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La asistencia del Estado, imprescindible en el combate contra el hambre durante el aislamiento

"Quedate en casa", un imperativo que resulta fácil de cumplir cuando se tiene la panza llena. Las restricciones a la circulación afectan directamente a los sectores de la informalidad laboral. Dentro de casa no hay "changas". Las políticas estatales de asistencia se vuelven fundamentales para contener una situación que es tan urgente o más que el problema sanitario.

Luciano Peralta

La pobreza avanza. El combo inflación + pandemia es explosivo. Y, lamentablemente, las noticias no son nada alentadoras. Según publicó el Indec, el último semestre del año pasado la cantidad de pobres en el país llegó al 35,5%, frente al 32% del mismo período del 2018.

La continuidad de la recesión, la imparable inflación y sus consecuencias en el costo de vida, más los efectos del coronavirus, hacen que, cada día, haya más y más familias que no llegan a fin de mes, la plata no alcanza. Otras miles no tienen para comer directamente.

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En este marco tan crítico y acuciante, el papel del Estado se vuelve a imponer como imprescindible. Así lo entendieron, desde un primer momento y con el Presidente a la cabeza, las autoridades nacionales. Los bonos para los jubilados y para quienes reciben algún tipo de ayuda gubernamental por su situación de vulnerabilidad no se hicieron esperar. El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de $10 mil se convirtió en un salvavidas para millones de argentinos que, a causa de la restricción de circulación, tuvieron que dejar de trabajar, formal o informalmente.

La mayor parte de la ciudanía parece entender la importancia de quedarnos en nuestras casas. Pero ¿Cómo sobreviven aquellos que viven de changas? ¿Cómo llega el Estado a esos sectores?

¿Cómo sobreviven aquellos que viven de changas? ¿Cómo llega el Estado a esos sectores?

El barrio popular “Los Espinillo”, como fue bautizado tiempo atrás por los propios vecinos el ex asentamiento norte, es una de las zonas más relegadas de la ciudad. Allí viven 43 familias y salvo algunas excepciones todas cobran alguna asistencia por parte del Estado.

Débora tiene dos hijos, de 6 y 4 años, y vive en el lugar hace más de seis años. “Mi marido es alambrador, estuvo trabajando de eso hasta el año pasado, cuando el hermano le consiguió trabajo de albañil”, relata. Y cuenta que, debido a la restricción de circulación, él tuvo que dejar de viajar a Buenos Aires, a donde iba todas las semanas para trabajar en la construcción.

“La hemos podido llevar con el tema de la tarjeta alimentaria, que es bastante buena la ayuda que nos da el gobierno; también nos dio un bono, el 27, que también nos ayudó, por lo menos para comprar un poco de mercadería. Si no hubiese pasada eso, no sé si tendríamos para comer hoy. Porque tampoco se puede salir a trabajar”, cuenta.

La hemos podido llevar con el tema de la tarjeta alimentaria, que es bastante buena la ayuda que nos da el gobierno

“Yo cobro la asignación, que son 4400 pesos ahora que no te descuentan el préstamo (de Anses). Mucha gente piensa que uno vive de eso, y la realidad es que, yo con dos criaturas, comemos una semana. ¿Y la ropa? ¿Las zapatillas? ¿La escuela? No te alcanza. Hacemos lo que podemos, y la plata nunca alcanza”, reconoce, aunque dice no quejarse porque “hay madres solas que no tienen quien las ayude”.

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Maxi es uno de los miles de “changarines” afectados por la cuarentena. Tiene 22 años y hace dos vive en el lugar con su pareja y dos hijos, de 5 y 2 años. Como tantos otros, vive de changas, limpia vidrios y veredas, “como para ir comiendo, es el día a día”. Su pareja cobra la Asignación Universal por Hijo, y “con eso pagamos cuentas, y otro gastos”, cuenta a ElDía. Aunque ahora, esa poca plata fue toda a la compra de mercadería. “Después vemos”, expresa el joven, consciente de sus prioridades. “Vamos tirando… que los nenes tengan para comer, y nosotros tratamos de comer menos también, es la realidad”, agrega.

Mi marido tiene que salir en el carro, pero no nos dejan salir, la Policía lo para, nos hacen muchos problemas

Por su parte, Luchi vive en el barrio hace 9 años y es una de las referentes del lugar, ya que, hasta hace unos meses, mantenía junto a su marido un comedor, montado en su propia casa. “Está difícil”, sostiene. “Nos quemaron la camioneta y producto de eso se rompió el parabrisas, entonces no nos cargan gas. Mi marido tiene que salir en el carro, pero no nos dejan salir, la Policía lo para, nos hacen muchos problemas”, cuenta, afligida. Y agrega: “nosotros no cobramos ningún tipo de ayuda, si no trabajamos no hay ingresos”.

“No está pudiendo ir a la parrilla y a los pocos lugares que todavía nos donan comida para la gente del barrio. Con la camioneta él hacía fletes o la limpieza de algún lugar, y vivíamos con esa entrada, pero ahora no podemos salir a trabajar. Es un problema”, sintetiza. Y en algunas pocas palabras describe la grave situación que atraviesan millones de personas a las que les encantaría quedarse en casa, pero si no patean la calle no comen.

Barrio Los Espinillos

En dos semanas, los bolsones de comida casi se triplicaron

Además de las herramientas con que el Gobierno Nacional asiste a los sectores más desprotegidos, la Provincia y el Municipio también debieron redireccionar esfuerzos para contener la demanda más urgente de todas: el hambre.

En este sentido, desde Desarrollo Social municipal contaron a ElDía que en apenas dos semanas casi se triplicaron los bolsones de alimentos que esa Secretaría entrega en diferentes zonas de la ciudad. “Se pasó de 500 a 1300 aproximadamente”, informó el subdirector de Desarrollo Social, Javier Villarreal.

Por otro lado, respecto al trabajo que se viene realizando con los comedores comunitarios, el funcionario contó que “todos los días se proveen 3 mil raciones de comida”, cifra que va en aumento y que, en los próximos días, será reforzada.

“La llegada de la Tarjeta Alimentar a Gualeguaychú (fueron 2800) fue fundamental. El primer pago se acreditó ni bien decretada la restricción de circulación, y el viernes pasado se empezó a pagar el bono (Ingreso Familiar de Emergencia), estas medidas han sido cruciales para contener una situación y una demanda que nos sobrepasa. Hoy, a los centros de salud llega a pedir comida gente que nunca había tenido esa necesidad”, explicó.

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