Impulsan la creación de una biblioteca para los internos de la Granja Penal
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La idea es generar un espacio donde los libros y el aprendizaje de la lectura ensanchen el horizonte espiritual de los reclusos, según explicó a EL DIA el pastor Antonio Schär, quien invitó a la comunidad a sumarse a la iniciativa. Marcelo Lorenzo Desde diciembre del año pasado miembros de la Iglesia Evangélica Congregacional, con el pastor Antonio Schär a la cabeza, asisten todas las semanas a la Granja Penal N°9 'El Potrero', para compartir con los internos el mensaje del Evangelio.Allí, en el Nuevo Testamento, en un pasaje del evangelista Mateo, se habla de que Cristo juzgará a los creyentes, al final de los tiempos, según como hayan tratado al prójimo más débil, de suerte que cuanto hicieran a ellos a Él se lo han hecho también."Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí" (Mateo 25, 35-36).Este pasaje del Evangelio, según explicó a este diario el pastor, es la base teológica del ministerio carcelario en el que los cristianos ven detrás del preso, que purga una pena por haber cometido un delito en la sociedad, a alguien necesitado y cuya vida puede cambiar.Antonio Schär es consciente de la sensibilidad que el tema despierta en una sociedad que padece la inseguridad y donde existe una fuerte corriente de opinión a favor de endurecer la política penal.Se ve en la obligación incluso de aclarar un equívoco con respecto a la pastoral penitenciaria. "Puede creerse erróneamente que nosotros oramos con los presos pidiendo para que salgan pronto en libertad. Lo que hacemos, en realidad, es acompañarlos. Y fundamentalmente nosotros creemos, desde la palabra de Dios, que esas personas pueden cambiar", explicó.Y añadió: "Nosotros podemos ser instrumentos, podemos ser agentes para que esas personas, cuando recuperen su libertad, no caigan otra vez en el delito, sino que aprovechen la nueva oportunidad que la sociedad les da".Hay que apuntar, al respecto, que la Granja Penal 'El Potrero', situada a unos 17 kilómetros de Gualeguaychú, tiene una característica especial: allí están los reclusos que, técnicamente, han cumplido la mitad de la condena y han demostrado por su conducta que pueden vivir en un régimen de autodisciplina, como paso previo a la libertad.El objetivo que persigue este formato penitenciario es que, a través del trabajo y la adquisición de hábitos de convivencia y responsabilidad, los internos estén en condiciones de volver a la sociedad, para rehacer sus vidas junto a sus familias.
Pastor Antonio Schär Empezar con una bibliotecaLos protestantes creen que Dios habla al hombre a través de la Biblia, cuya interpretación está al alcance de cualquiera que abra su corazón y su mente. La lectura de las Escrituras, por tanto, es la base de la vida espiritual.Pero este ejercicio intelectual no puede hacerse si la persona no tiene capacidad para descifrar un texto, una cualidad que está conectada con cierta formación cultural.El punto es que la población carcelaria en Argentina (algo parecido ocurre en otros sitios del mundo) tiene bajo nivel cultural y según estadísticas oficiales (Ministerio de Educación de la Nación) un tercio de ella es analfabeta.Para un evangélico, que hace de la lectura bíblica un requisito de la vida espiritual, las deficiencias en la decodificación de la palabra escrita son un obstáculo que debe remediarse."Cuando llegamos al penal por primera vez arribamos con una caja de biblias", recordó el pastor Schär, al explicar la dinámica que se establece con los internos.La lectura de un salmo del Antiguo Testamento o de alguna epístola del apóstol Pablo, por ejemplo, pueden ser motivo de reflexión o meditación grupal."Detectamos entonces que a algunos reclusos les cuesta enormemente leer, pese a la necesidad que muestran por hacerlo", señaló el pastor, sugiriendo que este hecho inspiró el deseo de hacer algo.Schär aclaró no obstante que alrededor de 50 internos están haciendo en el penal los estudios primarios, con el concurso de una docente que va todas las tardes."Creemos que nosotros podemos aportar en algo a la formación, a la educación de esta población. Y cuando el director del penal, Javier Bossi, nos dijo que en el lugar faltaba una biblioteca, pusimos manos a la obra", refirió el entrevistado.La biblioteca, dijo, sería el primer paso para generar un espacio donde además de los libros, y de la logística que eso supone, se genere un taller de lecto-escritura, y más adelante incorporar otras actividades culturales y artísticas (como teatro o coro)."Así como hemos interesado en este emprendimiento a los miembros de nuestra congregación, queremos interpelar a la comunidad de Gualeguaychú para que nos ayude", señaló el pastor.Quien desee colaborar con este proyecto solidario puede concurrir a la sede de la congregación en calle Rivadavia 373 de nuestra ciudad, o comunicándose al teléfono 427368, o al correo electrónico [email protected] ."Los internos nos dicen que disponen de tiempo", indicó el pastor al señalar que la clave pasa por emplear el tiempo libre carcelario en actividades culturales.No obstante aclaró que no se trata sólo de mejorar la instrucción y formación de los reclusos. "Lo importante es que encuentren un tiempo para pensar. Por ejemplo que recapaciten sobre las cosas que hicieron, sobre los errores que cometieron y que además puedan encontrar un sentido nuevo a sus vidas", preciso. El iniciador de todoFue el pastor Hugo Ocampo, que lideró hace unos años la Iglesia Evangélica Congregacional Independiente en Gualeguaychú, pero que hoy reside en Buenos Aires, quien embarcó a su amigo Schär y su comunidad en el ministerio penitenciario."Me hubiera gustado que el pastor Hugo estuviera en esta entrevista", confió Schär a El Día, al explicar que fue él quien inició todo. Y recordó que Ocampo, como miembro del Consejo de Pastores de la ciudad, tuvo una activa participación social en Gualeguaychú durante la crisis económica de 2000-2001.Este ministro tiene experiencia en la pastoral penitenciaria, ya que realiza ese ministerio desde hace tres años en el penal de Marcos Paz, en la provincia de Buenos Aires.Resulta que un preso que él pastoreaba en Marcos Paz es trasladado a la Granja Penal de Gualeguaychú. Cuando el pastor Ocampo lo viene a visitar, el interno, un creyente evangelista, la habla de la necesidad de un ministerio carcelario en el lugar."Fue entonces que el pastor Hugo, interesado en empezar algo en Gualeguaychú, me invita. ¿Te gustaría acompañarme?, me preguntó. Yo no dudé, le dije que sí. Fue entonces que el martes 23 de diciembre, en víspera de la Navidad, tuvimos el primer contacto con los reclusos", relató el pastor Schär."Estamos yendo semanalmente, reuniéndonos en los pabellones con los internos. Compartimos la palabra, meditamos, reflexionamos con ellos. Cantamos alguna canción, rezamos. Nuestra actitud es de escucha. Porque ellos tienen una imperiosa necesidad de ser escuchados, desean contar lo que les pasa", refirió. Dos constantesEl pastor Schär dijo que a partir del contacto directo que hasta ahora ha tenido con los presos le han impactado algunas cosas."Quiero aclarar que nosotros no vamos a preguntarles por qué llegaron a ese lugar, ni nada que se le parezca. Pero aquellos internos que voluntariamente han manifestado algo sobre el delito que cometieron, en la mayoría de los casos intervino la droga", reveló."En la pastoral algunos manifiestan el deseo de dejar eso, de abandonar el consumo de sustancias. Nuestra labor es ayudarlos en ese decisión, explicándoles que Dios es una respuesta a sus anhelos", precisó.Pero hay otra constante: los internos sufren el desapego familiar. "Se constata cómo sufren, a causa del encarcelamiento, la separación de sus familias. Y eso nos lleva a pensar en la importancia que tiene la institución familiar en la vida de las personas", indicó.Y agregó: "Cuando uno les pregunta algún motivo de oración, si quieren que recemos por ellos, invariablemente dicen: 'pastor, ore por mi familia, ore por mis hijos'".
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