La crisis del modelo sindical vigente
En los últimos meses se han producido varios incidentes que constatan que el modelo sindical vigente atraviesa una profunda crisis, probablemente terminal. Se trata de un fenómeno sin precedentes desde que dicho modelo fuera implantado por el ex Presidente Juan Domingo Perón.
Por Patricio Giusto
OpiniónNuestro sistema sindical es una copia del modelo fascista-corporativista instaurado por Benito Mussolini en Italia, a principios del siglo pasado. El ideólogo del modelo que deslumbró a Perón fue el jurista napolitano Alfredo Rocco, ministro de Justicia durante la cruenta dictadura del Duce.Según la doctrina corporativista, las libertades individuales sólo pueden desarrollarse en plenitud bajo la defensa de las corporaciones, cuyo poder y legitimidad proviene del Estado. Esas corporaciones constituyen un sistema piramidal -y por ende antidemocrático-, que favorece la posibilidad de que las cúpulas sindicales se preserven en el poder sin sucesión alguna. Además, bajo este modelo el Estado sólo reconoce la existencia de un solo sindicato por rama de actividad (unicato).En la actualidad, el modelo sindical argentino está profundamente resquebrajado, carcomido desde sus bases. La primera de esas fisuras se da porque la mayoría de los dirigentes sindicales son septuagenarios que llevan más de 30 años en el poder. Asimismo, las prácticas sindicales actuales no tienen nada que ver con la democracia y la defensa de los intereses profesionales. En complicidad con los gobiernos de turno, los viejos sindicalistas se han enriquecido y acumulado poder hasta el cansancio, en desmedro del bienestar de los trabajadores que representan.Lo que está sucediendo es que los trabajadores ya no se sienten identificados con esos desprestigiados y vetustos dirigentes. Por la proximidad cotidiana, los referentes naturales de los trabajadores son los delegados sindicales, con la particularidad que se trata, en gran parte de los casos, de dirigentes con filiaciones políticas e ideológicas de extrema izquierda, muy propensos a la acción directa.En ese sentido, el conflicto que estalló en septiembre en la planta de Kraft Foods (ex Terrabusi) en General Pacheco fue simbólico y marcó un antes y un después. Durante las negociaciones por los despidos en el Ministerio de Trabajo de la Nación los trabajadores reconocieron como únicos interlocutores válidos a delegados gremiales enrolados en la Corriente Clasista y Combativa (CCC). En cambio, el Secretario General del Gremio de la Alimentación (único del rubro con personería gremial), Rodolfo Daer, fue ignorado y duramente criticado por los trabajadores.Algo similar está ocurriendo en el conflicto de los trabajadores del Subte, quienes reclaman que el gobierno reconozca un nuevo sindicato por fuera de la UTA (Unión Tranviarios Automotores). Este grupo de trabajadores responden a la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), que reclama desde 1992 su personería gremial, en franca competencia con la Confederación General del Trabajo (CGT) que lidera el camionero Hugo Moyano.El rol de las agrupaciones piqueteras de izquierda no es casual ni anecdótico en el marco de esta crisis. En las últimas elecciones de junio los partidos de izquierda tuvieron su peor desempeño desde el retorno de la democracia. Dichas fuerzas políticas fueron absorbidas por grupos piqueteros y organizaciones sociales que tienen como estrategia "colgarse" de cualquier conflicto sindical que tenga en pugna delegados de izquierda, o donde simplemente los trabajadores en conflicto estén dispuestos a enfrentar a la "burocracia sindical" y/o al gobierno.El llamado "efecto Kraft" es una tendencia que se está expandiendo rápidamente hacia el interior de casi todos los sindicatos. Dada la radicalización de las posturas y la masividad de este fenómeno, el gobierno tiene cada vez menos margen para seguir postergando una reforma estructural del modelo sindical. Cuanto más se dilaten las definiciones, más probabilidades habrá de que se repitan incidentes violentos en las empresas y en el espacio público.Finalmente, hay que tener en cuenta que se trata de conflictos con enorme contenido social, por la fuerte incidencia de los grupos piqueteros, que están potenciados por el aumento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad en el manejo de los planes sociales. Desde sus bases y por izquierda, el viejo esquema sindical implantado por Perón se cae a pedazos. Es difícil anticipar si el modelo que vendrá será mejor o peor que el vigente, pero de lo que no caben dudas es que deberá ser, al menos, más plural.
Por Patricio Giusto
OpiniónNuestro sistema sindical es una copia del modelo fascista-corporativista instaurado por Benito Mussolini en Italia, a principios del siglo pasado. El ideólogo del modelo que deslumbró a Perón fue el jurista napolitano Alfredo Rocco, ministro de Justicia durante la cruenta dictadura del Duce.Según la doctrina corporativista, las libertades individuales sólo pueden desarrollarse en plenitud bajo la defensa de las corporaciones, cuyo poder y legitimidad proviene del Estado. Esas corporaciones constituyen un sistema piramidal -y por ende antidemocrático-, que favorece la posibilidad de que las cúpulas sindicales se preserven en el poder sin sucesión alguna. Además, bajo este modelo el Estado sólo reconoce la existencia de un solo sindicato por rama de actividad (unicato).En la actualidad, el modelo sindical argentino está profundamente resquebrajado, carcomido desde sus bases. La primera de esas fisuras se da porque la mayoría de los dirigentes sindicales son septuagenarios que llevan más de 30 años en el poder. Asimismo, las prácticas sindicales actuales no tienen nada que ver con la democracia y la defensa de los intereses profesionales. En complicidad con los gobiernos de turno, los viejos sindicalistas se han enriquecido y acumulado poder hasta el cansancio, en desmedro del bienestar de los trabajadores que representan.Lo que está sucediendo es que los trabajadores ya no se sienten identificados con esos desprestigiados y vetustos dirigentes. Por la proximidad cotidiana, los referentes naturales de los trabajadores son los delegados sindicales, con la particularidad que se trata, en gran parte de los casos, de dirigentes con filiaciones políticas e ideológicas de extrema izquierda, muy propensos a la acción directa.En ese sentido, el conflicto que estalló en septiembre en la planta de Kraft Foods (ex Terrabusi) en General Pacheco fue simbólico y marcó un antes y un después. Durante las negociaciones por los despidos en el Ministerio de Trabajo de la Nación los trabajadores reconocieron como únicos interlocutores válidos a delegados gremiales enrolados en la Corriente Clasista y Combativa (CCC). En cambio, el Secretario General del Gremio de la Alimentación (único del rubro con personería gremial), Rodolfo Daer, fue ignorado y duramente criticado por los trabajadores.Algo similar está ocurriendo en el conflicto de los trabajadores del Subte, quienes reclaman que el gobierno reconozca un nuevo sindicato por fuera de la UTA (Unión Tranviarios Automotores). Este grupo de trabajadores responden a la Central de los Trabajadores Argentinos (CTA), que reclama desde 1992 su personería gremial, en franca competencia con la Confederación General del Trabajo (CGT) que lidera el camionero Hugo Moyano.El rol de las agrupaciones piqueteras de izquierda no es casual ni anecdótico en el marco de esta crisis. En las últimas elecciones de junio los partidos de izquierda tuvieron su peor desempeño desde el retorno de la democracia. Dichas fuerzas políticas fueron absorbidas por grupos piqueteros y organizaciones sociales que tienen como estrategia "colgarse" de cualquier conflicto sindical que tenga en pugna delegados de izquierda, o donde simplemente los trabajadores en conflicto estén dispuestos a enfrentar a la "burocracia sindical" y/o al gobierno.El llamado "efecto Kraft" es una tendencia que se está expandiendo rápidamente hacia el interior de casi todos los sindicatos. Dada la radicalización de las posturas y la masividad de este fenómeno, el gobierno tiene cada vez menos margen para seguir postergando una reforma estructural del modelo sindical. Cuanto más se dilaten las definiciones, más probabilidades habrá de que se repitan incidentes violentos en las empresas y en el espacio público.Finalmente, hay que tener en cuenta que se trata de conflictos con enorme contenido social, por la fuerte incidencia de los grupos piqueteros, que están potenciados por el aumento de la pobreza, el desempleo y la desigualdad en el manejo de los planes sociales. Desde sus bases y por izquierda, el viejo esquema sindical implantado por Perón se cae a pedazos. Es difícil anticipar si el modelo que vendrá será mejor o peor que el vigente, pero de lo que no caben dudas es que deberá ser, al menos, más plural.
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