La angustia de no saber si el futuro será peor que nuestro pasado
Desencanto, desazón y angustia. Es una mezcla extraña de sensaciones que abarca a buena parte de la sociedad. La rémora de 'esta película ya la ví' volvió a pavonearse sin mucho drama esta semana. Volvió a poner al dólar en el centro de la escena y sacudir el árbol para ver si otra vez aparece el helicóptero. Para unos, la felicidad de decir 'te lo dije'. Para otros, la angustia por un futuro incierto. Jorge Barroetaveña El dólar está por debajo de 40 pesos a la hora que esto escribimos. Las 15,30 del viernes 31 de agosto de 2018. Se cuenta por minutos a esta altura. Una corrida cambiaria dejó en evidencia la ineficacia de la gestión Macri para manejar la economía, lejos de las expectativas que generó entre sus votantes en el 2015. Él fue responsable de eso cuando proclamaba a los cuatro vientos que la inflación era el problema "más fácil", para solucionar. También su origen empresario y la venia del círculo rojo, hizo suponer que el tránsito hacia una economía ordenada sería más sencillo. Poco de eso pasó. Quizás lo único fue la salida exitosa del cepo cambiario y la implementación de los créditos hipotecarios, hoy en duda por el tembladeral económico. La salida del retraso tarifario fue desordenada, la inflación nunca estuvo bajo control y al final del camino hubo que recurrir al Fondo Monetario para que aportara los dólares que los mercados internacionales ya no nos quieren dar.El invierno económico sepultó los brotes verdes del año pasado y, pese a eso, los comicios de mitad de mandato fueron un respaldo para Cambiemos. Una porción importante de la sociedad volvió a confiar y a respaldar con su voto un proceso que ya no estaba tan claro. Macri nunca encaró reformas de fondo ni tampoco sinceró el estado real del país que había recibido. Soberbia, exceso de confianza, abundancia de márketing y poca calle se volvieron determinantes para que, a poco más de un año de finalizar su mandato, lo que reine sea el escepticismo, cuanto menos, sobre su futuro político. Esto no significa que las elecciones del año que viene estén definidas porque la oposición tampoco hizo lo suyo. Acá está una de las claves. Al angustiado votante independiente, lo azota la desesperanza, la falta de expectativa sobre alguien que pueda encarnar sus objetivos. En el 2015, Massa naufragó entre los extremos y Cristina volvió a demostrar que es competitiva pero sola no puede ganar una elección.Cambiemos arrastrará en el 2019 sus propias negligencias, y la oposición todavía no sabe cómo capitalizarlas. El peronismo se debate entre el pasado reciente, un presente caótico y un futuro incierto. Fue patético ver a Miguel Ángel Pichetto, como un cancerbero, asegurándole a Cristina que no irá presa. Es su vida, pero también su muerte. Si abren las puertas del Senado, es probable que se condenen a sí mismos. Si las cierren, es probable que nos condenen a todos.Esa disyuntiva pone en blanco sobre negro el debate político que se cierne sobre el país. Disconformidad con lo que pasa pero incertidumbre sobre el futuro. El peronismo se equivoca si piensa que la gente está dispuesta a volver al pasado. Las sociedades nunca dan vuelta al revés los libros de historia, ni empiezan a leer los diarios por la contratapa. Son procesos evolutivos, a veces zigzagueantes, pero que no vuelven sobre sus pasos. Aquella elección del 2015, como la del 2017, marcaron un antes y un después. Algo así como billetera no mata más honestidad. Y un profundo deseo republicano, destinado a hacer mejores las instituciones que nos gobiernan. El fin, quizás, del 'roba pero hace'.Se equivocan los que piensan que podemos volver a transitar esos caminos, en los que la oscuridad favorece el robo. Para progresar sólo hay un secreto y es el respeto a la ley. Para algo los pueblos fundan sus estados y las constituciones para marcar los límites. Para que todos queden adentro y los vivos paguen las consecuencias.Algunos piensan que sacudiendo el árbol, se van a caer las manzanas y podrán aprovechar para sacar su tajada. Es otro capítulo de una película que ya vimos. Aprenderemos, ojalá sea ahora, que sólo el compromiso de cada uno nos podrá sacar adelante. Nadie se salva solo. Y que el esfuerzo de muchos redundará, con el tiempo, en los frutos para otros.¿Estamos dispuestos como lo hicieron nuestros abuelos para trabajar por nuestros nietos? ¿Estamos dispuestos a no ver el fruto de nuestro trabajo, para que lo puedan ver las próximas generaciones? ¿Qué tan dispuestos estamos a sacrificarnos por un futuro que nunca nos pertenecerá? Alguna vez alguien lo hizo, por eso fuimos lo que fuimos. Hay que bucear en nuestro propio pasado para encontrar la respuesta. Y recuperar los valores que como sociedad hemos perdido. Ayer fue Cristina, hoy es Macri y mañana quién lo sabe. Pasarán, pero nosotros quedaremos haciendo lo que sabemos hacer. Sosteniendo lo que elegimos, le pese a quien le pese.
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