La aventura de unos vecinos de Gualeguaychú en el Impenetrable Chaqueño
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La ONG Manos a la Obra realiza desde hace unos años una travesía y uno de los sitios más inaccesibles y necesitados del país. El último terminó ayer, luego de recorrer durante más de una semana los parajes donde viven las comunidades wichis y toba. Un ejemplo de aventura motivada por el simple afán de ayudar al prójimo. Amilcar Nani El llamado a la aventura es misterioso, y los motivos para emprenderla son tan variados que se podría decir que cada aventurero tiene el suyo propio. Ambición, aburrimiento, ansias de vivir algo más o, como en el caso de esta historia, lisa y llanamente buscar la aventura por el simple anhelo de la solidaridad.En Gualeguaychú hay un grupo de aventureros cuyo común denominador es el afán por ayudar a los que más necesitan. Todos juntos son conocidos como la agrupación "Manos a la obra", y la mayor aventura solidaria que emprenden cada vez que pueden es llevar un camión cargado con donaciones hacia uno de los lugares más agrestes, salvajes, vírgenes y autóctonos de nuestro país: el Impenetrable chaqueño.Es un lugar donde prácticamente no existen los caminos para llegar y donde viven las comunidades Wichi y Toba que viven allí y que sufren las carencias más extremas e imaginables, incomparables con la pobreza que se sufre en la ciudad.La última travesía de Manos a la Obra volvió ayer a Gualeguaychú luego de su última aventura, y aunque el cansancio era imposible de ocultar, la felicidad de haber hecho un nuevo viaje solidario tampoco se podía disimular en sus ojos."Este año viajamos cinco integrantes de Manos a la Obra nomás, es lo que nos dio el presupuesto", explicó a ElDía Fabián Trípodi, integrante de la agrupación solidaria y alma mater del equipo. Siempre imparable, inquieto y con ganas de hacer más, también lamentó no haber podido hacer más para ayudar: "Necesidad hay en todos lados, pero miseria y pobreza real hay allá", definió sin medias tintas sobre la situación que viven los wichis y los toba en esa porción de tierra que el Estado, al parecer, no sabe que existe ni cómo sufren los que viven allí.La última travesía de manos a la obra comenzó el 3 de mayo pasado: además de Trípodi, creador y fundador del grupo, viajaron también Diana Araceli Villagra, Mariano Solari y Cristian y Juan Blanco.Desde Gualeguaychú partió un camión de 18 metros de largo cargado con todo lo que los gualeguaychuenses aportaron a la causa: "Hemos llevado alimentos como leche, fideo, arroz, sopa; además, golosinas. Y también hemos llevado artículos de limpieza, de higiene personal, y guardapolvos y útiles", informó Trípodi.Entre Gualeguaychú y Nueva Pompeya, un pueblito ubicado en el medio del Impenetrable chaqueño, hay 1133 kilómetros, pero allí llegar no fue algo fácil. Cuando el camino comienza a penetrar el bosque nativo de densa vegetación y hábitat salvaje, los senderos se hacen imperceptibles, la senda inexistente y el viaje se transforma en una travesía.Y este año, el camino les pasó más factura que en los viajes anteriores: las lluvias que azotaron a Gualeguaychú los últimos días también dijeron presente en el Chaco, y antes de llegar a Nueva Pompeya el camión semi de 18 metros de largo fue derrotado por el barro y tardaron todo un día en lograr sacarlo para continuar viaje."Venimos bastante complicado: perdimos un día entero porque nos agarró la lluvia y lamentablemente el camión se nos cayó a la cuneta y se quedó encajado. Nos costó mucho sacarlo porque no pasa nadie", recordó el líder de los Manos a la Obra.Finalmente, cuando llegaron a Nueva Pompeya pudieron instalarse y comenzar con las labores solidarias. En ese paraje es donde arman su base de operaciones en el Impenetrable: estacionan el camión y durante una semana recorren parajes, escuelas y comunidades a los cuales sólo se pueden llegar con las camionetas.Sitios como Palo Dulce, Palo Rojal o Kilómetro 8 son algunos de donde la pobreza se siente como de manera directa y violenta, como una cachetada en el medio de la cara. Entregan todas las donaciones directamente en las manos de los que las necesitan, sin intermediarios o punteros. Manos a la Obra junta y Manos a la Obra entrega."Los caminos se hacen cada vez más angostos, rústicos e intransitables, sobre todo si llueve. Y afuera de los vehículos, el peligro está siempre presente: estás en un territorio totalmente salvaje: hay víboras, bichos y animales realmente peligrosos", relataron los integrantes del grupo, quienes sin embargo no ven a la travesía como algo negativo: "Es una aventura impagable, y estar con la comunidad Wichi y Toba es una experiencia única".A cada uno de los parajes a los que llegan, la escena se repite casi calcada: son recibidos con alegría y fraternidad, reciben besos abrazos, y la sonrisa de los niños ilumina hasta la noche más cerrada y oscura. Y aunque las necesidades son muchas, la inocencia busca el tesoro más hereje: las golosinas que los Manos a la Obra llevan en todos los viajes.Mientras les prueban los guardapolvos, las caras de los más chiquitos se van llenando de manchas de chocolates, que se mezclan con la de la mugre acumulada luego de jugar entre la vegetación agreste del lugar.El grupo conversa con todos, les preguntan cómo están, qué necesitan, en qué pueden ayudarlos. Y una vez que las necesidades están a la vista, desde la camioneta bajan todo y reparten según lo que sea que esa persona esté necesitando. Una labor solidaria, pero también personal, mirando a los ojos, repartiendo todo no de manera mecánica sino con acompañado por un abrazo.La última parada del viaje fue la comunidad de Palo Dulce, una de las más carenciadas de la zona y por ende del país. Para decirlo directamente, falta todo, y todo sirve. La escuelita del lugar vuelve a ser una vez más el escenario donde la agrupación se reencuentra con los habitantes. La escena de los niños felices con sus nuevos guardapolvos y golosinas se repite, y el abrazo con todos también.De vuelta en Nueva Pompeya, los Manos a la Obra ven con felicidad que la lluvia finalmente ha cesado y todo parecería indicar que el camino de regreso a casa, ahora con el camión vacío, será más tranquilo. Fueron 9 días agotadores, donde debieron dormir donde pudieron y no parar un solo momento. Pero el cansancio se mezcla con la satisfacción de haber hecho una vez más algo que aunque sea momentáneo, marcó una diferencia. "Manos a la Obra", en GualeguaychúCuando no están en el Impenetrable, las acciones solidarias de la ONG se focalizan a Gualeguaychú. Por eso mismo, todos los fines de semana ponen en marcha un merendero móvil para dar una merienda a los chicos que viven en las zonas más necesitadas de la ciudad."Es un merendero móvil porque nosotros llevamos todo el equipo para preparar la merienda en cada lugar al que vamos. Hemos estado en el barrio Totó Irigoyen, en el asentamiento de Calle Tropas o en los barrios Zuppichini o Munilla", relató Trípodi a ElDía.Para poder dar la copa de leche todos los sábados, son vecinos de Gualeguaychú los que colaboran para poder comprarla, mientras que las facturas y tortas negras son generosidad de un panadero local que todos las semanas se las prepara a los chicos que merendarán ese día.Todos los que quieran colaborar con donaciones al Impenetrable, al merendero móvil o a cualquiera de las causas en marcha lo puede hacer a través del grupo en Facebook "Manos a la Obra! !!".
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