La crisis en primera persona: Cómo viven los que menos tienen
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Las bajas temperaturas y no poder llegar a las cuatro comidas diarias impactan en los más humildes. En el asentamiento La Tablita, la mayoría de habitantes viven en condiciones precarias al borde de un arroyo contaminado y plagado de ratas. Los rigores del clima, la falta de trabajo, también pegan duro en otros dos asentamientos ubicados en calle de tropas. Fabián Miró Madera costanera, chapa, cartón, son materiales con los que mucha gente -demasiada- construye su casilla en la periferia de la ciudad.La Tablita, a la vera del arroyo Gaitán, es el primer asentamiento de Gualeguaychú conformado por vecinos de la zona que ante la imposibilidad de construir una casa de material, levantaron una y otra casilla a ambos márgenes de un curso de agua oscura, maloliente y plagada de ratas.Las enfermedades respiratorias y de otro tipo son comunes en el lugar, fundamentalmente en lo más chicos. A todo esto debe sumarse el crudo invierno, la falta de trabajo, el no completar las cuatro comidas, teniendo muchas veces que elegir entre comer algo al mediodía o a la noche.Todas las vecinas coincidieron en pedir una casa, porque de esta manera no "podemos seguir viviendo", expresaron. Además, coincidieron en que en tiempos preelectorales, les "prometan cosas que no cumplen".Hilda Page (58), tiene 20 hijos, 25 nietos, 5 bisnietos y una vida muy dura. Desde hace 11 años vive en calle Clavarino, a 200 metros del Boulevard De León, entre Brasil y Bolivia. El terreno es amplio y está ocupado en buena parte por cinco casillas precarias. Una de ellas pertenece a Hilda quien vive con sus hijos menores, además de dos de sus hijas y sus nietos.Pese a las penurias y las necesidades básicas insatisfechas, la mujer no se queja y durante la entrevista se mostró optimista en que "algún día tendré mi casa propia, una de material en la cual vivir con mis seres queridos". Tiempo atrás, junto a su ex pareja, vivió al lado de lo que hoy es la planta asfáltica de la municipalidad, camino a Palavecino, pero las "crecidas del río me cansaron y pegué la vuelta", recuerda.Contó que la casilla la hizo con sus propias "manos y con la ayuda de mis hijos, utilizando palos, madera costanera, chapa y otros materiales como ladrillos que rescaté de un basural para construir una pequeña estufa". La casilla tiene una cocina donde sobresale la estufa en el cual hacen fuego para cocinar y calefaccionarse en las noches frías de invierno. "Tengo una cocina a gas, pero no me alcanza para comprar una garrafa, así que juntamos leña, ramitas, lo que sea, hacemos fuego, cocinamos y nos calentamos en estas noches donde las bajas temperaturas se hacen sentir", acota la madre, abuela y bisabuela. La casilla se completa con dos pequeñas piezas, separadas, una de otra por una cortina y cartón prensado. En uno de los espacios duerme Hilda; mientras que en una cama cucheta lo "hacen sus hijos de 14 y 11 años que la ayudan con el trabajo en el carro". En la otra duermen sus hijas con niños de corta edad.La vecina se las arregla para tener su propia ropa de cama. Tengo una "máquina de coser con la que me quedo trabajando hasta altas horas de la noche. Con lo que me regala la gente hago acolchados para hacerle frente al frío, uniendo retazos con retazos. Eso sí, los colchones no dan más por lo que si alguien quiere colaborar y donarnos algunos, serán bienvenidos".Comentó que este año no pudo mandar a sus hijos menores a la escuela, porque no tenía "plata para comprarle zapatillas y ropa". Cada uno-continúa- tiene un solo par que lo usan para "trabajar y andar, aunque dentro de la casa andan en ojotas".La vida de Hilda ha sido muy dura. Tuvo su primer hijo a los 16 y el último a los 47, lo que se dice una vida embarazada.Se gana el sustento con un "caballo y un carro". Recorre las calles juntando "cartones, y vidrios" que después vende a precios muy bajos, además de hacer fletes. La comidaLa rutina diaria arranca a las 7 de la mañana, horario en que desayunan con un mate amargo, acompañado, cuando hay, con un trozo de pan. Al mediodía el plato es siempre el mismo, "guiso de arroz con algún menudo de pollo". Comentó que a la noche "cuando tenemos con qué, hacemos algo de comer, sino tomamos mate, comemos un poco de pan y a la cama". Ritta Saffore (27 años), tiene 1 un hijo y 2 personas a cargo. Detalló cómo es vivir en condiciones impropias de un ser humano. "Cuando llueve tenemos que ir corriendo las cosas de un lado para el otro porque entra agua por todos lados, problema que se solucionó, a medias, cuando fui a viviendas a pedir un nylon".Contó que es imposible hacerle frente al invierno. "No hay manera de afrontarlo. En las noches bajo cero me iba a la casa de mi suegra que tiene una estufa, y cuando no podía, me acostaba temprano con mi esposo y el nene en la misma cama para darnos un poco de calor, además de taparnos con todo lo que teníamos a mano"."En el verano no se puede estar por la temperatura que levanta la chapa, a lo que se debe sumar las emanaciones que salen del arroyo en días de altas temperaturas y que no corre el agua", contó la vecina.Dijo que muchas veces tiene "pocos recursos para comer", pero ahora "mi marido trabajó en el campo y tenemos para solventarnos por unos días". Recordó que hasta "hasta hace poco iba a la casa de mi mamá a cocinar con mercadería que ella me daba". Historias de la pobrezaSandra Guerra contó a ElDía que viven "como podemos con tres chicos, de los cuales, una nena fue operada del corazón y no puede vivir en un ambiente con humedad, tampoco pasar frío, situaciones que lamentablemente sufrimos en el invierno. Nos han prometido viviendas, pero hasta el momento nada, solo cuentos y más cuentos"."Nos acostamos temprano, tratando de resguardarnos de temperaturas extremas en los días más fríos, dado que no tenemos estufa, ningún artefacto eléctrico o gas para calefaccionarnos".Adriana Mendieta tiene 7 hijos, "uno de ellos con una discapacidad que le afecta los músculos, razón por la cual tengo que llevarlo al Hospital Garraham en Buenos Aires. La médica que lo atiende me dijo que no puede vivir en un lugar que haya emanaciones y nosotros tenemos la vivienda al lado de una cloaca como lo es el arroyo Gaitán. En mi familia sobrevivimos. Vivimos de una pequeña asignación que no supera los $6000 por mes, por lo que las privaciones son muchas, especialmente en esta época. Nos acostamos a las 5 de la tarde, poco después cocino algo y volvemos a la cama". El arroyo Gaitán está lleno de ratas que se alimentan de la basura que los mismos vecinos tiran en el lugar. Es una fuente de contaminación a cielo abierto, porque todos los deshechos de los precarios baños ubicados en la casilla terminan en el pequeño curso de agua que cuando no llueve suele estancarse, conformándose en una cloaca a cielo abierto.Los vecinos conviven con los roedores que tienen sus madrigueras en las barrancas del Gaitán. Es común observar a las "ratas correr de un lado al otro", saltar de un ropero, como le ha pasado a Hilda en más de una ocasión.
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