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Jubilarse y tener que seguir trabajando para poder llegar a fin de mes

Mucha gente, hombres y mujeres, luego de llegar a la edad en la que se acogen a los beneficios de la jubilación continúan trabajando, haciendo alguna changuita para sumar unos pesos extras a las magras jubilaciones que se pagan en el país.

En muchos, demasiados rubros las mínimas no superan los 20.000 pesos, inclusive algunos cobran 18.000 pesos, sumas que, hoy día, no alcanza para sobrevivir una quincena.

Están los casos en que la que tanto el hombre como la mujer cobran y en la suma de los dos arriban a una suma que les permite paliar la situación, siempre y cuando no alquilen o tengan gastos fijos por medicamentos muy altos, como suele pasar en los adultos mayores que, en un número importante, suelen tener inconvenientes con las obras sociales en el caso de los docentes afiliados al Osplad.

Los trabajadores autónomos, aquellos que han tenido un emprendimiento comercial, sea cual fuere el rubro, terminan cobrando la mínima, después de 35, 40 o más años de trabajo. Propietarios de ferreterías, tiendas, despensas, distribuidoras, pese a aportar y mucho, en concepto de impuestos generando mano de obra genuinas, una vez jubilados siguen al frente de sus negocios.

Están aquellos que también, en relación de dependencia, han aportado, pero la plata no les alcanza y buscan un trabajo alternativo para llegar a fin de mes. Es así que muchos manejan un remis y otros trabajan de serenos.

En el campo la situación no difiere de lo que pasa en la ciudad. Productores que son dueños de sus campos deben seguir trabajando los mismos, porque la jubilación está por debajo de la línea de pobreza, en los límites de la indigencia. Días pasados entrevistamos a “Tito” Ross, colono de “El Potrero”, que a los 75 años sigue trabajando en su campito de 26 años para reforzar su jubilación.

Hugo Godoy, paisano, que trabajó toda su vida como mensual de campo no tiene campo, si una casa en la ciudad, donde sufrió robos en más de una oportunidad. El hombre de 70 años tiene unas vacas que pastorea en las calles del potrero y que luego encierra en parte de las instalaciones del Centro Cívico en donde la gente del lugar le dio permiso para vivir en una casita que se encuentra en las instalaciones mencionadas. Godoy contó que lo que “cobro, 17.000, 18.000 pesos, no me alcanza. Tengo esposa e hijas y en esa suma no es mucho lo que puedo hacer”.

Aseguró que todos lo conocen y que cuando sale una changa en el campo la hace sin problemas. En este sentido, agradeció que “por fortuna hay gente gaucha que me da una mano y me permite tener unos animalitos que cuido y si es necesario hago las veces de partero, como días pasados con una vaquilla de primera parición”.

Acotó que “por la falta de lluvias, y en consecuencia de pastos, salgo con los animales a pastorear por los caminos de la zona”.

“Los 70 años no son un problema, mientras haya voluntad y necesidad de trabajar. Toda la vida lo hice a lomo de caballo con hacienda en distintos establecimientos rurales. Estoy acostumbrado a arremangarme la camisa y hacer lo que sea”, concluyó.

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