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"La autoestima es un tema político, no es un tema individual"

El psicólogo Mauro García Rodríguez problematizó los nocivos modelos a seguir en que fuimos educados y aportó su mirada sobre el malestar generalizado en la actualidad. La crítica al coaching y el doble filo de las redes sociales. "Cada época produce un síntoma. El síntoma de nuestra época es el ataque de pánico", aseguró.

Luciano Peralta

Vivimos insatisfechos. El largo año de pandemia nos ha puesto delante de nuestros ojos las miserias e inequidades de un sistema en que los que tienen se salvan y los que no tienen, no. Así de sencillo. Para las mayorías argentinas la plata nunca alcanza, y el empobrecimiento generalizado y continuo no hace más que empeorar el ánimo y sus condiciones materiales de existencia. Trabajar para comer y pagar cuentas; pagar cuentas para sobrevivir. Es lógico que el resultado de macabra ecuación sea el alto grado de insatisfacción generalizado que vivimos actualmente.

Pero no se trata sólo de una ecuación económica, que, entendiéndola así, se resolvería con dinero o, más aún, no afectaría a quienes no tienen problemas económicos. Pero no es así. Este malestar generalizado va más allá de la coyuntura del país, de la(s) crisis y de la realidad pandémica a la que estamos sometidos hace más de un año. La insatisfacción crece en la crisis, pero la desborda ampliamente

¿Qué relación tiene esa insatisfacción con nuestra autoestima? Fue una de las preguntas disparadoras de la charla con el psicólogo Mauro García Rodríguez, quien eligió vivir en Gualeguaychú dos meses antes de las restricciones por el coronavirus, hace un año y pico. Nacido en el porteño barrio de Liniers y recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA), este licenciado de 36 años aceptó la invitación a la entrevista y nos recibió de la mejor manera en su casa de camino de la costa, con la posible evacuación, por la crecida del río, como amenaza latente.

“La autoestima es el modo como nos sentimos. A veces, tenemos la idea de que simplemente es el modo en que vos te querés. Y esa es una mirada correcta, pero algo parcializada y hasta inocente. Está bien, la autoestima tiene que ver con el amor propio, pero es bastante más amplia. Es el modo en que vos te percibís a vos mismo en la resultante de todas las variables que te constituyen”, explica. Y continúa esa explicación: “Una de esas variables es la imagen, porque vivimos en una época en la que la primacía de la imagen es muy fuerte. Entonces la primera asociación con la autoestima es cómo te ves desde un punto de vista estético. Esa es una primera variable, pero hay muchas otras, como: ¿sos exitoso profesionalmente? ¿tenés los amigos suficientes? ¿trabajás de lo que querés? ¿cómo son los vínculos con tu familia? ¿tenés dinero? ¿podés viajar? ¿hacés algo que aporte al mundo?”.

"La autoestima es un tema político, no es un tema individual. El modo en que nos sentimos es político, porque está dado por las condiciones de una matriz social"

“Son muchas las variables -continúa Mauro- que van introduciendo un elemento autoperceptivo, que básicamente establece un juicio. Eso va aportando a una resultante que, finalmente, vamos a nombrar como autoestima, que es cómo te sentís con vos mismo, en definitiva. Por ejemplo, una persona que tiene mal humor, que vive de mal humor, es probable que tenga un problema de autoestima. Así no lo identifique o lo perciba de ese modo, es un problema de autoestima. ¿Por qué? Porque se está sintiendo mal. Porque hay un conflicto con esa percepción que tiene de sí mismo. La autoestima, hoy, aparece ligada al malestar. Es una época en la que hay muchos problemas de autoestima. Eso quiere decir que la gente se está sintiendo mal, en términos generales”.

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Mauro García Rodríguez es licenciado en psicología, especializado en psicodrama
Mauro García Rodríguez es licenciado en psicología, especializado en psicodrama

-¿Cuál es la relación, entonces, entre ese sentirse mal y el entorno caótico en que vivimos?

- La autoestima es un tema político, no es un tema individual. El modo en que nos sentimos es político, porque está dado por las condiciones de una matriz social. Si tenés a una persona exigida, a la que todo el tiempo le imprimís ideales que no puede alcanzar ¿cómo creés que se va a sentir? ¿cómo esperamos que sienta bien y se quiera a sí mismos cuando están en plena frustración? Hoy, hay un gran malestar, hay un gran problema de autoestima. Pero debemos correrlo del plano individualísimo en donde elegimos colocarlo. Hay que revisar el tipo de abordaje que hacemos de la problemática, porque cargar la tinta sobre la persona, como plantean algunas corrientes de moda, como es el coaching, diciéndole ‘querete, tenés que aceptarte y dale para adelante que vos podés’, eso es, justamente, seguir empeorando el problema.

- ¿Por qué?

- El coaching es la corriente solidaria con no cuestionar el sistema. Hay una cosa de imprimir el éxito, donde todo el tiempo se persigue el empoderamiento individualista, y no hay lugar a la pregunta, no hay lugar al cuestionamiento respecto a esa matriz social de la que hablábamos. Se la invisibiliza, y permite su continuidad. Entonces, no hay transformación. Además, no trabaja con la angustia. Ese tipo de corrientes tienden a decirle a la gente lo que quiere escuchar: ¿vos qué querés, sentirte bien? Entonces yo te digo que te vas a sentir bien. Y no funciona así. Si te fijás, el resto de las disciplinas no funcionan así: si te fracturás el brazo y vas al médico para que te lo arregle, para curarte vas a tener que atravesar una incomodidad. Te van a poner un yeso y por tres meses no vas a poder mover el brazo, aunque quieras, hasta que se suelde el hueso. Eso es incómodo, es molesto, pero es el modo de resolver un problema. Lo mismo, si tenés una carie y vas al dentista, eso te genera dolor, molestia. A veces tenemos que atravesar la angustia para poder resolver lo que nos duele. Y el empuje a la felicidad, al éxito a ese ‘ponele ganas que vos podés’, no da lugar a la angustia, justamente.

-¿Qué implica eso?

-A nivel psicológico, la angustia es sana, es necesaria y es saludable. La angustia habilita la posibilidad de la reinversión, de transformación. Las corrientes que no dan lugar a eso son nocivas en sí mismas. Parecen que están siendo parte de la solución, pero es otro clonazepam, que otra vez te hace aguantar un poquito más. Entonces, se convierten en autoestimas imaginarias, de la imagen.

-¿Cómo es eso?

-Es esto de te enseño cómo tenés que verte, cómo tenés que sonreír. Te enseño cómo moldear tu imagen. No que tu imagen muestre quién sos, sino cómo quisieras ser visto. Eso es el coaching, finalmente. Como cuando los coachean a los políticos y les dicen ‘este gesto no lo hagas’. Pasa que ese gesto significa algo de lo que esa persona es, en definitiva. Y el anular esas características implica moldear a la persona para que se convierta en algo que no es.

-¿Qué lugar ocupa el cuerpo en esa construcción de modelos y de valores?

-Sabemos que no se tiene un cuerpo, sino que se construye un cuerpo. El cuerpo es una imagen que tenemos, desde donde nos percibimos. En ese sentido, el cuerpo es estético, es imaginario, tiene que ver con una imagen y no con la organicidad, que tiene que ver con la medicina. Cuando hablamos de autoestima estamos hablando de un cuerpo psicológico y no de un cuerpo médico. Ese cuerpo va a ser comparado, todo el tiempo, con un ideal del yo. Así funciona la autoestima, básicamente es como si fuera una cuentita que se hace entre el yo y el ideal del yo, la diferencia entre éstos es la autoestima que tenemos. Ahora bien, ese ideal no sólo está determinado por tu coyuntura familiar o por cómo se instituyó en tu proceso personalísimo de desarrollo, sino que hay variables sociales que establecen cuáles son los ideales respecto a los cuales vos tenés que ser y verte. Hay una matriz estética respecto a cómo tienen que ser los cuerpos. Y acá hablamos de cuerpos heteronormados, hegemónicos, europeos y heterosexuales, en su sexuación. Todo lo que esté fuera de eso, en principio, va a generar una baja autoestima. La cuentita de la que hablábamos te va a dar deficitaria, siempre. ¿Y eso cómo lo percibís? Como un malestar, porque los ideales de belleza que tenemos son nocivos, hacen mal.

-Se construyen modelos imposibles de alcanzar…

-Tener algún tipo de malestar en torno a la autoestima está bien. Me preocupa cuando no hay problemas de autoestima, eso quiere decir que esa persona se identificó con esos ideales nocivos, y eso produce una personalidad narcisista. Que haya malestar en la autoestima, en sí mismo, no está mal. Habla de un movimiento interno, y es parte de un proceso de terapia, de un proceso de deconstrucción. Cuando una persona trabaja en cómo se siente, en algún momento va a tener que asumir que no va a ser o no va a cumplir con esos ideales. No va a ser lo que esperaban que seas, y eso duele. Y cuando algo duele, hay que hacer un duelo. Justamente, lo que se trabaja en los espacios terapéuticos es en permitir que ese duelo aparezca, porque es lo que relanza una nueva forma de percibir ese yo.

-¿Cuánto refuerzan las redes sociales, y particularmente los influencers, esos modelos?

-Creo que, si nos centramos sólo en los influencers, posiblemente diría que mucho, porque todavía constituimos como nuestros líderes a quienes representan nuestros ideales. Les pedimos que sean todo eso que nosotros, todavía, aspiramos a ser. Ahora bien, las redes sociales no son los influencers, las redes sociales son muy amplias y, en ese sentido, han generado una cuestión mucho más democrática. Antes de las redes sociales teníamos medios hegemónicos muy conservadores, que, básicamente, eran un grupito de personas que en una oficina determinaban de qué se iba a hablar. Hoy, cada persona es un medio de comunicación, y desde ese lugar hay muchas más posibilidades para abrirse a lo diverso. En todo caso, es uno el que tiene que entrenar su propio algoritmo.

-Muchas veces, las redes crean una realidad paralela…

- Fijate cómo la red alimenta eso, que nos empieza a dar filtros para acceder a esa realidad imaginaria. Tenemos filtros, brillitos, colores, y la cosa ahí es linda, pero mientras tanto el mundo se prende fuego. Nos gusta más mirarnos en las redes, que mirar para el costado y ver que tenemos 57% de la población infantil en la pobreza. Nos cuesta ver la realidad, nos duele mucho. Y la realidad es que tenemos un sistema con inequidades enormes, depredador a nivel ambiental y opresor a nivel social. Entonces, claro, vemos todo eso y salimos despavoridos a meternos en Instrgram, nos aturdimos con un par de historias y show must go on (el show debe continuar), mañana será otro día y listo.

"Nos gusta más mirarnos en las redes, que mirar para el costado y ver que tenemos 57% de la población infantil en la pobreza. Nos cuesta ver la realidad, nos duele mucho. Y la realidad es que tenemos un sistema con inequidades enormes, depredador a nivel ambiental y opresor a nivel social"

-¿Cómo se explican los ataques de pánico?

-Cada época produce un síntoma. En Freud de 1890, el síntoma, por ejemplo, era la histeria. Era un cuadro físico que generaba parálisis de cegueras, de los miembros del cuerpo, etc. El síntoma de nuestra época es el ataque de pánico. Es la irrupción de un miedo tan grande que produce una sintomatología de ansiedad que paraliza a la persona. No se trata sólo de suprimir ese síntoma para que la persona pueda seguir con su vida, sino de entender la función que tiene ese síntoma, y ver de qué modo podemos visibilizarlo. Cuando irrumpió la histeria lo que traía consigo era un cuestionamiento hacia la represión sexual. Y de ahí hasta acá la liberación sexual que vivimos fue muy evidente. Bueno, el ataque de pánico es un “stop”, una alerta. Estamos yendo muy rápido hacia un lugar que no tenemos la menor idea de qué se trata, y nadie puede responder eso. El ataque de pánico es un emergente subjetivo, un freno. La persona necesita habilitar un cuestionamiento respecto a eso que no puede seguir haciendo. Pero es muy difícil, porque se la lleva puesta el laburo, las necesidades económicas, la rutina. Entonces, lo que se hace es buscar el clonazepam, respirar profundo y seguir.

El síntoma de nuestra época es el ataque de pánico. Es la irrupción de un miedo tan grande que produce una sintomatología de ansiedad que paraliza a la persona

-¿Qué podemos hacer además de eso?

-Creo que debemos identificar la ansiedad con la que vivimos, desacelerar de manera consciente, encontrar otros ritmos y, en general, acercarnos al otro. Debemos buscar principios, que perdimos hace tiempo pero que son muy propios de la humanidad, como la cooperación, la solidaridad, el armado de redes genuinas. El poder hacer con otres es un gran ansiolítico, y es algo que viene a cuestionar ese individualismo. ¿Cómo se rompe ese individualismo? En colaboración, en cooperación, en vincularidad, en hacer lazos. Ahí es donde vamos a poder empezar a producir algún tipo de viraje, y no quedarnos sólo en apagar el síntoma o sólo con la parte mala de la película. La idea es empezar a buscar por dónde podemos encontrar maneras de hacer distintas a las que nos hacen mal.

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