La devoción Mariana del General San Martín
"Los pueblos que olvidan sus tradiciones, pierden la conciencia de sus destinos, y los que se apoyan sobre tumbas gloriosas, son los que mejor preparan el porvenir" Dr. Nicolás Avellaneda.Por Mario César GiordánEspecial para El Día La devoción Mariana del General San Martín fue una herencia materna y la cultivó en forma pareja con su religiosidad austera a lo largo de toda su vida. Deben tenerse en cuenta en forma conjunta para dar más valor al precioso conjunto de prácticas piadosas que lo acompañaron, tanto en lo personal como familiar, como en sus actuaciones militares a favor de la libertad e independencia de los pueblos latinoamericanos."Después de la lista de diana -recuerda el coronel Espejo en sus memorias- se recitaban las oraciones de la mañana, y el rosario todas las noches en las cuadras, por compañías, dirigido por el sargento de la semana".A dichas prácticas diarias se añadían las semanales: "El domingo o día festivo -prosigue el coronel Espejo-, el regimiento formado con sus oficiales asistía al Santo Sacrificio de la Misa, que decía en el Socorro el capellán del Regimiento".El General San Martín fue un celoso custodio de la instrucción religiosa de sus tropas. El capellán era el responsable de predicar ciertos días del año, ya sea en el cuartel como en campaña.Con estos hombres, sólidamente formados en el campo militar y preparados en lo espiritual, que empeñaron sus lanzas en San Lorenzo, Chacabuco, Maipú y Lima, que desgranaban las cuentas del rosario, marcó San Martín rumbos bien definidos a la generación de Mayo, a la vez que asombró al mundo con sus proezas guerreras.Lo mismo que hizo con el ejército de Granaderos, lo realizó en la formación del ejército libertador de Cuyo. Mitre, en su historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana, escribe: "Siguiendo los consejos de Belgrano, había introducido las prácticas religiosas como elemento de disciplina moral".El rosario, como principal práctica Mariana, se rezaba todos los días. También el General Belgrano solía dirigirlo personalmente aun en los momentos más duros de combates.El 5 de enero de 1817 quedó marcada en la historia de la libertad sudamericana, como la fecha de proclamación de la Virgen del Carmen como Patrona del Ejército de los Andes.El coronel Jerónimo Espejo, en sus memorias "El Paso de los Andes", recuerda que: "Entre los diversos accesorios a que la atención del General se contraía para completar sus aprestos de campaña, no olvidó uno de los más esenciales entre ellos..., el de poner el ejército bajo el tutelar patrocinio de la Virgen Santísima en alguna de sus advocaciones".Faltaba muy poco para lograr el total equipamiento de las tropas libertadoras, pero San Martín no quería lanzarse a la gigantesca epopeya, sin un notable acto de piedad que fuera capaz de estimular el entusiasmo de los soldados y del pueblo.Siguiendo los consejos de Belgrano, pensó en la Virgen de las Mercedes, cuya advocación era, ciertamente, la más popular entre los soldados.En algunos documentos se observa que también San Martín tenía preferencia por este título de la Virgen. El 29 de agosto de 1816, fecha del nacimiento de su hija, le puso el nombre de Mercedes en su honor.Aquel memorable 5 de enero, San Martín puso su bastón de mando en la mano derecha de la imagen de Nuestra Señora del Carmen, declarándola Patrona del Ejército de los Andes.Dicho bastón se conserva celosamente guardado en el camarín de la iglesia de San Francisco, en la ciudad de Mendoza.Ya tenía el ejército su Patrona. Bien podía escalar los Andes y realizar la libertad de América.Para todos los argentinos será siempre un motivo de gloria y orgullo que sus máximos próceres, San Martín y Belgrano, fuesen devotos de la Madre de Dios y constituye la mejor garantía de fidelidad a los valores religiosos y patrióticos que nos legaron. BIBLIGRAFÍA CONSULTADA:Memorias del General Pueyrredón. Bs. As. 1947Mitre, Bartolomé. Historia de San Martín y de la Emancipación Sudamericana. Bs. As. 1939Espejo, Jerónimo - Memorias "El Paso de los Andes" Bs. As. 1882Bruno, Cayetano. El ocaso cristiano de los próceres - 1° Parte. Rosario. 1988
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