Historias de vida de gualeguaychuenses que decidieron radicarse en el exterior
[gallery link="file" orderby="title"]Cuatro relatos desde miles de kilómetros de la ciudad. Carla Peretti en Escocia, Agustina Zapata en Málaga, Berta Ovalle en Estados Unidos y Florencia Gallino en México. Cómo es formar la familia lejos de casaCarla Peretti dejó Gualeguaychú en busca de mejores oportunidades laborales. En primera instancia decidió instalarse en Buenos Aires, pero luego siguió a su amor y en 2006 comenzó su vida en Europa.El primer año, Carla y su marido, Carlos Insaurralde vivieron en Finlandia, aunque por motivos de trabajo debían viajar a España y Francia por períodos muy cortos.Actualmente, el matrimonio vive en Escocia. La familia se agrandó y con dos hijas cuentan cómo es conformar una familia lejos de los afectos y cómo ven a Argentina desde lejos."Mi nombre es Carla, vivo en Edimburgo Escocia junto a mi familia compuesta por mi esposo Carlos y nuestras dos hijas Florence y Ariadne. Carlos es investigador en la Universidad, es ingeniero electrónico y doctor en Ciencias de la Computación. Yo tengo mi propia empresa de organización de fiestas infantiles, por lo que puedo trabajar más allá de las barreras del idioma".El motivo para que Carla y Carlos decidieran irse del país, se debe al trabajo de él: "Estamos viviendo en Europa desde 2006, nos fuimos de Argentina por el trabajo de Carlos quien es investigador y trabaja para la universidad y lamentablemente en Argentina por ahora no hay lugar para los investigadores", expresa Carla.Cuatro años más tarde, e instalados en Inglaterra, Carla y Carlos reciben la feliz noticia: la familia se iba a agrandar con la llegada de su primera hija, Florence."Cuando llegaron nuestras hijas hemos decidido quedarnos de este lado del mundo a pesar de la distancia, la soledad y la falta de los afectos, para que el día de mañana ellas puedan tener una opción dónde vivir, ya que son británicas pero también ciudadanas argentinas por opción". Las diferencias en la vida cotidianaCarla vivió en Gualeguaychú, Buenos Aires, Inglaterra, Finlandia y Escocia. Desde allí, asegura que existen muchas diferencias en la vida cotidiana de cada sitio y resalta que por sobre todas las cosas, "el respeto hacia la vida, por que en Escocia no te matan para robarte. Además hay mucha estabilidad económica y los precios de las cosas, son mas baratos que en Argentina".También, asegura que en los diferentes países de Europa hay "mucha organización en todo sentido, las cosas cotidianas funcionan. Por ejemplo, las paradas de colectivo tienen los horarios de pasada y se cumplen a la perfección.¿Tienen pensado regresar? ¿Extrañan algunas cosas de la ciudad?No por ahora, las cosas en Argentinas no están nada bien, así que no pensamos en volver. Sobre todo por la inseguridad; queremos que nuestras hijas tengan la libertad de salir a la calle solas y estar tranquilos.Sí, extraño el olor al asado, los mates y la vuelta del perro en la costanera, el calor, el sol, las playas, el verano, la calidez de la gente, el ruido al carnaval, los helados de la costanera y el hermoso parque Unzué.Por otra parte, Carla resaltó que las cosas que no se extrañan del país, es "tener que agarrar la cartera cuando caminas en la calle, o no poder dejar una puerta abierta porque te roban, y sobre todo, no poder confiar en la gente, sobre todo en los políticos". Las noticias de Argentina en EscociaQuienes dejan el país, se informan sobre lo que pasa en el país por los diferentes portales de Internet. Además, aseguran que toman contacto telefónico con los familares y por las redes sociales."Leo los diarios online locales y nacionales, y miro algunos canales por internet. Además, mi mamá me cuenta las cosas cotidianas por Skype", cuenta Carla."Desde afuera se ve terrible la situación del país, nos entristece muchísimo como se ve todo y lo mas triste es cómo el mundo ve a Argentina. Cuando fuimos de visita no estaban tan mal las cosas pero si, era tal cual lo reflejaban los medios y familia", aseguró.En cuanto a los beneficios y desventajas de vivir lejos del país de origen, Carla Perretti expresó que "la gran ventaja es que nos alcanza para vivir dignamente con un sólo sueldo; el sistema de salud público y gratuito para todo el mundo, los remedios son gratis también y por además, el crecimiento profesional de mi esposo".En tanto, expresó como desventajas: "la soledad de familia y amigos; el clima porque no hay casi verano, ni sol y la medicina mas allá que es gratis no es tan buena como en Argentina. Además, el idioma, por más que lo hables nunca va a ser como el propio". "Extraño el olor a eucaliptos del parque después de llover"En el sur de España, con el mar Mediterráneo bañando sus costas del extremo oeste y a unos 100 kilómetros al este del estrecho de Gibraltar, se encuentra ubicada la ciudad de Málaga.En esa localidad de la provincia homónima vive, hace casi una década, una gualeguaychuense que fue a España "a pasear y conocer porque estaba en un momento justo de mi vida, con la edad justa, sin pareja y sin trabajo; a las dos semanas decidí quedarme a vivir", cuenta.Tiene un hijo de 4 años llamado Nicolás, que nació en Málaga, y está casada con Antonio Moruno (español). Agustina "Potoca" Zapata, de ella se trata, forma parte del listado de gualeguaychuenses viven en algún lugar del mundo.Entrevistada para este informe, dijo que a las dos semanas de estar en España paseando, de vacaciones, "descubrí lo que había de este lado, y como no tenía nada que me retuviera en Gualeguaychú decidí quedarme".En Málaga se dedica al sector de Ventas y Marketing en un departamento comercial, "profesión que en la Argentina no existe", aclaró. Trabaja de lunes a viernes y asegura que su sueldo le alcanza para darse los gustos. Y dijo que tiene auto propio pero que alquila la casa donde vive."La vida acá es más intensa porque hay buen poder adquisitivo y se sale más, las reuniones se hacen en los bares directamente o en los parques, según la ocasión", explicó.Agustina se siente muy cómoda en Málaga. "No hemos tenido ningún problema para relacionarnos con los españoles en ningún ámbito, ya que la capacidad de los argentinos ha quedado demostrado en el desempeño social y laboral", expresó en diálogo con elDía."Tengo un lindo grupo de amigos, en su mayoría argentinos, que los fines de semana nos juntamos a comer las 'barbacoas' o alguna especialidad argentina", explicó y destacó que los malagueños "son muy tradicionales, respetan mucho a su pueblo, son muy solidarios y muy familiares".Entre las costumbres de los malagueños destacó que "respetan el santoral, celebran el santo de cada uno como que fuera un cumpleaños; cada pueblo celebra su feria anual, una ocasión más para brindar en familia, y respetan mucho a sus mayores y hay muchas actividades para ellos". Sensaciones encontradasA 15 mil kilómetros de distancia de su ciudad natal, "Potoca" aseguró tener sentimientos encontrados porque si bien vive bien y con comodidad, "volvería a Gualeguaychú para que mi hijo creciera con sus primos y rodeado de familia, pero no si no le puedo dar un futuro" en Argentina.Entre las cosas que más extraña enumeró cuatro, en este orden: "la familia, los amigos, el olor a eucaliptos en el Parque Unzué después de llover y el carnaval". Pero aclaró que durante primeros meses afuera del país "se extraña hasta el pan de la mesa de cada día, porque es una sensación horrible que es la de desarraigo"."En las charlas que tenemos con mis amigos, coincidimos en que llega un momento en que empezás a cuestionarte cuáles son tus verdaderos gustos; cada vez que vamos a Argentina volvemos con los mismos cuestionamientos", expresó.Agustina dijo que Málaga es más barata que Gualeguaychú. "Viajé en febrero para cumplir con mi sueño de casarme allá y descubrí que la vida es mucho más cara y con menos poder adquisitivo, y acá actualmente sin saber las medidas que tomará el gobierno con la crisis que hay, no padezco restricciones que hagan desmejorar la calidad de vida de mi familia", aseguró.¿Qué tiene Málaga que te gustaría tenga Gualeguaychú? "Principalmente el mar. Duermo de puertas abiertas porque el clima es ideal, con 16° de temperatura media durante el año. Y además me gustaría que haya el mismo jamón crudo que comemos acá", precisó. Y aclaró: "tengo muy claro que nunca voy a dejar de ser gualeguaychuense". "Sueño con regresar a mi Argentina"Berta Ovalle es una de las tantas personas de Gualeguaychú que desarrolla su vida en otras latitudes. En 1999 tomó la decisión de partir a Virginia, Estados Unidos con el objetivo de encontrar trabajo y pensando en desarrollarse.Contó a elDía que se fue "a probar suerte por dos o tres años. En ese tiempo mi querido país vivió una de las peores crisis económica que afectó a miles de familias".Continuó: "llegué en octubre del 99, llegué a este inmenso país y comencé a trabajar, la meta era esa pero siempre pensando que el interés por volver a mi patria estaba a la vuelta de casa".Berta sueña todas las noches con ese día, "sé que llegará el momento de regresar a Argentina y poder compartir todas las cosas con mis compatriotas. Ir a la costanera o el Parque Unzué o comer un asado".Comentó que en Estados Unidos "nos ven como un país muy rico en todos los aspectos, me preguntan por qué tantos problemas teniendo todos los climas, mares, ríos. Además, les llama la atención tanta inseguridad".Berta extraña de Gualeguaychú "sobre todo a mi familia, amigos, la calidez de la gente siempre predispuesta a darte una mano; un punto que difiere mucho con los habitantes estadounidenses, están pensando todo el día en su vida".Consultada sobre lo similar y diferencias, Berta Ovalle señaló: "aquí, todo el mundo, trabaja de 8 a 12 horas diarias. En Estados Unidos podés lograr todo, lo que vos quieras pero sacrificando muchas veces estar pocas horas con tu familia".En tanto, la gualeguaychuense admira del país norte "cómo el ciudadano respeta a las autoridades, como al policía. Aquí cuando un cartel te dice 'pare', debés hacerlo sí o sí. De lo contrario el policía hace una boleta que deriva en la quita de puntos para la licencia de conducir, llegando incluso hasta no poder manejar".Además, precisó, "los fines de semana en los boliches hay cero tolerancia a portarse mal, cero tolerancia al alcohol. Aquí vas preso, no te la dejan pasar". "Sueño americano"Para Berta Ovalle, Estados Unidos "es el país de las oportunidades dado que podés crecer con tu propio esfuerzo, se puede trabajar en muchas cosas. Ahora, después de los sucesos del 9 de septiembre con la destrucción de las torres Gemelas y la muerte de miles de personas; las oportunidades se agotaron".Consideró "que en la actualidad para el extranjero todo lo es más difícil, las autoridades creen que los de afuera pueden ser todos terroristas. Pero lo que hicieron semejante masacre son musulmanes, no hispanos, que arriesgan su vida cruzando el desierto como los mexicanos y el río Bravo con el fin de conseguir el sueño americano". "Extraño la riqueza en la simpleza"A la Argentina de México no solo las separan las dos horas que existen de diferencia, hay barreras culturales a las que una gualeguaychuense debe acostumbrarse para convivir.Florencia Gallino tiene 25 años pero a su corta edad ha vivido en varias ciudades del mundo. En el 2011 recaló en Santa Fé, en la zona corporativa del Distrito Federal, porque ahí vive su padre y eso hace que "las distancias se acorten".Nació en Gualeguaychú pero hizo la primera parte del secundario en Caracas y lo terminó en la Villa Malvina. Tiene dos hermanos, la mayor es Micaela que trabaja en Buenos Aires y vive con su otro hermano, Antonio, que se encuentra estudiando.Cuando Florencia terminó el secundario decidió vivir en Buenos Aires, donde comenzó a estudiar la carrera de Relaciones Internacionales en la Universidad de Belgrano. En 2008, para cursar el último año, se mudó a España, a la Universidad Autónoma de Barcelona, donde estuvo un año estudiando y viviendo en el campus de la Universidad.Mientras vivió en España conoció el amor, el cual iba a cambiar nuevamente el rumbo de su vida. "Con él comenzamos una relación a distancia", contó en el inicio de su relato del corazón."Él se volvió a Nueva York y yo me volví a Buenos Aires, ambos para terminar nuestras respectivas carreras, y paralelamente planear una manera de coincidir en alguna ciudad del mundo para vivir juntos", contó la joven.Luego de un tiempo "comencé a buscar trabajo en Nueva York, y luego me mudé a Australia porque a él le salió un trabajo en Sydney. Cuando finalmente me sale un trabajo en Sydney, él cambio de opinión sobre vivir juntos y ahí se termino todo"."Con el corazón roto y a parte ya con la idea de que me iba a ir a vivir a otro país, seguí buscando trabajo afuera y me salió una oportunidad en México, en una consultora, ciudad donde casualmente vive mi papá. No lo pensé, acepte el laburo, hice la valija y en enero de 2011 me mude al D.F a vivir con mi viejo", narró Florencia.Esta joven viajera contó que actualmente vive muy bien y contenta porque "tengo un pedazo de mi vida acá conmigo, mi papá, y eso hace que la distancia se acorte"."Yo vivo en Santa Fé, es la zona corporativa del DF, mi viejo labura en la zona entonces a él le queda genial, yo en cambio trabajo a una hora más o menos de donde vivo, y eso hace que el día a día a veces se haga pesado", cuestionó.Pero el amor sigue tocando a su puerta, actualmente está de novia con un mexicano que es su vecino. "Pase de la relación de larga distancia a la relación de la distancia más corta posible", bromeó.Dejó Gualeguaychú en el 2005 y más allá de que tuvo sus idas y vueltas, la tierra de uno se extraña siempre. "Extraño a mi mamá, extraño la casa de mi mamá, las empanadas de mi mamá, extraño el verano y andar descalza en los azulejos fríos de la casa de mi abuela, extraño poder caminar a cualquier lado, extraño moverme en bici, extraño el río, extraño ir a verlo y sorprenderme cuando se inunda o cuando está demasiado bajo, extraño tomar unas cervecitas en la calle Alem a la tarde/noche, extraño el invierno en la casa de mi mamá, estar toda tapada al lado de la estufa tomando unos mates y comiendo facturas, extraño las facturas, extraño la plaza en frente a mi casa, ver como cambia de colores a medida que avanza una estación, extraño la tranquilidad a la hora de la siesta, extraño ir por la calle y saludar a alguien, extraño chusmear con mis amigas, extraño sentir la grandeza de lo pequeño, lo dulce del mate amargo y la riqueza en la simpleza", relató en forma poética pero muy certera.A pesar de extrañar tantas cosas que uno las tiene naturalizadas pero al irse de su tierra se da cuenta de lo que se pierde, Florencia aclaró que volvería a vivir a Gualeguaychú pero "después de haber recorrido el mundo".Respecto a su vida en el país azteca, Florencia comentó que "los mexicanos todavía son muy conservadores y eso es algo con lo que no comulgo mucho". Explicó que "todavía se ve mal que una pareja que no está casada y conviva bajo el mismo techo, o que una mujer se vaya a vivir sola antes de casarse"."El machismo es otro tema que me pesa de México, acá todavía se vive una lógica de macho mexicano y está muy arraigada, en el trato con la mujer, a veces puede parecer caballeroso, te abren la puerta del auto, te dejan pasar antes en un ascensor o escalera, te invitan y pagan todas las salidas, te pasan a buscar, te llevan a tu casa, a eso si pero ni se te ocurra salir una noche con tus amigas, o irte de vacaciones con ellas", describió."Es una cultura aún muy patriarcal en ese sentido, si te vas al interior del país es aún más fuerte, afortunadamente en el D.F hay más excepciones y las personas son un poco más abiertas", opinó Florencia."Otro tema que me frustra es cómo la sociedad está estratificada, hay divisiones fuertemente marcadas entre clases sociales, pero no solo a nivel económico sino en el trato entre las mismas personas. Y un detalle más, el tráfico, está ciudad es realmente una jungla para manejar y un caos para llegar a cualquier lugar", explicó en referencia al Distrito Federal donde vive, uno de los lugares más poblados del mundo, con una densidad poblacional de casi nueve millones de habitantes.Florencia no ve todo negativo y asegura que el mexicano tiene muchas cosas buenas. "Me gusta la cordialidad de la gente, la amabilidad de las personas. A veces cuando llego a Buenos Aires desde el DF me impacta el trato que hay en esa ciudad, tan seco y violento", comentó.Agregó: "me gusta a variedad de frutas y verduras de este país, soy fanática del mango, la papaya, el aguacate y cuanta fruta encuentro por acá. Además la cantidad de diferentes etnias y culturas que se reúnen en este mismo país, tiene una riqueza cultural impresionante".Algo llamativo: "me gusta que el horario de fiesta los fines de semana sea de 23 a 4". "Me encanta viajar por este país, hay muchísimo para recorrer, también rescato mucho las oportunidades laborales que hay acá, si tenés estudios, se te abren muchas más puertas y alternativas".Florencia aclara que mas allá de los contrastes culturales hay algo que comparte el público mexicano y el argentino: el fútbol, pero aclaró "en Argentina son más fanáticos". También se comparte "el humor negro, acá son ásperos cómo nosotros".Aseguró que lo que más le costó en su adaptación fue "luchar contra la mala fama de los argentinos, y aún sigo día a día luchando contra eso". "Hablar sin utilizar malas palabras, acá se cuidan mucho más en ese sentido, y sobre todo mi generación en Argentina somos muy mal hablados. La franqueza, aunque no nos demos cuenta, los argentinos solemos ser muy directos, muy francos, directo al grano, y acá le buscan más la vuelta y son más cordiales para decir las cosas", comentó.Florencia integra una ONG que se llama "Comercio Justo", que impulsa el comercio de productos de organizaciones de pequeños productores mexicanos. "El objetivo es una relación más directa entre productor y consumidor, eliminar intermediarios que es donde generalmente se queda la mayoría de la ganancia de un producto, y así lograr que el productor reciba un precio más justo por su trabajo"."El Comercio Justo es un movimiento a nivel global que desde hace décadas busca apoyar a los pequeños productores de países en vías de desarrollo, y que poco a poco se ha ido institucionalizando", explicó la joven y agregó: "tenemos investigación y fomentamos otro tipo de consumo, promovemos el consumo alternativo de productos y la importancia de saber de dónde viene lo que consumimos".Florencia contó que se involucró en esta ONG porque no estaba contenta en su trabajo anterior, en una consultora donde se dedicaba a la investigación de fraude financiero. "Era un trabajo muy contable, muy estructurado, la empresa súper jerárquica y la verdad el sueldo no era muy bueno", explicó.La vida de Florencia parece la de una mujer adulta, con tan solo 25 años llama la atención lo definido que tiene su ideal de vida y lo que quiere para su futuro. Asegura estar contenta donde vive pero afirma que extraña. Por lo pronto, el presente la encuentra "haciendo lo que más me gusta, luchando por una sociedad más justa".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

