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La creciente arrasó con su casa y con el merendero donde comen más de 40 chicos del barrio

Luchi Ballesteros vive hace ocho años en uno de los asentamientos de zona norte. En agosto del año pasado, junto a otras vecinas, levantó un merendero con palos, chapas y madera costanera, donde meriendan y cenan muchas familias del barrio. La última inundación los dejó sin nada. Cocinan gracias a las donaciones que reciben a diario.

Donde termina el boulevard Montana empieza la que podría ser presentada como la otra Gualeguaychú. Donde los servicios no llegan, las casas son ranchos de chapa, madera y nylon, y los pisos de tierra.

Aunque son apenas dos o tres cuadras la que separan a estas familias del asfalto, la brecha real es muchísimo más grande, importante y dolorosa. “Somos conscientes de que estamos ocupando terrenos que no son nuestros. Acá hay gente de hace 20 años o más, y muchos no tenemos otra alternativa realmente”. Quien habla es Luchi Ballesteros, creadora del merendero La Humildad, donde comen más de 40 chicos y adolescentes, de lunes a viernes, y a donde van a buscar la porción de guiso casi 50 familias.

Empujada por diversas circunstancias, hace ocho años llegó al asentamiento, donde actualmente viven 37 familias. Lo hizo junto a su esposo y a dos familias más. “Fue una época en que nos quedamos sin trabajo, no pudimos seguir pagando el alquiler y tomamos la decisión, arriesgándonos a que nos saquen”, cuenta a ElDía, mientras otras mujeres sirven a los chicos leche con chocolate y tortas fritas recién hechas, en la que, hace apenas un par de semanas, es su nueva cocina.

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“La última creciente nos llevó todo. Se llevó nuestra casa y el merendero, que estaban a unos 300 metros de acá”, relata y señala hacia la ruta 136, donde literalmente termina la ciudad. Desde ese momento, los chicos meriendan en el frente de su casilla, a la intemperie.

“Vengo de una familia de 12 hermanos, éramos muchos en casa y además siempre se sumaban algunos más. A mi mamá le gustaba cocinar para todos, aunque nunca no sobró nada, todo lo contrario. Creo que heredé eso, de ahí surgió la idea del merendero. Un 29 de julio lo conversé con otra mamá, y nos largamos el 2 de agosto del año pasado. Empezamos de lunes a viernes, con la merienda y la cena, y así lo mantuvimos. Sólo un tiempo, como teníamos menos donaciones, cocinamos tres días a la semana, pero después volvimos a toda la semana”, relata.

Merendero La Humildad

El guiso del merendero es la única comida diaria para muchos vecinos de la zona. El resto del día, sobreviven a mate y galleta. Afortunadamente, hace poco un grupo de empleados del Hospital Centenario se comprometió a cocinarles todos los sábados. Y, desde la Iglesia Adventista, a llevarles las viandas para el almuerzo los domingos.

“Es difícil. A veces le pido tanto a Dios en mi silencio que creo que es él quien me da fuerzas para seguir. Hay días que son más complicados que otros. Por ejemplo, para mañana no tengo ni salsa de tomate ni sal, así que voy a pedir…siempre un paquetito aparece”. Su relato es crudo, pero ordenado. Trágico, pero sereno.

Luchi Ballestero, que es nacida y criada en Gualeguaychú, descubrió la solidaridad de la gente de la ciudad cuando empezó a solicitar alimentos para el merendero a través de los grupos de “compra y venta” que se multiplican en Facebook. De a poco, varios comercios se fueron sumando a la movida solidaria.

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A la intemperie. Desde que se quedaron sin refugio, los chicos meriendan en la puerta de la casa de Ballesteros
A la intemperie. Desde que se quedaron sin refugio, los chicos meriendan en la puerta de la casa de Ballesteros

“Al principio recibimos algunas donaciones de Desarrollo Social, pero ya no. Y de vez en cuando nos llegan alimentos de algún político, pero alcanza para un par de días. Sostenemos esto gracias a la solidaridad de la gente, básicamente”, explica Ballesteros. Y, enseguida, cuenta que, lejos de esperar soluciones mágicas, el año pasado armaron un proyecto de autoconstrucción para las 37 de familias del asentamiento y lo presentaron en la Dirección de Viviendas.

“Siempre digo lo mismo, nuestro anhelo es llegar a la casa. No queremos que nos regalen nada, necesitamos la oportunidad de pagar un terreno en cuotas”, cierra Luchi, mientras, detrás suyo, los chicos empiezan a abandonar el lugar.

¿Cómo ayudar?

Facebook: Merendero La Humildad

Cel: 03446 – 15379132 (Luchi Ballesteros)

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