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Imposible no volver a creer

* Por Hernán Rossi

Habrá que desempolvar los trapos, nomás. La espera fue larga, pero esta vez se soportó de otra manera. El ascenso conseguido disminuyó las tensiones respecto de otras antesalas. Y ahí está el equipo rojinegro dispuesto a enfrentar otro enorme desafío, fiel a su historia. Atrás quedó esa inmensa campaña con final épico que quedará marcada a fuego en cada uno de los que fuimos testigos. Como si a un logro de ese tipo le hicieran falta condimentos, la gloria llegó luego de perder la oportunidad en casa. En Lanús, contra viento y marea. Contra todos los pronósticos. Contra el caballo del comisario. Contra la billetera, que asegura soldados, pero que no garantiza guerreros.

Asoma una nueva temporada con interrogantes y certezas. Las segundas están dadas por el cuerpo técnico, la continuidad de gran parte del plantel y la gente. Las dudas están puestas en los nuevos fichajes, sobre todo en la plaza extranjera, inconsistente hasta el momento en los partidos de prueba. Igualmente, no creo que haya que temer un escalón demasiado pronunciado en los nuevos rivales, más allá de que cada partido será un descubrimiento.

En este balance a priori, hay un jugador que no entra en ninguno de esos encasillamientos. En principio porque las certezas sobre él no están dadas por su repitencia en el equipo y tampoco se duda por ser un recién llegado. Mateo Díaz rompe todos los moldes. Incluso es capaz –en el corazón de los hinchas- de borrar de un plumazo su pasado racinguista. Criado bien cerca de Gaby, su padre, conoce casi tan bien el patio de Central como el de su casa. Y de a poco, carisma, candidez y talento mediante entró a ser un sueño colectivo. Y hoy es realidad. Y nos enojamos porque viaja con la Selección Argentina. Nos ponemos egoístas, sabedores que su paso por el elenco de calle España resultará fugaz “culpa” de esa magia que posee. Y queremos exprimirlo, disfrutarlo luego de varias temporadas de espera. Por lo pronto, nos convencemos que esa camiseta rojinegra a bastones le queda como tatuada. Como si la hubiera usado siempre. Y a la ilusión que ya cargamos, le sumamos este fichaje que fue festejado como un triple sobre la chicharra.

Una escalera en el aíre

Esta aventura centralista es bien distinta a las otras. Ya quedó atrás el Federal y la nueva competencia, la Liga Argentina, sigue sin convencer del todo por la disputa, cantidad de equipos y decisiones insólitas.

En principio, y antes de empezar a jugar, Central ya mantuvo la categoría. Sí, es que una vez más se ha decidido que no haya descensos y es una de las tantas medidas que atentan contra el torneo. Se pierde interés, competividad, se premia la especulación y casi todo da lo mismo.

Categoría asegurada mediante, la quijotada del ascenso a La Liga parece un sueño demasiado inalcanzable. Y ni siquiera me respaldo en el nivel del juego, ni en la potencia de los rivales, ni en la disparidad de presupuestos. Aún sin ver, apostaría por este equipo a la hora del juego. Ya ha dado muestras de sobra de ello. La apreciación está realizada justamente en relación a los equipos que logren el pasaje a la máxima categoría. ¿Cómo se hace para jugar en una liga que exige presupuestos descabellados? ¿Cómo se hace para mantener el fuego sagrado, conscientes de que la AdC fue corriendo los mojones para que jueguen un puñado de ricos o algunos bendecidos por los favores del Estado? ¿Cómo creer que ante un ascenso, competir es posible ante equipos que juntan 6 extranjeros y gastan 100 millones en la temporada? Pero, ante todo ¿Cómo hace el hincha para creer y no ilusionarse a la vez?

Razones que la pasión no entiende

Independientemente de todos estos escollos que producen zozobra mirando al futuro, nadie puede ni siquiera imaginar un Central dubitativo a la hora de ir a pelear cada partido. El retorno a la élite, sigue siendo un deseo inconmensurable. A nadie se le cruza por la cabeza no ir a alentar, ni retacear la exigencia a cada jugador que se ponga la camiseta. Estamos en presencia, otra vez, de un cuerpo técnico, un plantel, una dirigencia y una parcialidad con hambre de gloria.

Este es el principal reaseguro para hacer el esfuerzo en cada viaje, en cada entrada pagada con sacrificio. Hoy, en la cancha, la entrega no se negocia. Nadie podrá guardarse nada. Esas especulaciones no se permiten en una institución que no sabe de grises. El resultado podrá ser azaroso, pero el corazón deberá quedar esparcido en el piso de madera. Ya habrá tiempo de pensar en el futuro. Hoy domingo empieza el sueño. Pesimistas o agoreros, abstenerse. El rojinegro entra a la cancha y casi nada más importa. Despiértenme dentro de 10 meses, el sueño está en marcha.

* Hernán Rossi es comentarista del equipo de Básquet de Radio Cero

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