Importancia de la objetividad
Sr. Director:
Motiva la presente carta, la nota que fuera tapa del diario por usted dirigido el viernes 10 del corriente y cuyo titular expresara “La madre ratificó a El Día: mi hijo tuvo dengue”.
Es muy probable que estas líneas estén embebidas de una fuerte subjetividad propia de mi ideología de vida, de la cosmovisión que con todos los errores y aciertos me llevan a tomar decisiones, a resolver problemas, a plantearme utopías, a no perder las esperanzas, en estas líneas existen altas probabilidades de que aparezca la filosofía de vida que me lleva, que me conduce, y que me rodea en lo cotidiano. Usted observará talvez que esto es imposible de evitar, es particularmente imposible de evitar; aún en los casos en los que necesariamente debemos ser lo más objetivos posible siempre se nos cuela alguna idea, diría, matricial que nos lleva a tomar posición por diferentes cuestiones que nos hacen rozar muchas veces el maniqueísmo.
Esto nos sucede a todos, a la maestra de nuestros hijos, a nuestros hijos, a nuestros padres, a usted como periodista y al cura párroco de la iglesia a la que asistimos, a la más humilde de las madres humildes y al más encumbrado potentado dueño del poder, también le ocurre a la dirigencia política de la cual formo parte y a aquella con la cual no comparto espacios, esto es natural que así sea porque somos humanos y la búsqueda forma parte de nuestra naturaleza.
Si bien lo dicho pude tomarse como un paraguas bajo el cual, en nombre de la subjetividad, puede decirse todo lo que por el encéfalo pase y sea decible, es decir, lo que se nos ocurra, como le sucede a los “opinólogos” que, lamentablemente, cada vez pululan más por nuestros medios de alcance masivo, lejos está de ser así.
Esto que puede pensarse como un escudo protector en realidad no llega a serlo aunque muchos lo sientan de esta manera, las cosas, para ser dichas deben ser pensadas, elaboradas desde la metacognición, todas las cosas que se dicen desde la lengua están formadas por una selección de palabras que, precisamente, es nuestro lenguaje, nuestro yo y nuestro “no yo”, con ellas, al decir de Richard Rorty, “formulamos la alabanza de nuestros amigos y el desdén por nuestros enemigos, nuestros proyectos a largo plazo, nuestras dudas mas profundas acerca de nosotros mismos y nuestras esperanzas mas elevadas”.
Utilizar las palabras, para aquellos que pueden hacerlo, siempre es muy importante, es fundamental para todos, es la base de la comunicación humana, pero existen situaciones y roles que exigen más que otros el buen uso de las mismas y no me refiero solamente a la selección semántica o sintáctica que podamos hacer de estas, también y a veces ante la limitación de vocabulario esto sea más importante, me refiero al uso pragmático de las palabras porque esto es lo que le pone espíritu a lo que queremos decir.
Por ello en muchos contextos lo que se dice y como se dice, es de una importancia superlativa, son esas situaciones en las que debemos poner todo nuestro esfuerzo para que la objetividad sea el eje de la opinión vertida pero sin caer en la hipocresía propia de aquellos que pretenden ver la realidad con el cristal de la conveniencia negando lo que sucede al encontrarnos en situaciones de crisis como la actual, por ejemplo cuando nuestras autoridades comunales niegan a los cuatro vientos, en una conferencia de prensa, que en nuestra ciudad existan casos de Dengue en el momento en que una mamá natural y comprensiblemente desesperada por la salud de su pequeño hijo muestra las pruebas de que en realidad todos corremos riesgos de contagio.
Felicito tanto a usted como a todos los periodistas del diario El Día por el esfuerzo vertido en pro del buen uso de las palabras y fundamentalmente, por llevar adelante una tarea donde la dura lucha entre lo subjetivo y lo objetivo se debe dar en cada uno de sus colaboradores, una lucha donde, hasta ahora, la objetividad es la que mayoritariamente ha triunfado.
Cristian Crespo
DNI 18.352.920
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