Hagan juego señores, hoy somos nosotros los que tenemos el poder
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Llegó el día señores. Después de un año casi de trajín electoral, el día decisivo toca hoy la puerta en la casa de millones de argentinos.Jorge BarroetaveñaHabrá que decidir entre miles de candidatos que se postulan a intendencias, cargos legislativos, gobernaciones y como frutilla del postre la Presidencia de la Nación.Es el final de la película, el epílogo de un buen libro de suspenso cuyo final se desconoce porque el autor resolvió ocultar hasta lo último el nombre del asesino. Claro, la diferencia es que ese nombre depende de todos nosotros y de lo que hagamos ese par de minutos que estemos en el cuarto oscuro.Desde las ocho y hasta las seis, millones de argentinos irán a votar con una sola certeza: desde el 10 de diciembre otra persona sentará sus reales en el principal sillón de la Casa Rosada. Después de 12 años de poder férreo construido con voluntad y dos liderazgos indiscutibles, el kirchnerismo se irá a cuarteles de invierno, al menos en la administración concreta de la cosa pública. La famosa 'lapicera' esa que todos sueñan con empuñar, cambiará de manos, y esas manos que la esperan no tendrán las mismas características. Es obvio que cualquiera de los que hoy gane, sea Scioli, Macri o Massa no ejercerán el mismo tipo de liderazgo que alumbraron en la última década Néstor y Cristina Kirchner. Será por características personales o por imposición de la sociedad, pero será un estadío diferente de nuestra democracia, ojalá mejor y más constructivo.Ayer los dos principales candidatos dieron una muestra saludable: concurrieron a la inauguración de la nueva planta de la Editorial Perfil. Mauricio Macri y Daniel Scioli compartieron foto y hasta hubo saludo de ocasión, pero es algo es algo, aunque sueno a que la democracia se conforma con poco. Es un gesto importante impensado hasta hace poco tiempo.Algunas políticas públicas y cambios que decidió el kirchnerismo no tienen vuelta atrás, y esa es sin dudas su principal victoria. La AUH, la estatización de Aerolíneas e YPF o la incorporación de millones de nuevos jubilados son temas que, cualquiera que sea gobierno, no serán modificados. Tanto que los políticos opositores tuvieron que hacer equilibrio durante toda la campaña para explicar que esas cuestiones estaban fuera de debate, metiéndose en un péndulo peligroso que a veces los acercaba y a veces los alejaba de su condición de oposición. Pero más allá de las cuestiones de gobierno y las políticas que llevará adelante la nueva administración, ninguno de los tres potenciales sucesores de Cristina Kirchner parece tener sus mismas características de liderazgo. Scioli, Macri o Massa son tipos más bien grises, sin grandes atractivos como políticos, que están más cerca de ser gestores y armadores de equipos que otra cosa. No es extraño tampoco que luego de tantos años de omnipresencia de dos personas, la sociedad opte ahora por algo más lábil, más sinuoso y menos provocativo.El nuevo presidente tendrá mucha tarea pendiente, que no sólo incluye el ítem de la economía, al cabo el que más parece importarle a la mayoría de la gente. La democracia argentina moderna arrastra aún cuentas en materia de seguridad, educación e institucionalidad. Es evidente que el mal del narcotráfico y sus múltiples tentáculos ya no se puede ocultar. Lo mismo la crisis de la calidad de la educación argentina. En esta década final aumentó notablemente el presupuesto educativo pero esto no estuvo acompañado de una mejora en la calidad de enseñanza de la escuela pública. Aunque no lo parezca, aunque no se mida en términos concretos, es una cuestión vital para el desarrollo del país y las futuras generaciones. En términos institucionales, pese al avance en distintos aspectos, el desprestigio de los poderes del estado es significativo. La justicia, el Poder Legislativo y hasta los ejecutivos tienen deudas pendientes. También intocables como los medios de comunicación han quedado en la mira. Pero así son las democracias modernas, nada debe quedar oculto ni puede no ser debatido.Lo real es que desde el 10 de diciembre, falta nada, otra persona dirigirá los destinos de las Argentina. Daniel Scioli soportó todo lo que un hombre en política puede soportar pero llegó al lugar donde quería estar. ¿De qué madera está hecho? Sólo lo sabremos si es presidente. Mauricio Macri nació en Boca, siguió en Buenos Aires y está ante la oportunidad de su vida. Sergio Massa, el más joven de los tres, recién arranca y más allá de lo que pase hoy, tiene mucho hilo en el carretel. Pero Scioli y Macri tienen una cosa en común: nadie daba dos pesos por ellos cuando empezaron. El 'motonauta' llegó de la mano de Menem a la política y ha surfeado todos los conflictos de un país turbulento. Y salió indemne. Y más de uno se ha tenido que tragar el sapo. Macri, el empresario poderoso, no sólo le demostró a su padre que podía, sino a los que pensaban que no podría manejar el club más grande la Argentina, que sus ambiciones llegaban lejos: la Ciudad y después el país. Los dos llegaron con sus armas, aunque su origen los emparenta. Esta noche tarde sabremos si la película se termina acá o si hay que esperar un mes más para saber quién será el destinatario de la banda que Cristina se está sacando. Hay que celebrar. Es la democracia en su más pura esencia. Bienvenida.
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