Poco se sabe de la estatua de Diana, la bella diosa de la mitología romana situada en la plaza principal de la ciudad. Pero cuya presencia enigmática ya lleva más de un siglo en el lugar. Marcelo Lorenzo Se diría que a fuerza de verla pasa desapercibida. Como si la costumbre de su presencia matase la curiosidad por conocer realmente quién es, qué hace allí y por qué.Además poco se sabe, en realidad, de la escultura de Diana situada en el sector sudeste de la plaza San Martín, salvo que fue donada por la Sociedad Española con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo.Las referencias historiográficas acaban allí. Lo cual vuelve enigmática a esta efigie, la primera presencia femenina en este espacio cívico, y también una de las pocas féminas dentro de un conjunto estatuario dominado por hombres ilustres.Se sabe que Diana es parte del panteón de los dioses romanos, cuyo equivalente griego es Artemisa, de suerte que en el mundo antiguo grecorromano se la veneró como una deidad virgen, eternamente joven, prototipo de la doncella arisca, que se complace sólo en la caza.¿Pero por qué una diosa pagana fue elegida para conmemorar unos fastos patrios? ¿Por qué la colectividad española local, a principios del siglo XX, quiso celebrar con ella el centenario de la revolución argentina de 1810?La explicación está en el significado ideológico-político del arte clásico grecorromano que inspiró la arquitectura argentina de la organización nacional, un estilo importado de Europa y que en estas pampas simbolizó la modernidad republicana.Este estilo universal reflejó el ideario de la Revolución Francesa que, frente al absolutismo monárquico, puso como paradigma a los romanos y a los griegos antiguos.Los ideólogos y los inspiradores de la primera revolución europea radical y victoriosa, que marcaba el fin de un régimen y el comienzo de un nuevo ciclo histórico, se consideraban los restauradores de las antiguas virtudes exaltadas por Tito Livio y Plutarco.Por otra parte, la corriente artística neoclásica fue impulsada por la francmasonería en la Europa del siglo XVIII, la organización secreta de carácter internacional que se mostró activa en la revolución americana.El objetivo político del uso de la estética clásica fue crear un nuevo sentido común, un imaginario colectivo que rompiera con el orden sustentado en la monarquía y en la Iglesia Católica, a través de alusiones mitológica paganas, como signos de la modernidad liberal y republicana.La Diana de Gualeguaychú tiene esta connotación ideológica y política. Es una pieza que representa el ideario decimonónico que abrazaron los próceres que se abocaron a la construcción del Estado laico argentino, es decir los que pelearon por la independencia y los integrantes de la generación que acometió la "organización nacional". Réplica de un modelo antiguoLa efigie de la diosa pagana que está en la plaza San Martín es una réplica de la llamada Diana (o Artemisa) de Gabii, una estatua que está en el museo del Louvre (París) y que fue muy popular en la Europa del siglo XIX, cuando se multiplicaron sus copias en diferentes tamaños y materiales.Esa pieza original es de mármol, de 1,65 metros de altura, y fue hallada en 1792 en las tierras del príncipe Borghese en Gabii, antigua ciudad del Lazio, cercana a Roma.

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Representa a una mujer joven, de pie, vestida con túnicas y calzada con sandalias. Su peso descansa en la pierna derecha, que es sostenida por un tocón de árbol, y su pierna izquierda se ubica hacia atrás y toca el suelo sólo con la parte anterior del pie. Usa un chitón largo con mangas anchas ajustado al cuerpo con cinturones, el vestido característico de la diosa, quien en esta representación está a punto de abrocharse la capa.La estatua es de la época del emperador romano Tiberio (14-37 d.C.) y es copia de una original griega atribuida al artista Praxíteles. Los expertos señalan que esta imagen representa a Artemisa (el equivalente griego de la deidad romana), aunque la vestimenta es la única indicación para ello, ya que no cuenta ni con el arco, ni con el carcaj con flechas en su espalda, ni con una lanza, elementos característicos de la Diana cazadora. La historia local de la estatuaSegún las actas de 1910 de la Sociedad Española -aportadas por el actual presidente de la entidad, Daniel Hernández - esa colectividad se mostró inquieta por adherir a las celebraciones del Centenario de la Revolución de Mayo.Este interés estaba a tono, por otro lado, con la presencia de la infanta Isabel de Borbón en los actos centrales en Buenos Aires, y con el grupo escultórico que la colectividad ibérica obsequió a la capital argentina, conocido como Monumento de los Españoles.En un acta del 15 abril de 1910 la entidad local resuelve "embanderar e iluminar" su edificio durante los días de festejo. Luego, en el acta del 8 de mayo de ese año un socio hace una petición especial a la comisión directiva.Pide "disponer de algunos fondos de la sociedad, para celebrar dignamente las fiestas del Centenario de la Independencia de la República Argentina" (...) "como españoles debíamos contribuir a dar realce a las fiestas, haciendo que nos engrande, por tocarnos directamente, y ver que en todas partes, las colectividades españolas han hecho sacrificios para conmemorar ese acto tan noble".En conclave, los diez socios presentes "ponen a disposición del presidente, los fondos necesarios de la Sociedad, para comprar un objeto, que conmemore las fiestas del Centenario", y para ello instruyen a miembros de la comisión que vayan a Buenos Aires y "elijan lo que crean más conveniente para ese acto".Fueron estas diligencias las que hicieron posible la adquisición de la estatua de Diana, la que fue instalada en la plaza principal de Gualeguaychú (llamada entonces Independencia), aunque en un lugar distinto al que ocupa hoy.Al respecto, la directora municipal de Patrimonio y Museos, Natalia Derudi, explicó que presumiblemente la escultura de la diosa fue emplazada frente a la Catedral San José. No hay registro escrito de esto, salvo una foto del sitio en la cual, de una manera imperfecta, se observa una efigie que parece ser la de Diana.Estaba previsto que la inauguración del monumento se concretara el 25 de mayo de 1910, pero se postergó hasta el 9 de julio de ese año, y durante el acto el entonces intendente, Dr. Santiago Díaz, agradeció el gesto en nombre del pueblo de Gualeguaychú.También ese día se inauguró el reloj de la Catedral, circunstancia esta última que fue reflejada en el diario El Censor, el cual no obstante nada menciona de la estatua.Por otro lado, Derudi especula que en 1937, a causa de las reformas importantes en el lugar, como la construcción de la retreta para la orquesta, la escultura habría sido trasladada al sector sudeste de la plaza donde está hoy.La historiadora local Leticia Mascheroni, en tanto, aportó a este cronista una vieja anécdota ciudadana alrededor de la estatua de Diana. Refiere que un diario local se quejó del estado de la plaza, enfatizando la jerarquía que le aportaba la escultura al lugar.En un espacio del periódico que reflejaba la opinión anónima de la calle se lee, así, que
"no están de acuerdo la imponente estatua del General San Martín ni la simpática y bonita que regalara la colectividad española, con los cercos de alambre tejido que circundan algunos canteros de la plaza; es muy de aldea el alambradito ese y la municipalidad haría bien en ordenar su inmediata desaparición". LA DIOSA FEMINISTA Nuestra Diana-Artemisa bien podría ser un punto de encuentro y de culto para el colectivo feminista local. Y esto en razón de que esta diosa pagana emerge, desde lo profundo de la historia, como símbolo de rebeldía de la mujer frente al modelo patriarcal.Eso piensa por ejemplo Jean Shinoda Bolen, psiquiatra, escritora y autora del libro
"Artemisa. El espíritu indómito de la mujer", en el cual postula que esta deidad de la mitología clásica sobresale como inspiradora del movimiento activista por la liberación femenina.Esta diosa, dice Bolen,
"representa cualidades idealizadas por el movimiento feminista: realización y competencia, independencia de los hombres y opiniones masculinas, y preocupación por las mujeres y jóvenes, escogidas como víctimas indefensas".El mito griego de Artemisa corrobora esta reinterpretación posmoderna. Ya que esta deidad, hermana de Apolo e identificada con la luna, era celosa de su virginidad y sólo quería disfrutar de su gran pasión, la caza.Por ello no podía dejar sin castigo el atrevimiento de Acteón, un famoso cazador que, con una jauría de cincuenta perros, recorría campos y bosques en busca de animales.Cuenta el mito que fue durante una de estas expediciones cuando sorprendió a Artemisa desnuda, que se bañaba en un río. En vez de alejarse la contempló con descaro, lo cual irritó a la vengativa diosa, quien lo metamorfoseó en ciervo y lo hizo morir devorado por sus propios perros.Artemisa, además, fue la diosa principal de las Amazonas, un pueblo de mujeres cazadoras y guerreras. Los relatos mitológicos dicen que estas mujeres sólo toleraban la presencia de hombres a título de criados, para los trabajos serviles.Según algunos, mutilaban a sus hijos varones al nacer; según otros, los mataban y, en determinadas épocas, se unían con extranjeros para perpetuar la raza, criando solamente a las hijas.A estas niñas les cortaban un seno para que no les estorbase en la práctica del tiro con arco o en el manejo de la lanza, costumbre que explicaba su nombre (a-mazon: "las que no tienen senos").