MASTECTOMÍA, UN VOLVER A NACER
“Hoy puedo decir que me siento libre de disfrutar mi cuerpo como siempre quise”
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2021/12/lucca_p_r_i_n_c_i_p_a_l.jpg)
Lucca Abreo es trans. A los 27 años terminó de romper las ataduras que le hicieron tanto mal durante muchos años. Hoy se siente pleno. En la Marcha del Orgullo se mostró sin remera tras practicarse la mastectomía. Fue uno de los momentos más felices de su vida. “Dejar atrás a Vane fue todo un proceso, para mí y para quienes me rodean”, contó.
Por Luciano Peralta
La marea multicolor se acerca a paso firme, un poco rápido para tratarse de una marcha. Pero el disfrute se nota. Las caras son de felicidad, hay risas y abrazos. Para tener un mejor ángulo, me subo con mi cámara de fotos a esa boya gigante y anaranjada que ornamenta el Paseo del Puerto, enfoco y disparo. Rápido, bien rápido, como para no perderme nada.
En el medio de tanta postal de fiesta veo a una persona con el torso desnudo y dos grandes cicatrices en el pecho, de esas que deja la mastectomía (extirpación de mamas). Es Lucca, viene rodeado de amigxs y se lo ve feliz. Apunto, enfoco y disparo. Apunto, enfoco y disparo. Así tres o cuatro veces. La marcha sigue a paso firme. Yo me bajo de la boya gigante, ya tengo la foto.
Tres semanas después, nos encontramos para hacer esta nota. Él está contento de poder contar su historia y yo de escribirla. “Desde la escuela ya era distinta a las demás nenas. Lo notaba en todo, en la forma de jugar, en el típico comentario de los demás, que sos una machona, que marimacho y todo eso. Durante la primeria y la secundaria fue así. Además, fui a la Villa Malvina, que para nosotros es una escuela bastante especial”, dice, entre risas, pero de manera amable, sobre el colegio católico de Gualeguaychú.
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2021/12/lucca_m_a_r_c_h_a_o_r_g_u_l_l_o.jpg)
En esos años Lucca empezaba a padecer las ridículas y opresivas normas del binarismo de género que luego se volverían a repetir en el trabajo o en los boliches, por ejemplo. Las nenas deben usar jumper o pollera y los nenes pantalón y camisa. Ahí empezaron los primeros problemas, aunque nunca pasaron a mayores. “El último año me dieron una corbata y fue feliz, ¡imagínate!”, recuerda.
Al terminar la secundaria se fue a vivir a Misiones para jugar al básquet. Y, como en tantas personas, la distancia le dio el aire necesario para empezar a sentirse verdaderamente libre. Lejos de casa se cortó el pelo, empezó a vestirse como le gusta y a salir del armario realmente.
“En Misiones era una persona y cuando volvía acá era otra, o tenía que ser otra. En Gualeguaychú no era yo, no era libre. Me sentía como preso en un lugar que no me hacía bien, atado de manos y pies. Y no sabía cómo explicar todo eso que me estaba pasando, no sabía cómo ponerlo en palabras”, dice ahora, tranquilo.
El tiempo pasó, hasta que un día cualquiera Lucca sintió la necesidad de blanquearle la situación a su madre, con quien iba a compartir cada una de las decisiones importantes de su vida. Aunque su tía y su abuela –“las mujeres de la casa”– también fueron confidentes en varios de esos momentos.
“Con mi mamá hablábamos todos los días, cuando le conté que estaba saliendo con una mujer me dijo que ya sabía y me cortó el teléfono. Yo estaba en Misiones, por una semana y media no me volvió a llamar, lo sufrí, lo padecí mucho, creía que me iba a dejar de querer. El alivio se hizo esperar, pero cuando me volvió a llamar llegó”, recuerda y parece renovar ese alivio.
Pero los obstáculos para quien decide vivir su sexualidad y su cuerpo como libremente no terminan familia adentro. Todavía existen enormes prejuicios en todos los ámbitos y el laboral no es la excepción. O te adaptás o te vas. Esa suele ser la condición básica.
“El trabajo de entonces (en el que era mozo) me tenía en un lugar en el que yo no quería estar”, dice al respecto. “Es que en ese tipo de lugares las personas que trabajan en la atención al público son mayoritariamente mujeres, eso está pensado así para atraer a los hombres. Ellos mismos te dicen que tenés que ser femenina para llamar la atención. Cuando yo planteé usar una remera más holgada me dijeron que no, porque ‘qué va a pensar la gente’, porque ‘no van a saber si sos varón o mujer’, me decían, como si eso importara. Lo que importa es cómo hacés tu trabajo y si sos amable, eso busca la gente”, dice, con la expresión de quien explica lo obvio. “Salir de ese lugar me ayudó un montón, fue liberador para mí”, agrega.
Tratamiento y libertad
Todo ocurrió hace muy poquito tiempo, tanto su cambio de género, como el tratamiento hormonal y la mastectomía. “Del tratamiento me enteré por un compañero trans que jugaba al básquet conmigo, porque me escribió por Instagram cuando hizo el cambio de nombre y me contó que iba a empezar el tratamiento. Cuando noté sus cambios, en el cuerpo y en la voz, me decidí”, cuenta Lucca sobre el tratamiento que luego haría íntegramente en el sector público, primero en el Centro Integrador Comunitario (CIC) “Néstor Kirchner” y luego en el Centro de Salud municipal Patico Daneri, con la doctora Alejandra Suhr y la psicóloga Irina Videla.
“Al tratamiento lo empecé el 5 de febrero y al mes ya sentía muchos cambios. Ahí es cuando le tuve que contar a mi familia. De nuevo a mamá, a la abuela y a la tía. Pero esta vez estaba acompañada psicológico, lo que fue fundamental para afrontar todo lo que vino. No sé cómo hubiesen sido las cosas sin terapia. Cuando le conté a mi mamá se emocionó y sentí que me sacaba una nueva mochila de encima”, repite Lucca.
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2021/12/lucca_s_e_g_u_n_d_a.jpg)
La mastectomía la hizo con un oncólogo, y fueron seis horas de intervención en las que su mamá estuvo acompañándolo, aceptándolo, queriéndolo. Muchas cosas habían pasado desde aquella vez que le cortó el teléfono y no la llamó por una semana. “Si vos estás contento, está bien”, le dijo, esta vez, el día antes de la intervención.
“Dejar a Vane atrás fue todo un proceso, para mí y para quienes me rodean. Pero estamos en eso y vamos bien. Soy muy agradecido de la familia que tengo, que tiene sus defectos, como todas las personas, pero me bancan en todo, tanto de parte de mi mamá como de mi papá”, agradece.
Hoy, Lucca disfruta de su momento. Fueron muchas las angustias y los miedos, pero eso ya pasó. Él ya lo pasó. “Hoy me siento libre, esa es la palabra. Hoy puedo decir que me siento libre de disfrutar mi cuerpo como siempre quise. Esas ataduras de manos y de pies que tenía cuando me ponía una pollera o me planchaba el pelo ya no las siento. Ahora, ya no las siento. Es que, más allá del tratamiento y de la ropa que uses, si no podés disfrutar de lo que te gusta no es completo. Hoy, estoy completo. Después de 27 años es como volver a nacer”.
