos niveles de formación: en mediación familiar y en mediación educativa para la disolución de conflictos multipartes, por ejemplo. Y en este momento abracé esta nueva idea que tiene que ver con los diálogos colaborativos, asociada a la filosofía postmoderna, donde cada uno desde su lugar puede ser promotor de cambios y mejorar las relaciones interpersonales.
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