La ancianidad frente al compromiso (o descompromiso) sanitario
Hecha la ley, hecha la trampaPor un lado, el estado instrumenta con las mejores intenciones, leyes para la protección de las personas con discapacidad, donde claramente incluyen a las personas ancianas con enfermedades que provocan discapacidad (como el mal de Alzheimer y las demencias en general, por ejemplo).Por: Dr. Julio César Zarra Especial para El Día Pero por otro lado, el mismo estado, desde otros organismos operativos (como Obras Sociales y secretarias de salud) dice "desconocer" dichas leyes, haciendo caso omiso, refugiándose o amparándose en insustanciales argumentos, como refieren muchos pacientes y familiares de pacientes, haber escuchado como respuesta en su obra social: "Si, la ley de discapacidad existe y es nacional, pero acá estamos en la provincia, o sea que todas esa leyes no tienen ninguna vigencia acá". Así, de acuerdo a que la Obra Social del estado sea nacional, provincial o municipal, se inclinará para uno u otro extremo, de acuerdo a su propia conveniencia, que no siempre es para conveniencia de sus pobres y desprotegidos afiliados.Negando u obstaculizando tratamientos imprescindibles para la supervivencia y posibles mejorías de enfermedades gravísimas y terminales, como por ejemplo cobertura de medicamentos en enfermedades crónicas y terminales, que muchas veces, por los interminables, absurdos e irrespetuosos trámites a que son sometidas durante largos meses las personas que los solicitan, el paciente muere antes que se le otorgue el "beneficio" de acceder a un medicamento, que por su presupuesto de haber jubilatorio jamás podría comprar.Así es muy común ver las caras de decepción, desasosiego y desesperanza de los afiliados de obras sociales estatales que solicitan insumos y son "despedidos" con despiadadas respuestas negativas por parte del personal de dichas obras sociales, que en algunos casos, parecieran estar entrenados para negar abiertamente lo que el mismo Estado ofrece: cobertura de medicamentos específicos, irremplazables y estrictamente necesarios, sillas de ruedas, camas ortopédicas, enfermería profesional a domicilio o cuidadores profesionales de pacientes con demencia o enfermedades que provocan postración, etc. etc. Testimonios cotidianos del desamparoNo hace falta ser un trabajador de la salud para escuchar a diario la voz de los desamparados. Cualquier persona sensible y receptiva que salga a las calles podrá escuchar a diario expresiones como: "Después de 6 meses de estar pidiéndola, por fin nos dieron la cama ortopédica para mi abuela".Aclarando que "el dar" no es un regalo, no tiene porqué serlo, no debe serlo, ya que es un bien de uso del estado, que debe circular entre aquellos que lo necesitan. Sólo es un préstamo que después de dejar de usarse, se devuelve a la obra social para que pueda prestarse a otra persona. O "estuvimos más de un año pidiendo que nos cubrieran los medicamentos para mi papá que tiene Alzheimer y al final cuando nos dieron la cobertura, solo los pudo tomar un mes porque después falleció". O, "al final, después de ir más de 20 veces durante 6 meses, nos prestaron la silla de ruedas para el abuelo que no puede caminar". Y miles de testimonios más que a diario se escuchan en todos los consultorios médicos del país, sin contar las colas, las interminables esperas y por qué no hasta los maltratos de los empleados de estas obras sociales a cualquier indefenso y desprotegido anciano, afiliado de esta obra social. Obra social a la que se supone que ese mismo anciano sostuvo económicamente, en forma directa o indirecta, en el período activo de su vida, con el aporte de fondos por los descuentos en sus haberes o por el pago de sus impuestos.Políticas sanitariasAsí, desde las administraciones de políticas sanitarias, se debería apoyar la asistencia integral al anciano tanto sano como enfermo, de una forma que todavía dista mucho de ser la esperada. Sobre todo cuando se llega a la situación límite de la dependencia o la imposibilidad de auto valerse del anciano.Por eso, aclaremos que con respecto a la "cultura de la internación geriátrica", uno de los objetivos de la Geriatría y de la Gerontología es que el anciano permanezca el mayor tiempo posible en su domicilio, asistido adecuadamente, mediante la utilización de recursos sanitarios y sociales adecuados. En esto, debemos reconocer y valorar, que aunque hace muy poco tiempo y con bastantes trabas en algunos casos, recién ahora algunas obras sociales del estado, no todas, están implementando la cobertura de personal profesional para las internaciones domiciliarias de los ancianos discapacitados.La Geriatría ofrece una respuesta eficiente a las muchas y complejas necesidades que tiene el paciente mayor. La asistencia geriátrica, entendida como la atención al paciente mayor vulnerable o de alto riesgo, debe ser contemplada tanto en atención primaria como especializada en la Cartera operativa de Servicios del Sistema Nacional de Salud. Ojalá algún día podamos verlo. La esperada "jubilación"A pesar de una primera impresión de inactividad, una proporción importante de las personas mayores está dispuesta a seguir realizando aportes activos a la sociedad: trabajar, transmitir parte de sus conocimientos profesionales a otros, o cuidar a personas que lo necesiten. Pero detrás de todas esas expectativas se esconde el día a día de nuestros mayores, principalmente de los que ya no se valen por sí mismos y de sus familias o cuidadores, que los acogen y se enfrentan a una vida organizada alrededor de ellos. Vivir con un anciano que requiere atención constante resulta muy duro, y en la mayoría de las ocasiones poco gratificante. Y si éste se encuentra en un estado de discapacidad, muchísimo peor aún. Como en el caso de una demencia, en que decimos que el mal de Alzheimer es una enfermedad que se cobra dos víctimas: el enfermo y su familiar cuidador. Y también podemos hablar de tres víctimas: el enfermo, su familiar cuidador y todo el resto de su familia. Aún así, es una opción elegida por muchas familias y aceptada con resignación por otras tantas, debido a que las infraestructuras gerontológicas (sistema de salud, políticas sanitarias, presupuesto económico para implementar recursos, etc.) de nuestro país resultan insuficientes.Parte de su curriculumEx Docente de las Cátedra de Psiquiatría de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata. Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano de La Plata. Buenos Aires.Médico Consultor del centro de Neurología y Psiquiatría-Psicología (CeNyPP) de Gualeguaychú, Entre Ríos.Miembro de la International Psychogeriatric Association (IPA). Miembro de la International Neuropsychiatric Association (INA). International Member of the American Psychiatric Association (APA). Miembro de la Asociación Neuropsiquiátrica Argentina (ANA). Miembro de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).Investigador principal y co-investigador en estudios de Investigación Clínica en Psiquiatría y Neurología, sobre trastornos de la memoria y enfermedad de Alzheimer.* www.juliozarra.comESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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