Idas y vueltas
Y no se llegó a nada. Todo quedó regado de declamaciones y declaraciones, reproducidas por los medios de Gualeguaychú, en las que se demandaba la necesidad de dialogar entre partes en pugna, por el corte sí o el corte no.La realidad en definitiva lo que marcó cuando aparecieron las manifestaciones, es la existencia de posturas radicalizadas en ambas partes.Con todo ha sido mucho más amplia y generosa la iniciativa de la Asamblea. Aunque no haya sido todo lo prolija que exige la organización previa de un encuentro, para escucharse y para entenderse, aún así se valora que aceptó -no sin duras discusiones internas- salir de su ámbito de reuniones habituales.Declaró -la Asamblea- que el encuentro se celebraría con "agenda abierta", y más allá de las desproligidades que apuntamos, se fabricó una oportunidad, precaria para algunos, pero oportunidad al fin como para romper el témpano que separa con dos posturas diferentes hacia adentro de la comunidad.Desde la otra parte, "ciudadanos y comerciantes auto convocados", señalaron que se les imponía unilateralmente el lugar, se establecía de manera acotada el número de intervinientes, y además agregaron entre otras quejas, que se los invitó por los medios.Por cierto que anticiparon (por los medios) en las horas previas al encuentro que no fue, su decisión de no concurrir al Aguay. Definitivamente, ganó el fracasoSin entrar en la profundidad del manejo estratégico que cada uno implemente en la cuestión para acarrear en su beneficio, lo que quisimos se concretara como episodio para romper el hielo al menos, después de tantas idas y vueltas, lastimosamente no se produjo.Pero seguro que no se cerrarán todos los caminos. Si existe convicción, y ese convencimiento está avalado por fundamentos, desteñido de egoísmos y beneficios personales o de otra índole que superen el interés colectivo, tanto unos como otros tienen en sus filas gente capaz, inteligente y de muy buen nivel, como para mantener la esperanza de concretar un diálogo, debate, conversación o el carácter que se quiera darle, para públicamente disipar nubes internas.Pero entre todos sumemos esfuerzos para oponer la sagrada resistencia a la agresión que se nos somete.La contaminación que produce Botnia, ni ella misma la niega en los informes de su consultora Ecometrix.Qué haremos después del esfuerzo de lucha de todos estos años. Seguro que ni destruir una herramienta que tanta utilidad ha entregado a esa lucha sacrificada, ni la promesa de un amor eterno por ella.Este dilema que significa la compulsa entre nosotros actualmente, obliga a que antes de adoptar nuevas resoluciones que cambien el estado actual, las partes defiendan una frente a otra, sin idas y vueltas, quejas y contra quejas, sus convicciones, y de manera prudente y racional lo hagan, sin picardías y en la búsqueda del objetivo en el que todos coincidimos: que Botnia se vaya a un lugar en el que no afecte a la vida (si es que ese lugar existe).Es seguro lo que desde hace ya varios años (más de los dos produciendo de manera contaminante), que lo está haciendo con todos nosotros es dañarnos la vida en todas sus manifestaciones. G.C. Cinturón de castidad
La inviabilidad económica de la municipalidad salta a la vista. El dato es incontrovertible: la cuenta de Personal no es financiable.Según el presupuesto 2010, lo que se recaudará por tasas (48 millones) no alcanza para el pago de sueldos (59 millones). El déficit se cubre con lo que viene de coparticipación (37 millones).De cualquier manera, los sueldos se llevan el 70% de los ingresos totales. El dinero remanente se utiliza para mantener en funcionamiento la estructura estatal.Corolario: si no llega plata de la Nación o la Provincia, la comuna no puede encarar obras necesarias. No sólo eso: la administración ha debido echar mano a recursos de la Caja Municipal, modificando el porcentual de aportes, para pagar el último aumento al personal.Más allá del sistema impositivo unitario vigente -que concentra recursos en el poder central en desmedro de los Estados del interior- queda bastante claro que algo hay que hacer internamente para equilibrar los tantos.La tasa de incorporación al Estado local creció hasta acá más que los ingresos. A menos que se frene esta tendencia, la municipalidad de Gualeguaychú colapsará más temprano que tarde.Varios miembros de la clase dirigente local, algunos incluso que fueron partícipes de este desequilibrio, parecen resueltos a tomar una medida draconiana para evitar lo peor.La idea es instrumentar una suerte de congelación de vacantes o una medida que vincule el ingreso futuro al Estado a una fórmula polinómica. En esencia, sería una especie de "cinturón de castidad" que sofrene el impulso inveterado de los políticos a meter gente en el Estado.Como se sabe, esta pulsión trae réditos electorales mientras los recursos lo permiten. Pero llega un momento que se vuelve en contra. Algunos parecen darse cuenta, ahora que las papas queman, que es preferible tener una plantilla ajustada al presupuesto y bien paga, que una inflada e insatisfecha salarialmente.La ocasión para esta reforma la da la redacción de la Carta Orgánica Municipal. Así, el costo político, si es que hay alguno, de disciplinar la cuestión de la cantidad de personal, se prorratearía entre todos los grupos políticos.Quizá más por necesidad que por convicción, hay signos de que la clase dirigente local, imponiéndose un cinturón de castidad, se aprestaría a instrumentar una política de contención del gasto público, de largo aliento. M.L.
La inviabilidad económica de la municipalidad salta a la vista. El dato es incontrovertible: la cuenta de Personal no es financiable.Según el presupuesto 2010, lo que se recaudará por tasas (48 millones) no alcanza para el pago de sueldos (59 millones). El déficit se cubre con lo que viene de coparticipación (37 millones).De cualquier manera, los sueldos se llevan el 70% de los ingresos totales. El dinero remanente se utiliza para mantener en funcionamiento la estructura estatal.Corolario: si no llega plata de la Nación o la Provincia, la comuna no puede encarar obras necesarias. No sólo eso: la administración ha debido echar mano a recursos de la Caja Municipal, modificando el porcentual de aportes, para pagar el último aumento al personal.Más allá del sistema impositivo unitario vigente -que concentra recursos en el poder central en desmedro de los Estados del interior- queda bastante claro que algo hay que hacer internamente para equilibrar los tantos.La tasa de incorporación al Estado local creció hasta acá más que los ingresos. A menos que se frene esta tendencia, la municipalidad de Gualeguaychú colapsará más temprano que tarde.Varios miembros de la clase dirigente local, algunos incluso que fueron partícipes de este desequilibrio, parecen resueltos a tomar una medida draconiana para evitar lo peor.La idea es instrumentar una suerte de congelación de vacantes o una medida que vincule el ingreso futuro al Estado a una fórmula polinómica. En esencia, sería una especie de "cinturón de castidad" que sofrene el impulso inveterado de los políticos a meter gente en el Estado.Como se sabe, esta pulsión trae réditos electorales mientras los recursos lo permiten. Pero llega un momento que se vuelve en contra. Algunos parecen darse cuenta, ahora que las papas queman, que es preferible tener una plantilla ajustada al presupuesto y bien paga, que una inflada e insatisfecha salarialmente.La ocasión para esta reforma la da la redacción de la Carta Orgánica Municipal. Así, el costo político, si es que hay alguno, de disciplinar la cuestión de la cantidad de personal, se prorratearía entre todos los grupos políticos.Quizá más por necesidad que por convicción, hay signos de que la clase dirigente local, imponiéndose un cinturón de castidad, se aprestaría a instrumentar una política de contención del gasto público, de largo aliento. M.L.
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