La actual crisis global es algo serio y complejo¹
Por qué la Europa de hoy no es comparable a la Argentina de 2001.Jorge KerzColaboraciónLas crisis económicas globales parecen mostrar, (si uno analiza sus manifestaciones a lo largo de la historia), reiteraciones en las formas de presentarse, por lo menos en lo que hace a las sociedades modernas, donde el término crisis apareció con vehemencia, y de manera periódica.Es común encontrar, cuando una crisis comienza a asomar, cierta intención por parte de todos de buscar e identificar a los "culpables" o a los "responsables", tratando de asignar las causas de la misma a determinados errores cometidos, algo que puede derivar en perspectivas sesgadas e incorrectas. Ninguna crisis social o económica de carácter global puede ser atribuida a errores, interpretaciones inadecuadas o a acciones incorrectas de algunos "culpables". Si bien, por supuesto, de manera relacionada a una crisis aparecen seguramente errores, soluciones incorrectas, o interpretaciones erradas, podemos decir que los errores no acontecen sólo antes de una crisis, sino que ocurren muchísimas otras veces en el transcurso del tiempo sin que necesariamente deriven en crisis de carácter global.Las crisis, en realidad, parecen ser, en lo que hace a la sociedad industrializada, algo relacionado con el propio modelo de funcionamiento que define a estas sociedades. Si bien no soy afín a las macroteorías sistémicas en lo que hace al estudio de las sociedades, podría uno aceptar, (si se toman las distancias suficientes para un análisis), que las crisis parecen ser algo propio y hasta "funcional" para el desarrollo de la misma sociedad. Reitero: esta afirmación puede considerarse desde una perspectiva sistémica, y siempre y cuando se adopten las distancias suficientes y se analice desde una perspectiva de largo plazo.Un teórico sistémico se preguntaría acerca de cuál es la razón que lleva a que la sociedad "necesite" de estas crisis de envergadura. La respuesta sería que el crecimiento económico y el "orden" social se mueven dentro de una diversidad de contradicciones y de problemas que deben ir resolviéndose². Una de las principales contradicciones dentro de la sociedad que denominamos industrial, y en base al precepto elemental de crecimiento que caracteriza a estas sociedades, es la que se presenta entre la estabilidad y el cambio de la misma sociedad (algo que de por sí hace a cualquier sociedad, pero se evidencia con mayor plenitud en las sociedades complejas). Estos dos aspectos, -estabilidad y cambio-, son igualmente determinantes para el funcionamiento de nuestras sociedades ya que por un lado se necesita de la estabilidad para poder posicionarse desde ciertas certezas hacia el futuro y tomar decisiones, y para percibir cierto orden en lo cotidiano de la vida. La estabilidad se manifiesta por ejemplo en la existencia de normas, leyes, reglas, instituciones, formas de cooperación y prácticas que posibilitan inversiones, proyectos de vida, y decisiones de largo plazo³. Cualquier inversión se sustenta, por ejemplo, en las expectativas futuras y en lo que cada cual considera como ritmo esperado del crecimiento. Al mismo tiempo ocurre el fenómeno de que esas inversiones y esas decisiones que tomamos en un momento dado, producen de por sí transformaciones en la sociedad misma. La sociedad en la cual tomamos decisiones hoy será, por las propias consecuencias de nuestras decisiones, modificada por el posterior resultado de dichas decisiones. La sociedad con la cual nos encontramos en el transcurrir del tiempo no es para nada la misma que fue en aquel momento en que los miembros de esa sociedad decidimos realizar, por ejemplo inversiones en tecnología, o producción o servicios⁴.Esos cambios, esas modificaciones e innovaciones, sean del tipo que sean, nos llevan a la necesidad de ir estructurando nuevas y diferentes formas de relacionarnos, o formas de comportarnos, luego que transcurre cierto tiempo y en circunstancias distintas (instituciones, infraestructuras, explicaciones) producto de las transformaciones ocurridas. Las crisis aparecen así como importantes, y quizás como una consecuencia ineludible, ya que, ante una crisis de envergadura global, la sociedad toda, como un conjunto y durante un período de tiempo, se enfoca hacia la resolución de ciertos problemas de fondo y comunes para todos, que son necesarios de resolver para sortear límites impuestos en la sociedad, para innovar en instituciones y en las perspectivas de entender las realidades, y para poder, por supuesto, diseñar formas de volver a obtener la estabilidad y ese sentido de continuidad que se manifiesta mediante el ritmo esperado y adecuado en el transcurrir del orden social. Ambicionamos, cuando nos abocamos a la resolución de una crisis de carácter global, a encontrar los nuevos y necesarios manejos adecuados dentro de esa contradicción entre estabilidad y cambio (buscamos establecer nuevas estabilidades frente a lo que ha cambiado). Ulrich Beck⁵, por ejemplo, hizo notar, al hablar de la sociedad del riesgo, que las respuestas a los nuevos riesgos eran en la actualidad encaradas mediante estructuras y formas institucionales que habían sido adecuadas para una sociedad anterior: diferente y con riegos distintos.Cuando uno analiza estos procesos desde una perspectiva histórico-sociológica, podemos aseverar que no todas las crisis tienen los mismos componentes⁶. Algunas crisis son, según este punto de vista, más relevantes, centrales y determinantes que otras ya que permiten ir esbozando y definiendo nuevos períodos, con cualidades especiales que configurarán a su vez épocas distintas en lo que hace a las perspectivas del futuro y al desarrollo de la sociedad. Estos fenómenos son identificables con posterioridad a la ocurrencia de las llamadas crisis globales. Las instituciones, las prácticas, las formas de organización y las infraestructuras, son sólo identificables posteriormente (interpretadas y racionalizadas) ya que se produce un desplazamiento temporal donde esas nuevas cualidades de la sociedad se establecen y se internalizan en un período posterior a la salida de la crisis.Estas crisis globales suelen aparecer, si consideramos una revisión desde la perspectiva histórico - sociológica, de manera espaciada y con una cierta periodicidad de aproximadamente cuarenta años entre una y otra. Es aproximadamente cada 40 años que una crisis de estas características ha tenido lugar. Existen hoy ciertos elementos que, además de la distancia de aproximadamente 40 años de la última crisis global (1970), indicarían lo adecuado que sería considerar como crisis de este tipo (global) a la que atravesamos en la actualidad. Es necesario reiterar aquí que en las anteriores crisis de este calibre, siempre ha tenido lugar un posterior acomodamiento institucional y estructural de profunda transformación para la sociedad.Desde el punto de vista del largo plazo podemos encontrar algunas herramientas para la comprensión de la actual crisis y para poder vislumbrar la posibilidad de que nos encontremos ante la eventualidad de procesos de transformación e innovación de importantes envergaduras.La revolución industrial es un concepto central para muchas ciencias y por supuesto para la sociología (incluso el mismo surgimiento de la sociología se encuentra de algún modo emparentado con este fenómeno). Se suele afirmar que en realidad, además de la originaria revolución industrial, es conveniente identificar dos momentos posteriores, dos nuevas revoluciones o dos procesos de transformaciones de enorme envergadura. (Muchos hablan incluso de la existencia de tres revoluciones industriales)⁷. La originaria revolución industrial acontece vinculada a la máquina de vapor, con su importante impacto allá por 1790/1800⁸. Es sobre aquel cambio de siglo cuando de manera prácticamente generalizada se identifica la incidencia de esas maquinarias en el camino hacia la industrialización, hacia la estructuración de las primeras fábricas, y hacia el establecimiento de las relaciones en el trabajo, y de las instituciones del capitalismo originario. Sin embargo, para este análisis, y para la sociología (y para la historia económica), es necesario identificar un segundo y un tercer momento (o etapas) de revolución industrial: el segundo momento se encuentra relacionado con las innovaciones que impactaron fuertemente en las formas de organización del trabajo y de la sociedad industrial, y en las instituciones del capitalismo en general. Estamos hablando del surgimiento y del inicio de la era de la electricidad y de los motores, tanto eléctricos como de combustión. En ese entonces se produce la ampliación del taller y se conforma la moderna sociedad industrial.El tercer momento lo podemos situar inicialmente en la década del 70 cuando comienzan a desarrollarse los primeros microprocesadores, y la electrónica hace su verdadera aparición. Es entonces cuando la computarización comienza a establecerse, partiendo desde las primeras calculadoras hasta internet y la telefonía móvil, para llegar hoy a la integración digital, con la influencia en la robotización, en las formas de industrialización, en la comercialización y en la integración global⁹.Estos tres aspectos de la revolución industrial han incidido en la conformación de la sociedad de diferentes maneras. En la interrelación que se da entre los tres momentos de la revolución industrial, de las innovaciones tecnológicas y de la sociedad podemos encontrar algunos aspectos que pueden orientarnos para la observación, el análisis y la comprensión de la crisis actual.Si bien dijimos que el inicial impacto de la revolución industrial puede ser situada sobre el cambio de siglo 1790/1800, podemos al mismo tiempo precisar que una de las infraestructuras más consistentes e indiscutidas que se consolidó en la sociedad, recién se alcanzó a afianzar a mediados de siglo XIX donde a nivel mundial adquirió el ferrocarril el rol central como modo de transporte, comunicación y vinculación. Este fenómeno estructural y de comunicaciones llevó además a profundas e importantes transformaciones, como ser el surgimiento de nuevos poblados, mayores y diferentes posibilidades de comercialización y ocupación de los territorios, con el consiguiente desplazamiento o incorporación de pueblos originarios y colonización, o directo colonialismo, en otros casos. La consolidación de los estados liberales nacionales y la finalización de las unificaciones en la Europa de fin de siglo XIX (el surgimiento del nacionalismo con su influencia en las guerras del siglo XIX, y en los procesos militares de unificación de Italia y de Alemania, donde estos dos últimos estados se conforman mediante monarquías nacionales), y el surgimiento del imperialismo, con su peso en las relaciones entre las naciones que compiten en ganar territorio, también puede ser vinculada, como la institucionalidad alcanzada en este momento de la revolución industrial, con las crisis globales acontecidas en 1840 y 1880.Algo similar ocurre con el segundo momento de la revolución industrial: el inicio del motor de combustión se encuentra en los alrededores de 1890 y de igual manera podemos afirmar que a mediados de siglo XX ya no es ese motor el tema ni el fenómeno en discusión (el impacto se encuentra dado), sino que lo que se analiza y descubre es la existencia y la virtud de la economía de masas y la consecuencia generalizada que para la sociedad acarrea la consolidación masiva del automotor, de las carreteras y del ingreso de ese medio de transporte en forma intensiva, algo que define uno de los aspectos más determinantes de la estructura de comercio y de la infraestructura de transporte, comunicación e integración. Debemos recordar que conjuntamente con la infraestructura y la industria automotriz fueron configurándose muchas otras cualidades de la sociedad industrial como el pleno empleo y la sociedad de bienestar (esta institucionalidad se afirmó luego de la crisis global de 1930). Además, la electrificación masiva aportó a la base infraestructural de la sociedad que se conformó mejor calidad de vida y amplió los servicios elementales de manera masificada.En la actualidad vivimos un momento que posee similitudes con los dos fenómenos anteriormente descriptos. La revolución digital inicialmente incorporó a nuestras vidas nuevas tecnologías, desarrolló la robotización, vinculó mediante redes a la población mundial, y lleva hoy, si tenemos en cuenta los ritmos anteriormente apuntados, a que nuestra sociedad se encuentre actualmente en busca de estructuraciones y de formas institucionales que puedan atender las transformaciones sociales subyacentes. La sociedad global se encuentra desafiada para encontrar modos adecuados (e innovadores) de responder a problemas que no se pueden resolver mediante mecanismos institucionales surgidos en periodos anteriores. Hoy por ejemplo, para la consultora McKinsey, el 50% de los usuarios de la web se encuentran en los países emergentes, y el 73% de usuarios de Internet tienen como idioma principal alguno que no es el inglés. Gran parte de este crecimiento es debido a emprendedores que aprovechan el potencial de la red para el desarrollo de sus negocios. Al día de hoy, se crean por hora 16 nuevas empresas relacionadas con Internet en el mundo. El estudio de McKinsey informa además que, por ejemplo, las Pymes mexicanas que invierten en la web han incrementado hasta en un 9% sus ingresos, reduciendo sus costos hasta un 5% y aumentando su productividad hasta en un 16%¹⁰. Por otra parte, para el Boston Consulting Group (BCG), en Argentina, la economía online llegó a representar en 2010 el 2% del PBI con U$S 6600 millones, algo equivalente al aporte que realiza el sector de hoteles y restaurantes, y encontrándose cercano a la mitad de la contribución que el sector de la construcción alcanza. El mismo estudio prevé que el sector continuará en expansión para incrementar dentro de 4 años su participación en el PBI alcanzado el 3.3%¹¹.Notas:¹Basado parcialmente en Lennart Schön, profesor en Historia Económica. Lunds University. (Ekonomiska kriser går i cykler. UR Samtiden - Lundaforskare föreläser)²Seminario Internacional "Los desafíos económicos del desarrollo" Santiago. Chile. 29 y 30 de agosto de 2011. Ver Conferencia inicial de Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL.³Si bien las leyes, por un lado, producen cambios, y las instituciones, las formas de cooperación y las prácticas sociales, por otro lado, se transforman con el transcurrir del tiempo, lo hacen dentro de procesos que son percibidos como manejables por la generalidad de los actores sociales.⁴Las perspectivas de la relación entre estabilidad y cambio, y los aspectos funcionales fueron trabajadas conceptualmente por ejemplo por clásicos como Durkheim o Parsons, e incluso por Huntington, Samuel. (2006). Political Order in Changing Societies. New Haven. Yale University Press.⁵Beck, Ulrich. (1998). La sociedad del riesgo. Barcelona. Paidós. ⁶Vidal, Dominique, Badie Bertrand. (2010). El estado del mundo 2011: el estado de las relaciones internacionales, el estado de la economía mundial, el balance del año de 214 países del mundo. Madrid. AKAL.⁷International Journal of Risk Assessment and Management (IJRAM). Volume 2 - Issue ½. (2001). Manion, Mark & Evan, William M. Chapter 4: three industrial revolutions. Págs. 71-80.⁸La Primer máquina de vapor había sido la de Thomas Newcomen en 1705 mientras que James Watt la perfeccionó significativamente en 1769 y el telar mecánico fue inventado en 1785 por Edmund Cartwright.⁹Ver por ejemplo Rifkin, Jeremy (2011) La tercera revolución industrial. Barcelona. Paidós, donde se analizan los impactos de la convergencia entre las energías renovables y la Internet.¹⁰McKinsy Global Institute: "Internet matters: The Net's sweeping impact on growth, jobs, and prosperity". (May. 2011) by Matthieu Pélissié du Rausas, James Manyika, Eric Hazan, Jacques Bughin, Michael Chui, Rémi Said.¹¹The Boston Consulting Group (BCG). (March 2012). The Internet Economy in the G-20: The $4.2 Trillion Growth Opportunity. David Dean, Sebastian DiGrande, Dominic Field, Andreas Lundmark, James O'Day, John Pineda, Paul Zwillenber.Ficha técnicaJorge Alberto Kerz es sociólogo, Master en Ciencias Sociales de la Universidad de Lund, de Suecia. En la actividad privada trabajó en proyectos de desarrollo local y regional y en mejoras organizacionales de la administración pública.Es docente del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina y ha sido profesor en la Universidad Católica de Santa Fe, en la Facultad de Trabajo Social de la UNER y en el Posgrado de Derecho Laboral de la Universidad Nacional del Litoral.En la función pública fue Defensor del Pueblo de Paraná, Coordinador de Políticas Sociales y Presidente del Consejo General de Educación de Entre Ríos. Fue diputado provincial y en la última elección candidato a vicegobernador por el Frente Entrerriano Federal.
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