La cautivante historia de la Difusora Grecco (Capítulo 8)
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ElDía presenta la octava parte de la historia de la Difusora Grecco, un minucioso trabajo de investigación del historiador Gustavo Rivas, que entregamos por parte, cada domingo. El lector puede revivir y descubrir, a través de los testimonios de los protagonistas de este trozo de historia de Gualeguaychú, cómo nació la que fue base del desarrollo radiofónico de esta ciudad y "semillero" de reconocidos profesionales del medio.El impecable trabajo realizado por Gustavo Rivas sumó una importante cantidad de horas de grabación, buscando el testimonio de quienes pasaron por la Difusora Grecco, desde sus inicios con Roberto Carlos Grecco, hasta las épocas de Alfredo Lucardi. LOS AVISADORES (continuación)Las empresas de transporte de pasajeros también anunciaban: Viaje confortablemente a Buenos Aires por Expreso General Urquiza. Salimos desde nuestra agencia en 25 de Mayo 528 y llegamos a Once, con terminal en calle Rioja. Expreso Carapachay: Gchú - Fray Bentos. Salidas diarias desde el puerto.Entre los avisadores más fieles se recuerda a "Tarañoca": tallarines, ravioles, ñoquis y capelettis -Urquiza 987- pegadito a Difusora Grecco. Se trata de la primera fábrica de pastas que hubo en Gualeguaychú, fundada en los años 50 y su propietario el Sr. Giovanni "Nino" Russo, formó el nombre comercial con las sílabas iniciales de las cuatro pastas que vendía en el mostrador su señora Irma, una italiana muy simpática y trabajadora. Junto con "La Princesa", de Cecilia Marpez de Carrozo eran buenos vecinos de Grecco y mejores anunciantes.En algunos casos, del ingenio de los avisadores salían hallazgos publicitarios exitosos, como el siguiente: Si es Jugo Galardón.. boimmm...¡sáquele el tapón! La particularidad de este aviso, es quien lo leía, debía meterse un dedo en la boca y sacarlo de forma tal, que producía el ruido onomatopéyico del tapón al descorchar la botella. Fue un invento de Chiche Etchazarreta, por entonces empleado jerárquico de la empresa de Don Naum Galanternik, y él mismo instruía a los locutores para que lo practicaran. (Después se reemplazó el corcho por las tapas metálicas y de plástico). En tiempos recientes, Pancho Grecco, uno de aquellos locutores, lo repitió hace poco en el Instituto Magnasco, con motivo de una exposición dedicada a nuestros antiguos comerciosMiguel Quiroga, dueño de Fanacal, tampoco estudió publicidad. Pero tenía algo más importante: intuición y ganas de vender. Nos contaba uno de los locutores-productores de la difusora, Eduardo Leiva: "...uno de los clientes míos fijos era Don Miguel Quiroga; por ejemplo, si un día amanecía lluvioso, me llamaba para que pasara el texto de las botas de goma y los paraguas automáticos. Pero luego confiaba en mí y no precisaba llamarme cuando llovía para hacer el cambio..."NUEVA INUNDACIONA principios de Junio de 1966 otra gran creciente afectó nuestra región y provocó la interrupción del la Ruta Nacional 14. En esa ocasión la Difusora Grecco cumplió nuevamente el rol que había desempeñado en 1959, tanto como medio informativo en la emergencia, como centro espontáneo de recepción y distribución de la ayuda a los inundados.Al igual que en 1959, se convirtió en radio con el aporte técnico de Cacho Barrios para facilitar la comunicación en la zona que nuevamente había quedado telefónicamente aislada. Pero esta vez con menos suerte: un sorpresivo operativo de la Gendarmería Nacional dispuesto por la superioridad, determinó no sólo el inmediato cese de la transmisión, sino que se había ordenado la incautación de los equipos. Esto último pudo evitarse mediante la gestión de Guillermo Pombo y la inmediata intervención de autoridades locales. Menos mal, porque de lo contrario, la difusora no hubiera podido ni siquiera transmitir como tal, lo que hubiera sido doblemente grave en semejante emergencia.BAILES DE CAMPO:Si bien para Grecco la difusora era la actividad principal, realizaba otras actividades dentro del rubro de la amplificación. Como la publicidad rodante que mantuvo varios años. Cabe aclarar que al retirarse Totó Pugliese de la difusora, allá por 1957, creó su propia empresa de rodantes a la que denominó Publicidad Radial Argentina. Pero aún cuando competían, mantuvieron siempre una excelente relación.La otra tarea era el servicio de amplificación que prestaba a quienes organizaban bailes o cualquier otro tipo de espectáculos.Pero la que requería mayor labor y organización de logística, era el montaje en los bailes de campo. Hay que tener en cuenta que por entonces -décadas del 50 y 60- no había electrificación rural. Y si bien las estancias y establecimientos rurales importantes tenían sus propias usinas, no las poseían las escuelas del campo, que generalmente organizaban esos bailes u otros festivales benéficos. Por ello, no sólo había que transportar una cantidad de acumuladores de 12 volts., suficiente para abastecer de electricidad toda la jornada. También había que llevar las bocinas, amplificadores, bandejas, discos etc. No era eso lo más trabajoso. Para iluminar todo el ámbito del baile había que llevar una gran cantidad de faroles a kerosén llamados "sol de noche". Era necesario calentarlos antes con alcohol para que el combustible llegara gasificado a la mecha, luego de darles bomba. Y para mantener la presión, había que bombearlos cada una hora.Cuenta Pugliese en una nota televisiva que le hizo Rodolfo Migueles en 2004, (disponible enGastón Videos Históricos) que el público era muy dispar su relación con los soldenoches. Porque mientras las familias que estaban en primera fila solicitaban que les dieran bomba, las parejas que se ubicaban más al fondo, pedían exactamente lo contrario.LA ESCUELITA (I)Decíamos más arriba, que por vía de la difusora, hizo su irrupción en la ciudad una nueva camada de locutores. Y recordábamos a los dos clásicos que hasta entonces hegemonizaban la profesión:Carlos Aurelio Cepeda y Alfredo Durand Thompson. Ambos, personas mayores, eran formales y ceremoniosos en su dicción, lo que nos les quitaba gracia y creatividad en el contenido. Se iniciaron en el oficio, sin preparación ni estudio previo específico. Y hasta con algún defecto de vocalización, como Alfredo que era ceceoso, pero lo compensaba con su estilo carismático y léxico rebuscado.La primera diferencia con la generación que vino para relevarlos, era la edad. Gerardo TotóPugliese se inició en el micrófono a los 15 años; Rodolfo Migueles y Edgard Garbino rondaban los 17 o 18; Lía Poblet estaba casi en la misma franja etaria, como también sus sucesoras, Jovita Aguilar, Alicia Cafferata y Teresa De la Concepción: alrededor de los 20. También Torta Ojeda,Tito Reynoso y Luis Alfonso Pais.Mercedes Pérez ingresó a los 16. Alberto Reynoso, con apenas 15 años. Éste, luego de dejar la difusora, siguió una brillante carrera como locutor y presentador acompañando al conjunto local Los Demonios, luego a Los Renos por todo el país y a los célebres Iracundos en su época de oro. También actuó en emisoras de Bs. Aires, Misiones, R. O. del Uruguay, en festivales internacionales habiendo logrado importantes premios y distinciones. Pero su punto de inicio fue la difusoraComo veremos en un próximo capítulo, esta pauta impuesta por Roberto Grecco en los primeros tiempos tuvo continuidad durante el resto de la existencia de la difusora bajo la posterior conducción de Alfredo Lucardi.La mayor parte de los locutores actuales de cierta edad (con algunas excepciones, como Luis Recalde y Eduardo Leiva), algunos ya jubilados, otros en vías de serlo, vieron por primera vez un micrófono -lo dicen textualmente- en la difusora Grecco.Así nos lo han contado en sucesivas entrevistas, Estela Gigena, que ingresó a los 14 años, Mario Javier Vaena a los 13, Guillermo Giménez el día que cumplía 14. El más maduro fue Carmelo Muñoz, que ingresó al salir del servicio militar. Ellos ingresaron entre los años 70 u 80, cuando la difusora estuvo a cargo de Alfredo Lucardi.Por si pareciera exagerado aquello de que allí se enfrentaron por primera vez con un micrófono, cedámosle e la palabra a Mercedes Pérez:"La difusora Grecco fue la puerta que se me abrió en década del 60 /70 para que yo pudiera trabajar en la radio y ser hoy la primer jubilada de una radio....Entré a la difusora casi sin saber lo que era un micrófono...mi único contacto había sido cuando en la escuela Rocamora recitaba poesías; eso me gustaba mucho.. era medio artista de chica y por la voz que tenía, me elegían para actuar...mucho tiempo después hice un curso de locución pues ya en la radio (LT41) lo necesitaba y ARPA (Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentina) que era la que aglutinaba las radios privadas, hizo un examen en Paraná y ahí nos dieron el carnet de locutor provincial. Eso se lo debo a Mettler, pero LA DIFUSORA GRECCO FUE LA ESCUELA PRIMARIA DE CASI TODA LA GENTE QUE ESTÁ HACIENDO RADIO HOY".(Continuará este capítulo)
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