La cautivante historia de la Difusora Grecco
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ElDía presenta el duodécimo capítulo, correspondiente al inicio de la segunda y última parte de la historia de la Difusora Grecco, un minucioso trabajo de investigación del historiador Gustavo Rivas, que entregamos por parte, cada domingo. El lector puede revivir y descubrir, a través de los testimonios de los protagonistas de este trozo de historia de Gualeguaychú, cómo nació la que fue base del desarrollo radiofónico de esta ciudad y "semillero" de reconocidos profesionales del medio.El impecable trabajo realizado por Gustavo Rivas sumó una importante cantidad de horas de grabación, buscando el testimonio de quienes pasaron por la Difusora Grecco, desde sus inicios con Roberto Carlos Grecco, hasta las épocas de Alfredo Lucardi. A CALLE ESPAÑAA fines de 1972 ya se había definido la emisora de radio para Gualeguaychú: no fue para Grecco, quien abatido anímicamente, no sólo dispuso un simple cambio de planes, respecto de la difusora. Más que ello, lo que hubo de su parte, fue un virtual abandono de todo aquello por lo que había luchado - ahora sin destino cierto- para dedicarse totalmente a otra cosa.En concreto, la difusora se trasladó a un pequeño local contiguo a su vivienda, en calle España 220. En esta etapa, que sería la última, pero más duradera de lo que cualquiera hubiera supuesto, Roberto Grecco dejó la dirección de la difusora a cargo de Alfredo Lucardi, esposo de su hija María Elena.Alfredo, joven lleno de dinamismo y contagiosa actividad, hizo la proeza de prolongar la vida de este emprendimiento ¡por veinte años más! en la etapa que a continuación pasamos a relatar.El comienzo de esta nueva fase es casi concomitante con el inicio de las transmisiones de LT41 La Voz del Sur Entrerriano, como la denominara su primer titular, Armando Mettler. No era nada sencillo competir en audiencia y publicidad con el nuevo medio. Y aunque comenzaba por ello el declive, el esfuerzo del joven director, hizo que éste fuese más lento de lo que cualquiera imaginaba.ALFREDO ENRIQUE LUCARDIAlfredo era el menor de cinco hermanos Danilo, Mario, Leonor, Nidia (hoy en Corrientes). Lo conocí en el Club Neptunia; era un entusiasta de los deportes, especialmente el voley, y activo colaborador a pesar de su juventud. Cuando me preparaba para asumir la presidencia en 1972, lo convoqué como vocal, junto a otros jóvenes de la nueva camada. De ahí en más, se convirtió en un puntal de aquella comisión directiva, de la que llegó a ser Vicepresidente. Era un dirigente multipropósito ya que no se circunscribió a la parte deportiva; también abarcó lo social.Volcó su experiencia, relaciones y conocimiento al objetivo de recuperar el prestigio anterior en los bailes de Neptunia y al poco tiempo conseguimos un éxito rotundo que duró muchos años. Hasta inventamos los bailes con desayuno. Él se encargaba del armado de los escenarios, iluminación, decoración, amplificación y promoción. Tenía un notorio magnetismo con los jóvenes, que colaboraban con fervor en aquellos emprendimientos.Como además tenía conocimientos sobre albañilería, por ser hijo del constructor Don Olivo Lucardi -que participó en la obra de la costanera- se convirtió en un excelente director de obras tanto en parque como en la sede social. Y hay un aspecto de su desbordante actividad que pasó desconocida para la mayor parte de los asociados: su papel fundamental en las crecientes, como la de 1978, en que llegó a poner en riesgo su vida, como p. ej., cuando había que sujetar la balsas o preservar otros bienes.Por eso y otras razones, la pileta abierta del Club Neptunia lleva el nombre de este gran dirigente fallecido prematuramente.EL EQUIPO DE LA NUEVA ETAPAAlfredo armó un equipo humano de su confianza para administrar la difusora. A algunos ya los conocía, por haber trabajado juntos; a otros los reclutó con muy buen olfato, aún cuando no tenían ningún antecedente. En este aspecto fue un fiel continuador del estilo de Roberto Grecco, en cuanto a darles oportunidad a nuevos locutores. En esta nueva fase se incorporaron: Ricardo Ríos, Estela Gigena, Mario Vaena, Ricardo Rubén Díaz, Guillermo Giménez, Carmelo Muñoz, Eduardo Leiva y Jesús Aguiar, en tanto que continuaban Macho Agesta, Mario Bonzón y otros periodistas. En la parte comercial se integraron Monona Rojas y Juan Carlos Peralta.Ricardo Miguel "Negro" RíosCon la férrea colaboración de Ricardo Ríos, ese feeling con los jóvenes se tradujo en múltiples emprendimientos, con ideas renovadoras para los grandes bailes que con ellos organizaban: de carrozas, del estudiante, de fin de año etc.La larga relación con Ricardo Ríos se había iniciado a raíz del desempeño de éste como disc-jockey, del boliche "Snob" en Av. Del Valle y Villaguay (actual Borques), ángulo N.O.Ricardo había aprendido con Daniel Edgardo Viviani "Turulo", uno de los pioneros en ese oficio, junto con Lito Nóbile, en los años 60, quienes se habían iniciado en la Confitería París (25 de Mayo entre Italia y Montevideo) en época de los hermanos Heinrich, la primera discoteca bailable que tuvo Gualeguaychú.Ricardo, además de melómano, era muy buen sonidista, a tal punto, que cuando asistió como tal a Julia Elena Dávalos en el Club Neptunia, ella se lo quería llevar a toda costa. Pero él se quedó.En dupla con Alfredo Lucardi, ambos se complementaban y se dedicaron a organizar bailes en la época en que las discotecas empezaban a desplazar a las orquestas. Al principio alternaban con algunas de éstas, pero finalmente se impusieron los bailes a puro disco. Mantuvieron una excelente relación con el estudiantado secundario y sus ideas creativas ayudaron al cambio en la modalidad de sus bailes tradicionales, más otros que por entonces nacían.Así lo recuerda Ricardo, ya por los 67, y sobreviviente de dos ACV: "Alfredo con su saco blanco, enloquecía a las mujeres en esa época era muy pintón..y bueno, ese fue el comienzo de un sistema que después se propuso a los estudiantes para los bailes. (Siempre década del 60).. Yo empecé a trabajar con Alfredo cuando dejé "Snob"... después hicimos: el baile de las vacaciones de invierno, era el último día de clases antes de las vacaciones (un viernes) en Julio, luego hacíamos el baile del Estudiante, el baile coronación de las Carrozas (octubre) y luego el de fin de curso y el de la Recepción. Para éste, lo único que tenían que hacer los estudiantes era comprar su ropa e ir, porque todo lo demás se lo organizábamos nosotros, montábamos todo: hablábamos con la Municipalidad para eximición de la tasa, con Sadaic y Aadi Capyf etc., poníamos la música y no le cobrábamos un solo peso a los gurises...".Es decir, que cuando Ricardo entra a trabajar en la difusora, la relación con Alfredo tenía cierta antigüedad.También integraron una sociedad con Turulo Viviani, Eduardo Leiva y Enrique Cacho Araujo (cheff), para explotar el amplio local de la ex Confitería París, luego Zodíaco, como un mix de bailable y comidas.Y esa confianza en la juventud lo convirtió en un fiel continuador de la línea inaugurada por su suegro: darles oportunidad de trabajo en la difusora. Ejemplo de ello, son los actuales locutores de diversos medios locales ya impuestos por su trayectoria, que se iniciaron allí sin saber lo que era un micrófono, como ellos lo reconocen. En su mayor parte, cuando tenían menos de 15 años.Carmelo Isabelino Muñoz (1ra. parte)En el contexto de la tradición -que venía desde el inicio- de incorporar locutores casi niños, el caso de Carmelo resulta una excepción. Tenía 20 años y recién salía de la colimba (así se le llamaba al servicio militar obligatorio y era una apócope resultante se de las tres funciones elementales del conscripto: correr, limpiar, barrer).A diferencia de los casos ya referidos y otros por ver, él no ingresó por una vocación temprana, sino más bien por pura casualidad. Lo que no le impidió realizar después una fructífera trayectoria y ser hoy una de las voces emblemáticas de la radiofonía local. Pero dejemos que sea él quien nos lo cuente:"...Yo trabajaba en el cine (Teatro Gualeguaychú) era acomodador y recuerdo que todavía andaba con el pelo corto, había salido de la colimba a fines de octubre,.. yo estaba parado en la puerta del Teatro y pasa Alfredo Lucardi, él siempre iba al cine. Conversamos un rato y al despedirse me dijo: mañana a las 9 ¿podés pasar por España 220? Si, le dije, sin tener la más remota idea de para qué me quería. Al otro día voy era noviembre del 72 y me dijo: mirá, yo quiero que hagas esto acá y enseguida me explicó: esto es el micrófono. Me hizo leer cartelito que decía: transmite Difusora Grecco etc., pero yo no tenía la menor idea, ¡no sabía lo que era un micrófono! Y Beto, que recién terminaba el secundario me dice: dale, yo te voy a ayudar..y así empecé de a poquito. Recuerdo que recibían La Nación y me la leía, mal regular o bien. Y bueno, así de a poquito empecé .. leer..me leía todo en el informativo porque lo otro estaba grabado".(continuará)
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