La “cuestión” política
Hacia la década del 60', las más diversas disciplinas académicas analizaban el vínculo y el grado de influencia que ejercía el desarrollo económico sobre la estabilidad político-institucional, especialmente de los países en vías de "modernizarse". Agustina Díaz*Esta fue una de las variables explicativas que, desde la interrupción constitucional de 1955, buscaba aplicarse a la realizad Argentina signada por los recurrentes golpes de Estado que comandaban las Fuerzas Armadas contando con el beneplácito de facciones políticas que buscaban impugnarse mutuamente. Fue Onganía al asumir el poder ejecutivo tras derrocar el gobierno de Illia quien habló de que la "Revolución Argentina" tendría un primer tiempo económico, un segundo tiempo social y por último un tiempo político.No obstante, a pesar de los intentos de desconocerla, la "cuestión política" era el primer elemento que buscaba aplazarse en cada uno de estos gobiernos militares. No sólo se proscribían partidos políticos sino que se impugnaban y prohibían elecciones libres, se criminalizaba la protesta social, se perseguía cualquier tipo de organización y se estigmatizaba todo pensamiento crítico.Aplazando la "cuestión política" las Fuerzas Armadas, con la adhesión de sectores civiles, mediáticos, corporativos y financieros, tomaron por última vez el aparato del Estado el 24 de marzo de 1976. Esta vez, lo harían para instrumentar el peor plan sistemático de persecución, tormentos, secuestros, asesinatos y desapariciones que conociera el pueblo argentino. Mecanismo que acompañaría la instrumentación de un fatídico modelo económico desindustrializador, estrechamente vinculado al juego del capital financiero internacional y al aumento grosero de la deuda externa.El amordazamiento de la prensa independiente, la persecución de los sectores juveniles y universitarios contestatarios, la violencia ejercida sobre la clase trabajadora organizada y el miedo impartido sobre el grueso del tejido social, eran condiciones sine qua non para que un proyecto económico tan antipopular pudiera ser llevado a cabo. El demonio rojo, comunista y subversivo, atentando contra la familia y la "nacionalidad", era la excusa moral perfecta para cometer cualquier tipo de atrocidad contra la dignidad humana y confundir a la clase media con el "algo habrán hecho".Así, rebatiendo los propios argumentos esgrimidos, quedaba en evidencia que la cuestión económica no precedía a la cuestión política, sino que, por el contrario, ambas forman parte de la misma configuración, retroalimentándose en una relación de mutua dependencia.A 36 años de aquellos hechos, con una continuidad democrático-institucional que estará por alcanzar las 3 décadas, la "cuestión política" parece haber adquirido, tras una larga noche, aquella relevancia tan temida por unos, tan deseada por otros.Por primera vez en nuestra historia política moderna (desde la sanción de la Ley Saenz Peña), se han sucedido por más de 25 años presidentes elegidos en actos eleccionarios universales, limpios y abiertos, sin ningún tipo de proscripción. Por primera vez en más de un siglo, ante las crisis socio-económicas, las Fuerzas Armadas se conservaron dentro de sus cuarteles y los partidos opositores tuvieron que respetar los imperativos constitucionales (aunque podríamos mencionar algunas intentonas de no hacerlo).Por primera vez, a excepción del Juicio a la Junta desarrollado durante la presidencia del Dr. Raúl Alfonsín, con plenas garantías legales y constitucionales, se enjuician y condenan a aquellos que, apropiándose ilegítimamente del Estado, perpetuaron crímenes desde él. Recordemos que los atropellos acontecidos en 1955 (incluyendo el bombardeo a Plaza de Mayo, el asesinato del Gral. Valle y las masacres obreras) y en 1966 (la "Noche de los Bastones Largos" y las fatídicas represiones al movimiento estudiantil) quedarían para siempre impunes.Finalmente, después de largas décadas, y tras el ocaso de la "larga noche neoliberal", como llama el presidente ecuatoriano Rafael Correa a la década de 1990, la juventud se vuelve a organizar y protagoniza la discusión política. Por primera vez en casi 100 años, los ciudadanos de hasta casi 30 años han nacido y crecido en el seno de gobiernos democráticos y pueden participar libremente, sin constreñimientos ni censuras.Revirtiendo el "no te metas", la indiferencia ante las cuestiones públicas y sociales va retrayéndose en los sectores juveniles. Proliferan nuevamente los centros de estudiantes en las escuelas públicas; se discuten los contenidos universitarios para condecirse con las necesidades del país y del pueblo; optan por trabajar en el Estado jóvenes profesionales de excelencia que, desconociendo la asepsia tecnocrática, también se involucran en política; se hacen escuchar las nuevas voces comprometidas de recientemente graduados periodistas y reviven los centros culturales y de participación barrial.Claro que la cuestión económica, traducida como la necesidad de alcanzar un modelo de desarrollo equitativo, estable, independiente y sustentable (social y ambientalmente), sigue siendo una preocupación en nuestro país (como en todo el mundo capitalista), pero ello no implica desconocer que la "cuestión política" es tan vital y determinante en los pueblos y sus gentes, tanto como es lo primero. No olvidemos que, en Argentina, los proyectos económicos más excluyentes y dependientes se instrumentaron en los años donde se escondían las urnas o donde se denostaba la participación.Quizás estos años de florecimiento político, especialmente en lo que refiere a la juventud, nos permita ir alcanzando alguno de estos macro-objetivos. En ello tenemos puestas todas nuestras expectativas.* Licenciada en Ciencia Política
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

