“La Argentina está jodida pero no está fundida”
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En su chacra de las afueras de Montevideo, el ex presidente uruguayo (2010-2015) dijo que "la sensibilidad por los más débiles no es moderna" y explicó su idea de cómo se forjan la política y la cultura.A la chacra de José Mujica en las afueras de Montevideo llegan micros de turistas de distintos rincones del mundo para intentar conocerlo. Pepe y Lucía (Topolansky, actual vicepresidenta del Uruguay) viven con sencillez y sobriedad. Mujica odia la palabra "austeridad". Dice que es utilizada para reducir derechos y dejar sin trabajo a la gente. "Vive como piensas, o pensarás como vives", repite siempre este personaje único a quien la izquierda del continente considera un faro.Antes de esta entrevista, Mujica ya había estado en la celda de Curitiba con su amigo Luiz Inácio Lula da Silva, a quien define como el "pacificador" de las contradicciones del Brasil.-¿Cómo encontró a Lula?-Lo vi bien, más delgado, siempre con su temperamento jocoso, por un lado, y también horrorizado por lo que está pasando en Brasil desde el punto de vista de la enajenación del patrimonio del Estado y la transformación de la legislación laboral. Él considera que todo este episodio, que incluye la destitución de Dilma, es parte de un proyecto para cambiar las condiciones del país. Lula es el único que está en condiciones de permitir que Brasil vuelva a su natural alegría de vivir.-¿Cómo hizo para transitar la prisión y vivir sin rencor?-Les tengo bronca al odio y al fanatismo. Una cosa es la pasión y otra cosa el fanatismo. El odio es como el amor, ciego. El amor tiene la ventaja de que es creador, reproductor. El odio es destructivo. Si uno vive mirando para atrás intentando cobrar o algo por el estilo cuentas incobrables y no se embebe hacia el futuro queda como dando vueltas a una columna. La naturaleza es sabia. Estaría bárbaro que nos hubiera puesto un ojo atrás para cuidarnos la espalda. Pero nos puso dos ojos para delante: la vida es mañana, es porvenir. Tengo recuerdos de dolor y de angustia. Pero hay que vivir por mañana. Tal vez sea una cuestión de temperamento. Nunca pensé que me iba a morir preso. Nunca pensé que cuando saliera no iba a seguir militando. Tampoco pensé que iba a ser presidente ni nada por el estilo y que me iba a meter en esta camisa de once varas. Estaba convencido de que iba a seguir luchando.-¿Cómo ve hoy la Argentina?-Yo soy uruguayo. O sea, un argentino al que patearon del puerto de Buenos Aires. Ésa es la historia verdadera y no me conviene hablar mucho de cómo veo a la Argentina. Sería como meterme en un pueblo que es mi pueblo pero al mismo tiempo quedaría mal interpretado.-Somos una misma nación, separada en dos países.-Sin duda. Lo que te puedo decir con preocupación, por historia, es que cuando a la Argentina le va mal a nosotros nos termina golpeando fuerte. Lo que más me asusta es esto del endeudamiento, porque después hay que pagar en algún momento y sé lo que pasa. Esta historia se repite. También estoy aburrido con la repetición de que la Argentina está fundida. Y no, no está fundida. La Argentina está jodida pero no está fundida. Porque después reflota. Tiene la desgracia de tener demasiados recursos naturales y cae en el despilfarro, pero es mi pueblo. Me duele.-¿Qué debería haber hecho la izquierda para dar la discusión del poder real en América Latina y para que estas cosas no ocurrieran?-Creo que la historia real no es fácil de compaginar con lo que nos puede parecer. Es un conjunto de acciones y reacciones y de limitaciones. Llegar al gobierno está muy lejos de llegar al poder. Y pienso que probablemente de esos 40 millones de personas que salieron de la pobreza, la inmensa mayoría, lo va a atribuir a su esfuerzo, a Dios, a cualquier cosa, menos a entender la política, que en su misión más esencial tiene que ver cómo se reparte la riqueza pública en una sociedad. Ese fenómeno se le escapa y entonces se ha incrementado la cantidad de consumidores. Que no equivale a la cantidad de ciudadanos que se dan cuenta del drama que viven. Por eso uno de los más graves problemas, que no es de hoy, es también en el fondo el esquema que tuvo mi generación.-¿Cuál sería el problema?-Pensábamos que el mundo cambiaba modificando las relaciones de producción y de distribución. Cambiando la estructura parecía que tendríamos un hombre distinto o mejor. Y no nos dimos cuenta tal vez (es mi interpretación) de que un sistema es a su vez generador de una cultura que le es funcional a largo plazo. Así como era funcional la resignación de la Edad Media a que esto fuera un valle de lágrimas porque luego vendría el paraíso. Esta etapa de sociedad hiperconsumista, donde estamos embarcados todos, es funcional a la lucha de la ganancia y a que seamos todos consumidores. Hemos sustituido las viejas religiones por la nueva religión, que es el mercado. Eso es más fuerte que los ejércitos y que las cuestiones de fuerza, porque es una cultura tácita, subliminal, que está jugando en el seno de todos los hogares. Entonces hay 40 millones que salieron de pobres que demandan más y son prepotentes, potenciales consumistas. Y nos parece que eso es equivalente a ser más felices.-¿Imaginaba que América Latina iba a ingresar en un período de retroceso?-Siempre lo desconfié. Yo tengo una interpretación pendular de la historia humana. Se habla de izquierda recién a partir de las divisiones en la Revolución Francesa. Pero toda la historia del hombre arriba de la tierra es una constante oscilación entre visiones más conservadoras y visiones mas humanísticas, hacia un lado y hacia el otro. La sensibilidad hacia el dolor de los más débiles no es moderna. Es tan vieja como que el hombre anda arriba de la tierra ha estado en una lucha permanente. Por eso esta ola reaccionaria va a fracasar, nunca va a triunfar definitivamente, porque la nuestra tampoco triunfa definitivamente. No hay derrota porque tampoco hay triunfo definitivo. La lucha es ir sumando escalones a favor de la civilización humana. Creíamos que luchábamos por el poder. En realidad nuestra lucha es por mejorar el contenido de esa herencia que se llama civilización. -¿Se imagina nuevamente presidente?-No... Es muy osado. ¿Vos sabes cómo se reproducen los yuyos? Son maravillosos. Tiran semillas y semillas. ¿Sabes lo que es domesticar un pasto y lograr que produzca semillas en una época más o menos regular para poderlo cosechar? Eso es domesticar. Los pastos naturales tienen una larga época de semillación y van tirando semillas. ¿Por qué? Porque priorizan la lucha por la vida. La semilla puede caer en un momento en que no hay condiciones para germinar. Entonces viene una larga temporada en la que van tirando semillas y semillas. Yo estoy en una etapa de la vida para sembrar. Y para sembrar ideas. Para tirar estas ideas medio raras que tengo. Para que otros las hagan pelota y me critiquen pero que no se queden anquilosados repitiendo esquemas de hace 70 años.-¿Tiene esperanzas de que esas semillas germinen?-Sí, siempre ha sido así.
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