Hasta siempre Señor Básquet: el retiro de un grande del básquet
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A los 44 años cerró una campaña formidable. La noche del miércoles fue la última del tucumano con el número siete en la espalda. Apenas terminado el partido, la gente se puso de pie para despedirlo con un cerrado aplauso y el grito de "Gaby... Gaby".Deportivo Norte hizo trizas las ilusiones de Central y lo dejó afuera del Torneo Federal. También marcó el final de la carrera de Gabriel Díaz, jugador que vivió dos etapas inolvidables en el club de calle España. Con los ojos vidriosos, el tucumano miraba el tablero como buscando explicaciones a la temprana eliminación de su equipo. No se resignaba a la derrota. Cómo hacerlo una persona que a los 44 años dejó todo en la cancha jugando ante rivales que duplica en edad. Cómo hacerlo alguien que saltó desde la banca para intentar remontar un partido que terminó siendo adverso.Dos chiquitos se acercaron llorando a su ídolo para darle un último abrazo al jugador. Fueron a consolarlo y el que terminó consolándolos fue el tucumano.Después, Gabriel Díaz fue al sector de plateas donde se encontraba su esposa e hijos. Allí, se fundieron en un profundo abrazo: las palabras estaban de más. Emocionado, camino a los vestuarios y recibió otro abrazo. Esta vez con Alejo, su hijo.Luego salió a la calle y regresó al rectángulo de juego, casi de inmediato, para quedarse sentado en la mesa de control cuando no quedaba prácticamente nadie en el gimnasio.Solo el, su hijo menor y mil imágenes en su mente.Si alguien no merecía este final ese era el Gaby, que junto a Maximiliano Morel, Gastón Sieiro y Rodrigo Fillol mostraron la rebeldía que distingue a los grandes. Hombre de pocas palabras, hablaba en la cancha con su juego.Lamentablemente, en su última temporada, el DT Carlos Pérez no lo le dio los minutos que merecía un jugador de su jerarquía, aunque cuando las papas quemaron apeló a los servicios de Díaz, que siempre saltó a la cancha con el entusiasmo de un novato.En su último juego sumó poco más de 24 minutos, marcó 11 con 5/8 en tiros de cancha con un libre encestado. Y, como en tantos otros partidos, aportó lo suyo en el juego interno, con nueve rebotes, cinco en ataque y cuatro en defensa, además de dos asistencias.En su campaña como jugador profesional, en Entre Ríos vistió las casacas de La Unión de Colón, acérrimo rival de Central en la recordada Liga B y en el TNA, y las de Racing, el eterno rival en la ciudad, además de la de Neptunia en el 2013.En su regreso, nadie le reprochó haber defendido esos colores. Es más, nunca se escuchó una palabra que recuerde ese paso deportivo del Gaby en el José María Bértora, gimnasio que se fue transformando en su segunda casa.Su camino en el básquet grande se inició en Pacífico de Bahía Blanca, en los inicios de la Liga Nacional de Básquet, donde jugó 20 años. Posteriormente, vistió las camisetas de Sport Club de Cañada de Gómez, Andino de La Rioja, Atenas de Córdoba, Estudiantes de Olavarría, Libertad de Sunchales, Central Entrerriano y Belgrano de San Nicolás.Con la celeste y blanca fue medalla de bronce en el Mundial Juvenil de Edmonton 1991 y Campeón Panamericano Sub 22 en Rosario 1993, derrotando en la final a USA. En ese equipo fue compañero del entrerriano Claudio Farabello y del Colorado Rubén Wolkowyski, entre otros. Entre 1997 y 2001, fue parte de la selección mayor en la conformación original de lo que luego se llamó La Generación Dorada.Sus hijos mayores juegan en Racing y Neptunia. Mateo se consagró campeón nacional de clubes con la Academia en U13 y fue una de las figuras. Su papá siguió ese campeonato desde lo alto de la tribuna y jamás se acercó a la cancha. Supo ubicarse, al igual que con Alejo, juvenil que integra el plantel neptuniano. "Trato de tomarlo con calma, tienen sus entrenadores, están en sus clubes y deben hacer su vida. Si quieren ayuda, la van a tener en lo que necesiten, veo que muchos padres se equivocan en querer estar arriba de los hijos", señaló en una entrevista que brindara a El Día en marzo del 2016. El DatoGabriel Díaz jugó 822 partidos y anotó 10.528 puntos en 20 años de competencia en la máxima categoría del básquet argentino. Fin de un cicloLa derrota con Deportivo sella el fin de una etapa en Central Entrerriano. Quizás haya sido el último partido como entrenador de Carlos Pérez, a quien parecía ahorcarlo el nudo de la corbata en el tramo final del juego con el equipo de Armstrong.En cuanto a los jugadores, Morel se fue en un mar de lágrimas y sumergido en una sensación de impotencia, por de haberse quedado con las manos vacías.Queda claro que lo del pivote Jeremías Acosta terminó siendo un fracaso rotundo, en tanto que Bergel y Hillebrand no cumplieron las expectativas que generaron sus contrataciones.Por su parte, Sieiro y Fillol merecen una nueva oportunidad. El cordobés es un jugador de jerarquía y lo demostró en todos los encuentros, mientras que Fillol aporta rebotes y goleo en la pintura. También Juan Fumaneri, base que mostró destellos de su innegable talento en momentos críticos.
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