Ciudad | Femicidio | ni una menos

La carta imaginaria de Mica García que se hizo viral en las redes sociales

La publicó su papá, Néstor Yuyo García pero fue escrita por Alfonso Giménez Uribe. Femicidio, compromiso social y político y una profunda reflexión dedicada a cada uno de sus familiares.

Las redes sociales se convirtieron en la plataforma donde cada uno expone, publica y comparte sus ideas, sensaciones y vivencias. En esta oportunidad, Yuyo García quiso recordar a su hija Micaela, víctima de un brutal femicidio ocurrido en Gualeguay.

En su cuenta de Facebook escribió: “Unos días después de acompañar a Mica hacia la eternidad, conversando con Alfonso Giménez Uribe, uno de los grandes amigos que me dio la Universidad Tecnológica Nacional, me dijo que estaba escribiendo algo para Andrea y para mí. No tenía el registro de que le haya hablado tanto de mi familia como para que pudiera escribir este texto con datos tan reales y precisos, y a la vez tan triste como hermoso… Realmente cuesta pensar que no es Mica la que escribió la carta”.

Carta imaginaria de Mica, por Alfonso Giménez Uribe:

“No busquen entre los muertos a la que está viva”. Lucas 24,5.

“Queridos Andrea (mamá), Yuyo (papá), Ayrton, Jano, Alejo.

Sé que estas líneas que quería compartir. Van a ser difíciles. Las pensé mucho. Tengo con todos ustedes los recuerdos más profundos y hermosos que vivimos.

En primer lugar quiero decirles Gracias por los primeros 21 años, en los que siempre aprendimos, caminando juntos.

Recuerdo cada abrazo y gesto de ustedes que con la vida fui mamando.

Algunas veces no se los dije, pero sus abrazos cuando estaba triste y los mismos besos, en los momentos de alegría, fueron de lo más grande que guardé, para después compartir.

Tengo el pasado y el presente con ustedes. No puedo olvidar la presencia diaria de mamá en cada detalle, para ayudar a prepararme para cada evento deportivo y artístico, los días de escuela y las tareas, los cumpleaños y las fiestas, las situaciones difíciles.

La diaria de papá, que entre otras cosas, llegó tarde el día que terminé quinto y entregaba la bandera. Delante de todos me abrazo y levantó con el amor de siempre. En el momento me enojé bastante, me calenté mal, porque sin darse cuenta lo había hecho delante de todas mis amigas que me estaban mirando.

Recuerdo los momentos tristes en que simplemente me abrazaban silenciosamente, sin esperar nada a cambio, acompañaban mis angustias, como sólo ustedes saben hacerlo.

La presencia diaria, nunca me asfixió, siempre amplió mi vida y aunque a veces me enojaba, siempre fue de los acompañamientos que no ahogan. Me ampliaron la respiración, el corazón, el pensamiento y los actos.

Ayer me acordaba de las situaciones económicas difíciles que vivimos en el 2001 y 2002, yo tenía 6 o 7. Nos iba mal y ustedes, con la fuerza y la creatividad de siempre compraron ese inflable, que llevaron a la playa, para hacer la diaria y darnos de comer. Siempre pensando primero en nosotros y si quedaba algo, era para ustedes.

Así y a través de esos actos, sin imponer nada, me mostraron el camino, abrieron y despertaron mi conciencia para darme cuenta, que los más importantes eran los otros.

Eso que aprendo de ustedes y de otras, es lo que me permitió soñar y trabajar cada día, por la construcción de una sociedad de iguales.

Nunca me conformé con la beneficencia, ni el dar lo que sobraba porque ya no usaba o no iba a comer.

Nosotros Siempre pudimos Elegir. Y nuestra decisión, es darlo todo, porque ese es el acto de justicia, que trasciende la asistencia. Nunca me cerró esa discusión cómoda y egoísta, de los que se preguntan si hay que dar el pescado o enseñar a pescar.

Para nosotros la solidaridad duele, porque en primer lugar significa reconocer que los otros tienen los mismos derechos que nosotros.

El trabajo en y con la gente de los barrios, no era para tranquilizar la conciencia, ni para que “ellos”, puedan llegar a la casa o los oficios precarios. Creo que nunca hay que confundir la vocación de poder como la posibilidad de transformar la sociedad con los que más necesitan, con los deseos individualistas de acomodarnos para permanecer.

Ese compromiso cotidiano es para que tomemos conciencia que todos, por pertenecer a la misma especie humana, tenemos los mismos derechos.

Por eso y aunque el camino sea más largo y difícil, elegimos discutir y trabajar sobre la desigualdad o la igualdad plena.

Lo que algunos llaman “pobreza 0”, es un principio mínimo y probablemente tranquiliza, pero creo que en el fondo no permite preguntarnos, por los niveles de desigualdad que construimos, permitimos o soportamos.

Esto es lo que nos ayuda a darnos cuenta que para que todos tengan los mismos derechos, lo primero que tenemos que hacer es declinar los privilegios de pocos.

Ustedes saben que como sociedad lo primero que debería indignarnos es la concentración desigual. Esa que busca de mil maneras justificar, el por qué algunos tenemos tanto y otros tan poco.

Detrás de cada necesidad expresada o silenciada, hay un derecho, que primero se reconoce y luego se ejerce, porque como humanos nos corresponde a todos. La construcción es comunitaria y nos pertenece a todos.

Sé que para nosotros seis, la vida cambió para siempre.

Estas líneas muestran que vivo de una manera distinta. Hay momentos en que la tristeza, la bronca, impotencia y desesperanza nos van a invadir y sentiremos que nuestro corazón se desagarra y sigue latiendo. Ustedes y cientos de personas más no dejaron de buscarme cada día con esperanza. Me encontraron con la peor noticia. Y en ese momento, además de llorar juntos, agradecieron sin rencores. No se preguntaron por qué a nosotros. La pregunta fue y es cómo hacemos para que esto no vuelva a pasar nunca más.

Hoy es distinto, pensar que no es así, sería mentirnos. Cada abrazo a mis tres hermanos, a los abuelos, a mis amigos/as compañeras/os de militancia, les dará una inmensa alegría y un dolor profundo con el que caminaremos siempre y seguramente lloraremos mucho.

Los amo profundamente y cada día, de la vida cuando se acuesten, les diré gracias por las veces que no se los dije, y les diré que los quiero.

Escuchen, como lo hicieron siempre. Porque cuando tuve hambre me dieron de comer, tuve sed y me dieron agua, desnuda y me vistieron, sola y me acompañaron, triste y me consolaron. Ayrton prometió quedarse en el país hasta cumplir el sueño de todas. Va a ser Ingeniero, pero ya no para salvarse él, sino para que todos podamos tener los mismos derechos. Ni una menos, ningún femicidio más, ni una desigualdad más.

Por esto es, siempre juntos y hasta la victoria. Seguiremos dando todo, no guardaremos nada. Los necesito soy con, por y para ustedes. Elijo vivir y por eso desde los más profundo de mis entrañas, aunque de un modo distinto, les vuelvo a decir gracias y los amo. Perdón por las equivocaciones que siempre traté de ver y corregir, aunque no necesitaron ponerlas en rojo.

Bueno, quiero seguir siendo, la negrita de mamá y papá, la hermana de mis hermanos. La nieta de los abuelos. La mujer de los sueños de mis compañeras/os. La amiga, de mis amigos y la mujer que junto a todas, siempre dará su vida para construir la sociedad de iguales”.

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