Hijo único se hace, no se nace
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Los expertos aseguran que, lejos de los estereotipos, el unicato en la familia no es determinante para que un chico sea egoísta o caprichoso; el papel de los padres, una tendencia cada vez más marcada. Florencia Carbone Así como no hay hijos malcriados, sino padres malcriadores, pueden existir hijos únicos en medio de familias numerosas. O al menos esteriotipados "hijos únicos", esos seres a los que tradicionalmente se los identificó como egoístas, caprichosos, tiranos y consentidos.Lo que antes era "fruto del destino" hoy es cada vez más una elección. Los números muestran que, en ciudades como Buenos Aires, el 25% (1 de cada cuatro) de las mujeres elige tener un solo hijo cuando hace 70 años esa cifra representaba el 15%. En otros sitios, como Nueva York, el número trepa a 40%.¿Los motivos?: "Hay varios fenómenos sociales para que esta tendencia vaya en aumento. Cada vez hay más mujeres en el mercado laboral y con eso aparece el retraso en la decisión de la maternidad en ciertas clases sociales para no postergar una carrera profesional. Pero por más que la sociedad cambie, la biología humana no. Por lo tanto, hay un límite biológico", explica la psicoanalista Alicia Díaz Farina.Miguel Espeche, psicólogo especialista en vínculos, autor del libro Criar sin miedo, de Editorial Aguilar, dice que muchos padres deciden no tener un segundo hijo porque "creen que al primero le dan todo el amor que tienen y nos les quedará nada para el segundo, pero cuando nace el segundo, se dan cuenta de que el amor es infinito. Otros aducen razones económicas, pero a menos que hablemos de situaciones límite, ese no es un argumento valedero. Otra excusa que suele aparecer: cuando madure, voy a tener una relación más comprometida. En realidad, la cosa es al revés: una relación más comprometida nos permitirá madurar".Asumido que el tema es una tendencia creciente, hay que admitir que estos hijos únicos tienen ciertas diferencias con los de hace algunos años, especialmente los que viven en grandes ciudades. Por lo pronto, es habitual que desde pequeños frecuenten una guardería durante una buena cantidad de horas al día, por lo que se ven obligados a compartir espacios y a aceptar reglas de socialización.¿Qué pasa entonces con todas esas supuestas características con las que cargan por el solo hecho de ser hijos únicos? Díaz Farina asegura que "no siempre son ni tan caprichosos, ni tan egoístas como se los define", que "hay muchos prejuicios" y que la cuestión depende mucho de cada familia y de la manera en la que cada uno viva la maternidad y la paternidad."Depende de la educación de los adultos más que de los niños, que son dúctiles. El problema generalmente son los padres. Lo importante es ver cómo cada uno se ubica frente a la maternidad y paternidad, y cómo es cada hijo, qué necesita y cómo poner los límites. Hay familias numerosas en las que uno de los hijos puede tener esas características. Hay que desmitificar el tema y poner la mirada sobre cómo se educa a un hijo. Cada familia tiene su historia y no se puede concluir que por el hecho de ser hijo único alguien será de tal modo. Hay padres malcriadores más que chicos malcriados", enfatiza la psicoanalista.De todos modos, luego agrega que, en el caso de las familias que tienen un solo hijo, ya que se está educando a alguien que "no tiene a otro con quien competir en su casa ni con quien compartir, es bueno propiciar la participación en actividades sociales y deportivas para que el chico no sienta todo el tiempo la unicidad".Espeche, por su parte, admite que los hijos únicos suelen ser "depositarios de muchas expectativas" y que si bien en sí mismo eso no es malo, es conveniente tomar ciertos recaudos para evitar "posibles perturbaciones porque hay una sensación de amor tan grande que lo que se termina generando es una sensación de asfixia".Resalta que, especialmente en el caso de hijos únicos frutos de tratamientos de fertilidad o por decisión propia, los padres "deciden satisfacer absolutamente" a los chicos. "La idea que hay en esta cultura de consumo de satisfacción de todos los deseos, aumenta la dificultad para compartir. Los padres deberían entender que no es su obligación hacer felices a sus hijos, sino darles los instrumentos para que ellos lo sean. Quererlos, educarlos, mostrarles un horizonte de vida, valores. Eso de entregar la felicidad llave en mano a los hijos no es bueno. Los chicos tienen que llorar, no pasa nada por eso", explica Espeche.Señala que el "carácter es algo que viene de fábrica, y así como hay chicos que de pequeños pueden tener aparentes comportamientos egoístas y de grandes son personas muy generosas, hay adultos caprichosos y egoístas que de pequeños tuvieron que compartir con hermanos todo. Todos los caminos llegan a Roma cuando tienen que llegar", concluye sonriendo.Así las cosas, señores padres, queda en claro que cada hijo es único, no importa por cuántos hermanos (si es que los hay) esté rodeado, porque, en definitiva, lo que cuenta es que gran parte de lo que sea como hijo dependerá de nuestro trabajo como padres. La misma realidad en tiempos diferentesHernán La Volpe y Aisha Assad son hijos únicos.Hernán tiene 48 años. Vivió su infancia en Lanús y no tiene dudas: "Lo que se dice sobre los hijos únicos es parte de un mito. Todo depende de cada caso, de las épocas, los contextos y la cultura. Creo que antes se inculcaba más el respeto hacia el prójimo y eso era algo que se impartía desde chico. Crecí en una familia de clase media, con padres muy amorosos, humildes, pero con valores muy claros", cuenta el hombre que hace fileteado artístico desde los 17 años.Según La Volpe, lo ambiental tiene incidencia, pero la personalidad influye. "Cuando iba al jardín era muy sociable, no sólo nunca tuve problemas para quedarme, sino que era de los que consolaba a los que no se querían quedar. Crecí en Lanús en tiempos en que no había play ni compu. Salíamos al barrio y jugábamos. Se compartían la merienda y los juguetes. Más allá de ser hijo único, lo que cuenta es el tipo de educación que se recibe, los valores que te transmiten tus padres y el ejemplo que te dan".Aisha tiene 11 años. Antonella Battarello, su mamá, se había casado a los 24 y separado a los 34. A los 39 se reencontró con Fabio Assad. A los 40, nació Aisha. "Después intentamos tener otros hermanitos, pero no llegaron. Me preparé mucho para ser mamá. Antes no había tenido hijos por elección. Cuando nació Aisha, ya no tenía abuelos. Me crié casi como hija única, mi hermana me llevaba 12 años y Fabio era hijo de padres grandes, el menor de tres hermanos", cuenta.Antonella cree que algunos "recaudos" que toman con su marido hacen que Aisha "no parezca" hija única. "Nos preocupamos por incentivar el compartir. Que lleve merienda extra a la escuela, organizar visitas de amigos a casa. Es una nena que lidera en silencio, hace la suya. Las listas de invitados a sus cumpleaños ¡son interminables! Creo que lo que más le pesa es que le hubiese gustado tener hermanos. Hace poco escribió una composición para la escuela que nos puso muy contentos: "Aunque no tengo hermanos, siempre me divierto mucho con mis amigos", escribió.
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