Ingrid Alurralde: “una y mil veces elegiría ser bombero porque amo ayudar a la gente”
Es la única mujer de la brigada de altura y a pesar de luchar con algunos miedos, asegura que su vocación de servicio está por encima de todo. "No voy a la playa ni a la costanera por estar en el cuartel", aseguró a elDía. Por Mónica Farabello Recién llegada de sofocar un incendio, Ingrid se muestra satisfecha por su trabajo. Tiene 33 años y forma parte del cuerpo voluntario de los bomberos desde hace dos y medio. En su familia nadie es bombero, pero su vocación de servicio la llevó siempre a soñar con formar parte del voluntariado.Además de su labor en el cuartel, Ingrid trabaja en la fábrica de helados Bahillo y confiesa que su familia nunca quiso que ella forme parte del cuerpo, "por los temores lógicos del riesgo que se corre".De sonrisa fácil y muy conversadora, Ingrid contó que "hay mucha gente que no sabe que nosotros hacemos un montón de cosas, más allá de los incendios, como trabajar en accidentes, provisión de agua y rescate de animales".Además, expresó que "no hay horarios; estamos atentos todos los días a un toque de sirena, o que te llamen al handy y nos venimos corriendo para el cuartel".El cuerpo de bomberos voluntarios de la ciudad cuenta con un total de 44 personas, de las cuales seis son mujeres, pero sólo Ingrid forma parte de la brigada de altura.Se trata de un grupo especial de rescate, que realiza prácticas y capacitaciones en los edificios de la ciudad, con el nuevo móvil con escalera mecánica."Cada salida es un desafío. Es muy difícil manejar las emociones porque ves gente que pierde todo, o personas llorando porque se incendió su casa y vos sentís la alegría de haber podido ayudar", relató. Hay equipoCon las manos tiznadas, Ingrid contó que sus compañeros "ven que me preocupo por progresar, por aprender y por eso me seleccionaron como única mujer para formar parte de la brigada y comenzar con las prácticas y las capacitaciones".En este sentido, resaltó la colaboración de Nicolás Bozzani y César Gómez, quienes realizaron capacitaciones y ahora "nos trasladan todo su conocimiento a nosotros". "Es fundamental la confianza que ellos nos dan para que nos animemos. Siempre nos dicen: 'no existe el miedo'".La brigada especial, ha realizado una serie de prácticas en el edificio Guini y el Palmeras. "Cuando la gente me ve, se sorprende. Sobre todo cuando estoy tirándome del edificio, pero yo lo hago porque amo lo que hago, y me encanta brindarle un servicio a la gente", aseguró Ingrid.Con tono seguro, la bombero expresó que "ayudar al otro es mi vocación, yo amo bomberos. Con el sólo hecho de decir que no voy a la playa a la costanera por estar en el cuartel".En cuanto a su tarea en la brigada de altura, Ingrid expresó que "muchas veces sentí miedo, pero tengo muy buenos compañeros que te ayudan a vencer algunos problemas".En este sentido, contó que en varias oportunidades le dije a sus compañeros "hasta acá llegué, no quiero formar parte de la brigada de altura, y ellos me dijeron 'si llegaste hasta acá, si hiciste tanto no bajes los brazos ahora compañera'". La tercera es la vencidaA los 18 años, Ingrid Alurralde se acercó al cuartel y manifestó querer sumarse, pero como hasta el momento no había personal femenino se lo impidieron. A los 21 se enteró que habían sumado mujeres al cuerpo, pero cuando intentó inscribirse, la academia ya había comenzado.Luego de vivir un tiempo en Buenos Aires, regresó a Gualeguaychú y "lo primero que hice fue volver a los bomberos, y ahí pude ingresar", cuenta con una sonrisa."A mi no me importa la plata, no me importa que me paguen. Yo quiero poder darle una mano a la gente y no quiero plata por eso porque yo no necesito plata para ser feliz", confiesa la bombero, quien además aseguró que la "llena espiritualmente poder ayudar a alguien que está perdiendo todo, y que más allá del momento de tristeza, saber que pudo ser peor sin tu ayuda". Ni muñecas, ni cocinitas"Siempre fui bastante 'machona', y creo que nunca jugué a las muñecas", confiesa Ingrid Alurralde entre risas. "Me gustaría seguir haciendo esto toda mi vida, porque además tenemos un grupo de trabajo muy lindo", aseguró.Además expresó que "en este trabajo no se puede ser muy femenina porque no te lo permite. Nunca tuve las manos femeninas", aunque asegura que cuando está fuera del cuartel o los sábados a la noche, lo intenta."Si sos muy fina, no podes estar acá porque te embarras, te transpiras, te tiznas, te rasguñas la cara en los incendios de monte cerrado, por eso te tiene que gustar porque sino, no lo podés hacer".
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