Juan Boari, médico: “esto es un caos; pobre Haití”
"No paramos de trabajar..., pobre Haití. Esto es un caos, tenemos un Dios aparte; solo queremos volver... Estamos todos bien". El rápido mensaje pertenece a Juan Boari, médico, gualeguaychuense, integrante del Cuerpo de Paz de la ONU en Haití. Por Verónica Toller y Rubén Scubij Juan Boari tiene 33 años. Médico cirujano, se encuentra en Puerto Príncipe. Ayer y antes de ayer trabajó 30 horas corridas, de pie en el quirófano del hospital móvil argentino, atendiendo a los heridos que dejó el terremoto de 7.3 grados Richter del día martes. Ayer, El Día y Radio Cero dialogaron con sus padres, Mario Boari y Socorro Barcia, dos conocidos vecinos de nuestra ciudad."En Juan se dan las dos cosas: el amor enorme por la medicina, que es su pasión, y la posibilidad de una relación de ternura, de aliento, de humor rápido con el paciente, que hace que se aflojen las tensiones", dijo Socorro Barcia.La madre se enteró del terremoto por una amiga. Y tardó un rato en saber que Juan estaba bien. La tensión no cedió con ello, ya que las horas posteriores han sido de caos e inseguridad en Puerto Príncipe.Juan se encontraba en Haití cuando se produjo la catástrofe, el mayor terremoto que sufre el país desde 1770. Uno de sus compañeros de tarea es el enfermero paranaense Leonardo Donda, de 28 años, quien también trabaja a estas horas a full. "¡Hola a todos! Estamos bien, muy cansados, pero la podemos contar", escribió Juan en su muro de Facebook, rápido mensaje destinado a dar tranquilidad a familiares y amigos. "Esto sigue temblando... ahora estamos en un lugar seguro... ayer no... pero zafamos, gracias a Dios", apuntó desde Puerto Príncipe. "No sé cuándo pueda volver a escribir", fue el cierre.Argentina envió ayuda humanitaria a Haití. "Nada alcanza para atender el dolor y la tragedia que ha pasado en Puerto Príncipe -dijo Mario Boari-. Juan está trabajando mucho. Nos hemos comunicado con él a través de la computadora, y su novia por teléfono. Se encuentra en el único centro de atención que ha quedado en pie. Nos cuenta que está atendiendo en la plaza, al aire libre porque no quedan más lugares en el hospital. Está muy cansado, durmiendo poco, pero gracias a Dios está bien".Juan Boari estudió en la Escuela Rawson e hizo la secundaria en ENOVA. Siguió Medicina en la UBA y se recibió con un promedio superior a 9.70. Es conocido además como bailarín y animador de la comparsa Marí-Marí. Su madre cuenta que ensayaba junto a Martín Irigoyen en un campo, para coordinar música y animación, "y le hablaba a dos vacas, las entusiasmaba con Marí-Marí... Es muy showman", dice riéndose.Animar una comparsa -lo sabemos los gualeguaychuenses- es un papel muy fuerte y no es para cualquiera. Requiere liderazgo, ánimo, alegría, "todo lo cual Juan tiene", dice Socorro.Cuando se recibió en 2001, durante la fiesta de recepción, sus compañeros le pusieron título de "Patch Adams", asignándole el perfil del médico que interpretó en el cine Robin Williams.Así, su espíritu alegre y hasta temerario, según su madre, se compatibiliza con la decisión de partir hacia uno de los países más pobres del planeta a ejercer su profesión. Y con su perfil deportista: practica el rugby desde los 9 años. Toca además la guitara, "y se compró un violín y una gaita", agrega Socorro. Fue Jefe de Residentes en el Hospital Ramos Mejía de Buenos Aires, y a su regreso, será Instructor allí también.El joven cirujano marchó a Haití el 27 de julio, en un contingente de 500 Cascos Azules, por 6 meses. Buscaba una experiencia intensa sobre accidentología y urgentología. "Le ha tocado de todo", cuenta Socorro Barcia. "Primero fue el impacto de la pobreza; llegar a un país desolado, sin luz, sin agua, sin recolección de basura, sin organización jurídica o política, con mucha gente en la calle con hambre, enfermedades...Los Cascos Azules están siempre dentro del hospital, una especie de conteiner muy grande. Nadie puede salir a la calle si no va con guardia de soldados, custodiado, ya que siempre hay tensión y violencia en Haití".Algunas experiencias han sido gratificantes. Por ejemplo, cuando fue en misión a la montaña, a un hogar de huérfanos, y los encontró contenidos y amados por sus cuidadores, un sacerdote y un maestro.Juan volvió luego a la montaña en otra misión, mucho más dura. Tras la caída de un avión, once compañeros suyos jordanos y uruguayos fallecieron. Juan formó `parte del contingente de búsqueda; caminó más de cinco horas en la noche, en la montaña, sin luz ni agua, caminando por un sendero de cornisa. Al regreso, tuvo que hacer la autopsia de todos ellos.Pese a ello, Juan quería más. Aguardaba el momento de tener que cubrir una urgencia, una situación límite.Ahora, escribió en su muro de Facebook: "No paramos de trabajar..., pobre Haití". ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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