Kirchner busca que el chirlo electoral no sea tan fuerte y trata de ponerle límites
Por Jorge Barroetaveña
Especial para El Día
Hace exactamente 20 años, cuando la crisis económica se le caía sobre la cabeza, Raúl Alfonsín tiró un manotazo desesperado: adelantó los comicios cinco meses y los instaló en mayo, tratando de evitar la derrota ante el peronismo y lo peor del desastre que sobrevendría. Sus economistas, le habían advertido que la duración del Plan Primavera no soportaría pasar la segunda mitad del año y que el clima que rodearía al comicio sería perjudicial para las escasas chances de victoria que le quedaban a la UCR.
La decisión, ajustada a las necesidades electorales del oficialismo de entonces, no hizo más que precipitar los acontecimientos. Menem y el PJ le ganaron contundentemente a Eduardo César Angeloz y el país entró en una vorágine que acabó con los saqueos de supermercados y la hiperinflación. El final, triste y no pensado, fue el opuesto al que ideó Alfonsín con la jugada que lo único que consiguió fue acelerar su muerte en el poder.
Pasan los años y los políticos suelen no aprender de sus errores. Repensado aquel movimiento táctico, Néstor Kirchner pergeñó en Olivos este fin de semana, la movida electoral. Con los números de Catamarca en la mano y una paridad peligrosa en la Provincia de Buenos Aires no le quedaron demasiadas alternativas. La economía, y lo admitió la propia Presidenta en sus últimos discursos, está al borde de la recesión y se ignora la profundidad de la crisis que afecta al mundo. Su correlato argentino nadie se atreve a aventurar hasta dónde podría llegar, y el PJ podría encontrarse en octubre con lo peor encima del escenario. Si hacer campaña en estos tiempos se ha vuelto complicado, en las cercanías de octubre se volverá una tarea titánica.
Sabedor de la situación, y siempre dispuesto a jugarse todo, Kirchner decidió y bajó línea a sus lugartenientes. La decisión, como tantas otras, fue tomada en la soledad de la Residencia Presidencial de Olivos. Gobernadores y ministros se enteraron por los medios, aunque un rato después del anunció, Kirchner en persona llamó a unos cuantos. Las órdenes fueron claras: acelerar los tiempos, salir a pegarle al campo y a los medios y defender el ‘modelo’ a capa y espada. “¿Estás conmigo no?”, fue el final más escuchado por todos los interlocutores del ex presidente. Esta semana, o la que viene, se oficializará su candidatura como diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires y se intensificarán las visitas al conurbano. Kirchner abandonó hace lejos en el tiempo sus ganas por recuperar a la clase media urbana y ya no soporta a la clase media rural. Ahora se aferra como un salvavidas a los sectores más pobres, los más afectados por la crisis y aquellos que podrían serle esquivos si las elecciones se hicieran en octubre, en medio de la debacle recesiva.
Los argumentos oficiales, lucieron endebles y escasos a la hora de justificar el manotazo. Las crisis se enfrentan con decisión pero con la ley en la mano. El propio ex presidente le mojó la oreja a Brizuela del Moral en Catamarca por el adelantamiento electoral y lo acusó de hacerlo por ‘miedo a perder’. Pero el zapato de las instituciones, le ajusta donde más le conviene al kirchnerismo y si su supervivencia depende de la modificación de una ley, allá vamos, todo es posible.
Si la recesión es el fantasma que más asusta al gobierno, la falta de tiempo corre a la oposición. Macri, que había resuelto desdoblar las elecciones en Capital, se ha visto beneficiado porque podrá jugar con su carta más importante, Gabriela Michetti en los dos comicios, algo que también podría darle viento a favor a sus aliados de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, el anuncio oficial, abrió grietas entre Solá y De Narváez, y dejó en una posición complicada a los radicales y a la Coalición Cívica que hace meses vienen hablando, pero no se deciden a dar el salto.
Para los radicales hay una complicación adicional: deberán ajustar su cronograma de internas y selección de candidatos si quieren llegar a junio, algo que los dejará con poco tiempo para hacer campaña. El año electoral entonces, será, por deseo oficial, rápido y furioso, aunque nadie se atreve a augurar algún resultado y hasta dónde el mal humor social se trasladará a las urnas.
El gobierno ha resuelto jugarse a todo o nada. “Hay que salvar la gobernabilidad”, deslizó Néstor, cuando su mujer todavía saludaba a los asistentes al acto en Rawson después del anuncio. Si la gobernabilidad está en juego, es porque la debilidad del gobierno es extrema y sólo un resultado electoral podría sostenerla. Este discurso apocalíptico luce ahora en las antípodas del que la propia Presidenta mantuvo en los últimos meses, asegurando irónicamente que serían los países del Primer Mundo los que deberían buscar un Plan B y que la Argentina sería inmune a la crisis. En medio del vendaval, azuzar viejos fantasmas y poner a la sociedad al borde del abismo nunca dio buenos resultados. Si la intención oficial fuera llamar a una concertación nacional, una medida como el adelantamiento de las elecciones hubiera merecido una ronda de consultas con la oposición, al menos parlamentaria. Claro, si los gobernadores y los ministros no fueron consultados, muchos menos lo iban a ser dirigentes de la oposición. Eso no está en el catálogo de las buenas costumbres kirchneristas.
Néstor y Cristina intuyen desde su fino olfato político, que los aires han cambiado, y que la gente blande la mano dispuesta a pegar el chirlo. Podrán cambiar el lugar, la hora y la circunstancia, pero la intensidad del castigo la pondrá la sociedad. Esa a la que dicen proteger, pero no les importa manipular de acuerdo a sus propias conveniencias.
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