“La depresión no es lo mismo que la tristeza”
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La "enfermedad de las ganas" -como la llaman algunos- es el mal del siglo XXI, según la organización Mundial de la Salud. Para comprender este trastorno del estado de ánimo, que afecta a todas las edades de la vida, ElDía convocó al psiquiatra Julio César Zarra. Aquí el diálogo con el especialista. Marcelo Lorenzo - La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la depresión es una de las principales causas de discapacidad en el mundo.Dr. Julio Zarra:- Desde hace poco tiempo -quizá dos años o más- se la considera la segunda causa de discapacidad, dentro del conjunto de las enfermedades. Y la primera a nivel de las enfermedades mentales, no sólo por su gravedad sino por su elevada frecuencia, por su gran cantidad. - Esto habla de que sería la pandemia en este siglo. ¿Es cierto?- Es así. Sobre todo esto se ve agravado también por la dificultad diagnóstica. Es un cuadro difícil de diagnosticar. No todas son detectadas a tiempo y no todas son tratadas. Ocurre que puede estar enmascarada, es decir no tener la sintomatología típica. Es una de las razones de por qué pasa bastante tiempo sin ser visualizada. - ¿Cómo podríamos definir, desde la psiquiatría, a esta patología?- Tenemos que tener en cuenta que el término "depresión" ha evolucionado a lo largo de los últimos 150 años. De hecho hoy no se usa esta palabra. ¿Por qué? Porque costaba mucho ponerse de acuerdo sobre lo que era. No había consenso en la comunidad científica. Cuando nos reuníamos en los congresos para tratar el síndrome depresivo, la escuela alemana tenía una concepción, la norteamericana otra, la inglesa la suya, y así. Era un caos. Cada escuela tenía su propio modo de describir el síndrome. Entre tantas aristas que presenta, no sabíamos a cuál nos estábamos refiriendo. Esto hasta que la Asociación Americana de Psiquiatría arma un código, un manual de diagnóstico, que logró tipificar las distintas depresiones. Ahora utilizamos un lenguaje común en todo el mundo. Y en lugar de depresión, hablamos de trastornos afectivos o del estado de ánimo, con sus distintos tipos. Está, por ejemplo, el trastorno depresivo mayor, que podría coincidir con aquello que antiguamente llamábamos depresión endógena o depresión melancólica. También la depresión con síntomas psicóticos o sin síntomas psicóticos. O los trastornos depresivos bipolares, que hoy están tan en boga. La depresión postparto. Las depresiones reactivas. La depresión crónica o distimia. Ahora bien, desde el punto de vista genérico, podríamos decir que la depresión es un trastorno del estado de ánimo que es persistente en el tiempo y anómalo. La duración es importante. No estamos hablando de dos o tres días, sino de un trastorno prolongado en el tiempo. - ¿Cuál es el origen de este trastorno?- Bueno, es multicausal. Es resultado de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Tiene un costado psicosomático y de carácter medio ambiental.- ¿Puede haber predisposición genética?-Todavía no se ha podido aislar el 'gen de la depresión'. Si así fuese, la persona que tuvo un ancestro depresivo, con un análisis de sangre se le podría decir: usted va a tener depresión. Pero no es el caso. Como ocurre con otras enfermedades, efectivamente podemos decir que hay predisposición hereditaria. De tal manera que si en la familia hubo este trastorno, el paciente tiene más posibilidades de contraerlo en relación con aquel cuyos parientes no lo padecieron.- Desde el punto de vista biológico juega la química cerebral. ¿Es correcto?- Por supuesto. Sabemos hoy que todas las personas que transitan por un trastorno del estado de ánimo tienen un déficit en su cerebro de una sustancia neurotransmisora llamada cerotonina y de otra llamada noradrenalina. Por eso los fármacos lo que hacen es elevar directa o indirectamente la cerotonina y la noradrenalina. Ese sería el desequilbrio neuroquímico detrás de la depresión. Pero no debemos perder de vista que estamos frente a un trastorno que es resultado de la interacción de la biología, la personalidad psicológica y el ambiente social. La tristeza es otra cosa- Algunos llaman a la depresión 'enfermedad de las ganas'. Y en el público está asociada al apocamiento y al desánimo. En este sentido, ¿en qué se diferencia de la tristeza?- Es un punto importante. Al igual que la angustia, la tristeza es una sensación normal. La angustia, que surge a partir de la aparición de algo que no es tolerable por el sujeto, es por definición la somatización de la ansiedad. Se siente concretamente en el cuerpo. La palabra angustia viene de "angor". Y angor es angina de pecho. El dolor de la angustia es indistinguible muchas veces del causado por un infarto. La tristeza, que acompaña al sujeto frente a una pérdida (por ejemplo de un ser querido), es algo natural como la angustia. Son episodios normales que tienen las personas a lo largo de su vida, cuando atraviesan por algún momento traumático, desde desavenencias con la pareja, pasando por una mudanza no querida, hasta la pérdida del empleo. Cualquier problema externo que genera una sensación de tristeza y de angustia. Eso es normal. Ahora, cuando la angustia y la tristeza son síntomas de la depresión, que ya es una enfermedad, dejan de ser cosas normales. - ¿Cuál es el límite? ¿Cuándo una tristeza, digamos, empieza a ser patológica?- La persistencia en el tiempo sería un elemento a tener en cuenta. Frente al duelo, por ejemplo, aparece la tristeza. Si está autolimitada en el tiempo eso sería normal. El problema es cuando perdura y queda instalada en el tiempo. Ahí pasa a ser patológica. Además hay una cuestión de calidad o profundidad. Es decir, otro elemento a tener en cuenta es cuando la tristeza invalida. Por ejemplo cuando la persona no puede trabajar, no puede desempeñarse socialmente como lo venía haciendo, va dejando de comer porque se le cierra el estómago, va perdiendo peso. En este caso pasamos de la sensación normal del aparato psíquico a un síntoma patológico de una enfermedad. Ahí estaríamos en un cuadro depresivo. Los que se "deprimen" en esta época del año- Cuando las personas aseguran que se "deprimen" con las fiestas de fin de año. ¿Qué están queriendo manifestar?- Ocurre que en las fiestas se juntan muchas cosas. Junto a la cuestión cronológica, a la percepción del paso inexorable del tiempo, aparece el momento del balance. Es el momento en que uno se interroga sobre cómo le ha ido y sobre el estilo de vida elegido.- Es como enfrentarse con la vida.- Exactamente. Ahí se evalúa si los cambios que pretendió hacer se pudieron hacer o no. En estos exámenes suelen aparecer objetivos no cumplidos. Por otro lado, están las cuestiones afectivas. La cuestión de los vínculos familiares. Renacen las heridas por las pérdidas, por ejemplo de los seres queridos. Además en las fiestas se exponen las desavenencias o los desencuentros. La pregunta sobre dónde pasamos la Navidad y con quién, puede traer tensiones. Con fulano sí, con mengano no. Hay situaciones, en este sentido, que no pueden evitarse. A esto hay que sumarle las cuestiones ancestrales vinculadas a la infancia. Todos tenemos un registro infantil de estas fiestas. El recuerdo suele estar cargado de nostalgia y melancolía. Es como un tiempo primordial que ya no se puede recrear. Sensaciones que nunca más volverán. Conclusión: hay gente que dice que preferiría evitar estas celebraciones, y saltar el almanaque, pasar del 23 de diciembre al 2 de enero. Pero hay personas que han tenido la habilidad de convertir estas fechas en momentos festivos y de encuentro. En una ocasión para la reunión familiar, donde se pone música y se baila. Están, además, los que le dan a este momento del año una profunda connotación religiosa. Es decir, estas personas no se 'bajonean' en las fiestas; al contrario.- ¿Cómo se conecta la autoestima con la depresión? - La autoestima baja es un factor de riesgo importante para la depresión. Una persona con poca seguridad y confianza en sí misma tiene pocos mecanismos de defensa para esquivar la depresión. Aquí se vuelve a plantear aquello de qué está primero, si el huevo o la gallina. Porque una persona que nunca tuvo dificultades con la autoestima, luego de que se vio afectado por una depresión, desarrolla una mirada negativa hacia sí misma. No es una cuestión de edad- Tenemos la idea de que la depresión afecta a los adultos mayores. ¿Pero afecta a personas de otras edades?- Los trastornos afectivos del estado de ánimo afectan a todas las edades de la vida. Puede aparecer tanto en la niñez como en la vejez. Y cada grupo expresa la depresión con signos que responden a la edad. Muchas veces el niño expresa su angustia no poniéndose triste -como suele hacer el anciano- sino con irritabilidad o con mal humor. Hay que pensar que los chicos son vulnerables, tanto o más que los mayores.- Con respecto al tratamiento de la depresión, ¿qué nos puede decir? ¿Cómo juegan los fármacos?- En principio todo trastorno del estado de ánimo debe ser pasible de un abordaje psicológico. Es decir, un tratamiento a través de la palabra. Pero además hay muchos trastornos depresivos en que debe medicarse sí o si. Hoy consideramos en el mundo que no medicar un trastorno bipolar es iatrogénico. La palabra iatrogénesis significa literalmente 'provocado por el médico o sanador'. Es decir, se le hace un mal al paciente con un trastorno bipolar si no se lo medica. De hecho en Estados Unidos han prosperado juicios contra médicos que han trabajado únicamente desde la psicoterapia y no han medicado a su paciente. Se trata de pacientes que han terminado suicidándose por no haber sido intervenidos con un fármaco a tiempo. Entendamos que hay distintos grados y distintos tipos de depresión. El adolescente que se peleó con la novia y hace un trastorno del estado de ánimo reactivo, con una terapia psicológica anda. Pero una persona con depresión mayor, con rasgos melancolizados, que deja de alimentarse, con invalidez a nivel social, debe ser medicada sí o sí con antidepresivos. Los síntomas - ¿Cuáles son los signos y síntomas característicos de la depresión?- Hablemos de la tristeza invalidante, que nos corta el funcionamiento a todo nivel, que no nos permite ir a trabajar, no nos permite comer, no nos permite dormir, que va alterando las funciones vitales. Podemos agregar la ansiedad, la irritabilidad, el mal humor, la tendencia al aislamiento, la pérdida de la voluntad. Diferenciemos lo que es pérdida de la voluntad de lo que es el estado de ánimo. El estado de ánimo es justamente la tristeza, cuyo polo opuesto es la alegría. La disminución de la voluntad es no se puede/poder hacer nada por falta de ganas. Están, además, los síntomas del cuerpo. Hay un viejo dicho que expresa "la depresión duele". Y es así. Aquel que padece de dolores artrósicos, de los músculos, cefalea, que eventualmente se calmarían con un analgésico, si se le agrega la depresión sufriría mucho más. Los dolores podrían ser invalidantes.- Ante esta sintomatología hay que acudir al especialista- Exactamente. Aunque no siempre el paciente es el que pide ayuda. La depresión está muchas veces enmascarada en los hombres. Por aquella cuestión cultural de que deben ser fuertes y no llorar, ¿cómo se van a deprimir? Eso está mal visto.- ¿El suicidio y depresión van de la mano?- Nunca terminan por saberse las causas que llevan a una persona a quitarse la vida. Aunque se cree que la depresión tiene mucho que ver. Dicho sea de paso, la estadística revela que Entre Ríos tiene el índice de suicidios más alto del país. Pero es difícil saber por qué. Por otro lado, una cosa es el suicidio consumado y otro el intento. En términos generales, en jóvenes se consuma un suicidio por cada treinta intentos. Y en los ancianos se consuma un suicidio por cada tres intentos. Los viejos no le erran nunca, se matan porque se quieren realmente matar. En los jóvenes muchas veces los intentos son llamados de atención o pedidos de auxilio. La riqueza no es garantía- ¿Se puede hablar de sociedades deprimidas?- Es un punto interesante. En los países nórdicos, que están entre los más ricos y gozan de niveles altos de bienestar, sin embargo se registran los índices de suicidio por depresión más altos del mundo. ¿Qué pasa entonces? ¿Hay que hablar de una sociedad depresiva? Creo que no podemos hablar en estos términos. Es decir, la depresión es una enfermedad del individuo, no de la sociedad. Paradójicamente, en Argentina, donde a todo lo atamos con alambre, donde se convive con graves problemas sociales, se da la inversa que en los países nórdicos: no hay altos niveles de depresión. Acaso los argentinos hemos desarrollado algunos mecanismos de defensa que nos permiten sobrevivir con mayores fortalezas.- ¿Pero algún factor del ambiente debe afectar a los nórdicos?- Uno puede ser el clima. En esos países en invierno el sol sale a las diez de la mañana y ya a las tres de la tarde la luz declina. Es decir es gente que vive recluida, en aislamiento, por el frío. Este es un factor que pesa.- ¿Puede incidir la cultura, la falta de ideales o de ilusiones?- El tedio, el desgano, la falta de entusiasmo o de proyectos, pueden favorecer un cuadro depresivo. Desde el punto de vista de la abundancia, se podría especular diciendo: ¿cuáles son mis objetivos si ya están todos cubiertos? Lo tengo todo -lancha, casa de fin de semana, buen empleo- pero me aburro. El aburrimiento no es causa de depresión. Pero si lo metemos en un contexto determinado, ese vacío puede ayudar a generar un trastorno del estado de ánimo.- ¿Por qué hay más depresivos que antes, según la OMS? - No hay una respuesta concluyente a eso. Aunque podemos teorizar. Ya que los trastornos mentales no pueden escindirse del contexto social, se podría conjeturar que al estar el mundo más caótico que antes eso es un caldo de cultivo psicosocial para que prospere la depresión.
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