Javier Melchiori: “si pudiera, volvería a elegir la vida en una familia numerosa”
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Es contador, tiene 44 años y junto a su mujer construyeron una enorme familia. Es el candidato a Intendente por "Cambiemos" y proviene de una familia de un papá chacarero y una mamá docente. Su infancia en el campo, lo marcó para siempre. Mónica Farabello Después de varios meses de campaña, la relación con los micrófonos, las fotos y las preguntas comienza a ser distendida. Javier Melchiori nos recibió en el living de su casa, donde pasamos largo rato hablando de su infancia, su adolescencia, la paternidad y sus proyectos.Javier tiene 44 años, nació en Gualeguaychú, es contador y padre de cinco hijos: Delfina, Victoria, Catalina, Laureano y Faustina.Es nacido en Gualeguaychú, en el seno de una familia rural. Su infancia fue entre animales, siembra y juegos. En la secundaria debió mudarse a la casa de sus abuelos para poder cursar sus estudios secundarios en la Escuela Técnica N° 2.Cuando comenzó sus estudios universitarios iba de la casa de sus padres a la de sus abuelos: entre el campo y la ciudad; hasta que se casó con su mujer y madre de sus hijos y fueron a vivir al campo, en Costa Uruguay. ¿Cómo fue vivir la infancia en el campo?-Espectacular. Por supuesto, la naturaleza como eje. Acompañaba a mi viejo y a mi tío a todos lados. Soy hijo de chacarero, entonces siempre los acompañaba a ellos en las tareas rurales. Íbamos a recorrer el campo, a pescar. ¿Tenían animales?-Sí. Y también se sembraba. Ahora mi viejo sigue trabajando con animales. Era una época muy linda porque había mucha vida en mi casa. Había mucha gente que llegaba desde el trabajo; era una casa muy activa. Había galpones, máquinas arreglándose, era así todos los días. Después hacíamos tareas como vacunar, yerras, se sembraba. Era todo muy artesanal, muy a mano.Antes la agricultura era artesanal; se arreglaba todo en casa, teníamos talleres. Había una fragua. Mi tío era especialista en eso: arreglaba todo.Había mucho trabajo: y nosotros ahí rondando, íbamos para la escuela de Sarandí a caballo. Fueron unas vivencias espectaculares. ¿Cómo está compuesta tu familia de origen?-Mi mamá se llama Raquel. Es ama de casa, era docente. Se casó con papá y dejó la actividad docente y se dedicó a ser ama de casa. En mi casa había una mesa grande: estaban mis viejos, mi hermano, los muchachos que iban a casa.Estaba toda la gente y mamá cocinaba para todos: éramos como diez. Me acuerdo del farol de mi casa que era una escuela vieja. Era una de las casas más antiguas de Gualeguaychú, con dos salas enfrentadas, dormitorio y baño. Tenía un patio al medio y todo estaba cubierto por un parral. Los galpones estaban atrás de todo eso. Entonces nosotros teníamos una vida muy importante dentro de ese patio.¿Cómo fue salir de ese lugar tan natural, para instalarte en la ciudad?-Fue terrible. Yo fui a la Escuela Técnica. Me quería volver; quería irme corriendo. El primer día de clases... es un recuerdo muy triste. Ese primer día de clases de secundaria me tocó un profesor no tan amigable y me asustó. Veníamos semanalmente a la ciudad a visitar a mis abuelos. Teníamos contacto permanente con la ciudad, pero ese desprendimiento fue importante.Ese profesor no tan amigable nos retó de entrada. Nos planteó cómo iba a ser de entrada la cursada y yo me quería volver.En ese tiempo terminé siendo muy amigo con mi abuelo, se construyó una relación genial. Con mis abuelas no era amigo, porque era el nieto predilecto. Eran diferencias escandalosas (risas)...pero si por mí hubiera dependido, no hubiera hecho la secundaria. Una vez superada la secundaria ¿Cómo surge tu vocación?-A mí siempre me gustó el campo. De hecho hoy desarrollo mi actividad agropecuaria. Tengo una profesión pero mi actividad agropecuaria es lo más fuerte que hago.No tenía decidido qué hacer en la secundaria y me fui a la Escuela Técnica. Me recibí de Técnico Mecánico Electricista. Si algo aprendí en la secundaria, es que no me gustaba lo que estaba estudiando, no me sentía cómodo. Fui abanderado en la escuela primaria, abanderado en la escuela secundaria, fui un buen alumno, en la Universidad nunca salí mal.Tomé el estudio como un trabajo. En la facultad tenía ocho horas de estudio, más la Facultad. A mis padres, lo menos que podía devolverles, era responderle estudiando.En ese momento me di cuenta, que hacer durante tu vida lo que no te gustaba, es una de las peores cosas.Ahí decidí estudiar Ciencias Económicas: las matemáticas me gustan mucho. Siempre me sentí cómodo en las ciencias exactas y combinándolo con la parte laboral, decidí ese camino. ¿A tu mujer la conociste en la Universidad?-No, la conocí en la secundaria. Ella iba a la ENOVA y haciendo carrozas nos conocimos. Mi abuelo vivía en Gervasio Méndez, entre Mitre y 3 de Febrero y la carroza estaba a la vuelta. Fue durante el sexto año de la secundaria. Hice toda la carrera dando unas idas y vueltas con ella, hasta que nos casamos.Estuvimos once años de novio. Pero como yo estudiaba en Concepción, venía los fines de semana y nos veíamos.¿Soñaste con una familia tan numerosa o tiene que ver con lo religioso?-Con lo religioso no. Siempre me gustó la vida en familia porque vengo de ahí. He tenido una vida en familia muy linda y si pudiera, volvería a elegir la vida en una familia numerosa.Si me tocara elegir un camino, lo elegiría nuevamente, sin ninguna duda. El número de hijos no estaba tan planificado, pero siempre quisimos una familia interesante. Vivimos la llegada de cada hijo con mucha felicidad. Cada embarazo fue una alegría. ¿Cuáles son los valores que buscas transmitirle a los chicos?-Los educamos en la cultura del esfuerzo. Yo vengo de familia de chacareros y en mi casa consumíamos lo que producíamos. Nunca hubo excesos. Siempre desde el trabajo venían los progresos y todos valorábamos ese gran logro.Me acuerdo, por ejemplo, cuando cambiamos un auto, cuando comprábamos un vehículo, un tractor nuevo, todo era una fiesta, algo que se había podido lograr a través del esfuerzo de todos.Ahora me pongo a pensar en esos días con heladas donde sembrábamos linoen pleno invierno; era una crueldad; con los tractores sin cabina. Pasábamos días enteros trabajando ahí.Hoy creo que se ha perdido totalmente eso. La cultura del esfuerzo, la cultura del trabajo. La hemos abandonado. Por eso me baso en eso. Vivimos en una sociedad de consumo.Mis hijos van logrando algunas cosas, pero se lo tienen que ganar. Saben que los celulares no brotan por generación espontánea y que no es una cuestión contagiosa, que porque el del banco de al lado lo tiene, ya te va a tocar a vos.Hemos tenido charlas por ese tema, por lo de la fiesta de 15 también. Muchos chicos lo toman como que en "el combo de ser hijo" ya está incluido el viaje o el celular.¿Sos amiguero? ¿Te gusta ir a peñas?-Peñas no. Ni mi señora y yo tenemos vida aparte. Compartimos con otras familias, con matrimonios de amigos, pero siempre todos juntos. ¿Cuál es el ideal de sociedad que te imaginas?-El basado en la cultura del trabajo. Yo creo que de los grandes problemas que tenemos hoy, todos parten por no tener trabajo. En algunas charlas con jóvenes, cuento la historia de la Colonia Sajarov, donde se fueron constituyendo cooperativas de trabajo y todo fue progresando en base a la venta de pollos, de granos, de huevos, todo en base al esfuerzo.Después de un tiempo, una persona que vivió esa época de crecimiento, vuelve a visitar un hermano que vivía frente a la municipalidad y vio una larga cola.Pensó ¿Qué pasa? ¿Están dando algo? Y le contestan: "Sí, hoy están pagando planes". Todos iban a cobrar el plan; hoy esa ciudad se está muriendo. La cooperativa se fundió, el banco ya se fue. La escuela secundaria tiene poquitos alumnos, en la primaria quedan pocos. Juventud no hay nadie. Nadie pinta la casa. Nadie cambia el auto. Nadie compra una moto. Hay un solo almacén que está quedando. Se está muriendo el pueblo. Se está apagando. Entonces quiero cambiar esa cultura del subsidio por otra basada en el trabajo.El subsidio es para subsistir. Es una trampa porque a la gente no le alcanza pero ni por lejos, vive mal. Hay una 30 % de pobreza. Es muchísima la gente que la pasa mal.Falta la cultura del trabajo: le dan la casa, la semilla, los pollitos, las herramientas, pero no hay cultura del trabajo.
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