La droga: un flagelo que cada día golpea más fuerte en la ciudad
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Las consecuencias del consumo desmedido de drogas ―legales o ilegales― son siempre negativas.La palabra de un ex juez, los relatos de adictos en recuperación y de sus familiares, y el punto de vista de la Policía dejan en claro la complejidad de un problema que cada vez afecta a mayor cantidad de personas.¿Qué hace la Justicia? ¿Cómo actúa la Policía? ¿Con qué herramientas cuenta un adicto para recuperarse y cuál es el papel de su familia en esa lucha? Son solo algunas de las tantas preguntas que genera el consumo de estupefacientes; un problema que cada día destruye a más familias, genera conflictos, privados y públicos, y hasta se lleva la vida de jóvenes y adultos.Para Eduardo García Jurado - Vocal de la Sala de Juicio y Apelaciones de Gualeguaychú, abogado, ex Juez de Instrucción y titular de la Cátedra de Criminología de la Facultad de Derecho en la Universidad de Lomas de Zamora -, la creación de un Consejo de Seguridad en la ciudad ayudaría a prevenir y contener la problemática de la droga.El maldito consumismoA modo de diagnóstico, el profesional planteó: "¿Por qué tenemos este grado de violencia? Porque tenemos una sociedad que está conflictuada, porque los valores que antes nos unían y lograban nuestra armonía familiar y la armonía social se están destruyendo por un mensaje mercantilista de consumo, de venta. Entonces, es el sistema capitalista de mercado el que lleva a la destrucción de todos los valores de solidaridad, de inserción. Éso lleva a que ciertos sectores de la juventud, marginados económicamente o marginados espiritualmente, porque también puede ser un chico rico con problemas de marginación afectiva, se vean en la necesidad de consumir, de comprar".Los efectos de la 'privación relativa'-¿De qué hablamos cuando hablamos de inseguridad?-La inseguridad es también la incapacidad de tener un horizonte de vida. Un adolescente, un niño de 12 años, que sabe que no va a ser incluido en ese sistema que le vende y le vende, y es disfuncional al sistema porque no está capacitado, porque no sabe las técnicas informáticas..., a eso en Criminología se le llama 'privación relativa'. ¿Qué es la privación relativa? La conciencia que tiene un joven de que no va a llegar nunca a lograr un nivel de vida mínimo que el sistema capitalista ofrece. Eso lo frustra desde chico.- Y ahí está el desvío a la droga, por ejemplo.-Exactamente. La droga es un elemento para alejarse de esa realidad que sabe que no la puede alcanzar.- ¿Cómo estamos en Gualeguaychú respecto a este tema?- No estamos tan mal. Sí estamos muy mal con el problema de la droga. Es decir, será por la función policial, será porque todavía hay contención natural en la sociedad de Gualeguaychú. Pero hay muchos drogadictos, hay muchos adictos, hay mucha droga en Gualeguaychú. Es decir, debería haber muchos más delitos de los que existen. Pero tampoco confundamos: no es que solamente comete delito el que tiene una adicción a estupefacientes, es un ingrediente. Los que tenemos acceso a la cultura, acceso a la educación y hemos tenido una buena cuna, tenemos contención si tenemos una frustración. Pero estos chicos, si tienen una frustración, ¿qué contención tienen? Tenemos el problema en un grupo de la sociedad que no sabe encauzar el problema de la droga en su familia. Éso es grave y no podemos hacernos los tontos.- ¿En qué sectores de la sociedad de Gualeguaychú está instalada la droga?- En todos. Y lamentablemente, la droga se ha abaratado, porque era de clase media para arriba. Ahora, acabo de dar el ejemplo, la clase obrera e incluso el que está insertado laboralmente. Y las drogas hoy no son caras.- Lo que es seguro, por los procedimientos policiales es que en Gualeguaychú se consume marihuana y cocaína...- Sí, totalmente. Y hay varios puntos de ventas. Lo he vivido en forma personal cuando era Juez de Instrucción. El tema es complejo porque trabajan sobre la necesidad económica de la gente. Entonces, a una persona que quizás hoy viene a buscar botellas a tu casa en un carrito, lo ves dentro de cinco meses manejando un auto viejo, pero un auto, porque está en otro nivel. Y resulta que esa persona pasó a ese nivel económico porque alguien lo enganchó para que venda droga.- Como dealer (vendedor minorista de drogas ilegales)...- Exactamente. He escuchado por ahí que la represión logra cortar esa línea, pero inmediatamente aparecen otros, por la necesidad de la gente...Parafraseando a Martín Fierro- ¿Por qué nunca se puede llegar a quienes traen la droga a Gualeguaychú?, ¿por qué no se puede pescar a los peces gordos y siempre caen los dealers o el perejil que hace delivery?- Vayamos al Martín Fierro donde José Hernández tomó, dicen, de Solon Salamino, lo de la tela de araña: "La ley es tela de araña, y en mi ignorancia lo explico, no la tema el hombre rico, no la tema el que mande, pues la rompe el bicho grande y sólo enrieda a los chicos". ¿Será eso? Donde solamente en la tela de araña de la Policía cae el bicho chico y el bicho grande la rompe. Lamentablemente debemos suponer que es así. Por eso es que es imprescindible una decisión política. LA PELEA CONTRA LA DROGA EN PRIMERA PERSONAOsvaldo: "Entré al grupo de recuperación a los 14 años con la cabeza quemada"Osvaldo tiene 21 años y continúa en recuperación en el grupo Naranón (Narcóticos Anónimos). En un diálogo profundo contó sobre su historia, su contacto con la droga y su lucha por sobrellevar la adicción.Osvaldo cuenta que empezó a consumir "a los 11 años, después de un tiempo, estando en los grupos nos damos cuenta que arrancamos antes por muchas actitudes; porque ya se nos pegaba algún vaso demás y cosas así. Yo empecé con el consumo de alcohol; aunque el periodo de consumo fue relativamente corto me hizo mucho mal. Sufrí mucho daño psicológico, emocional y hasta físicamente. Mentalmente llegué a no creer en nada ni en nadie. Fueron etapas que me costaron muchísimo", relató.El joven que lleva más de seis años en el grupo, y que es referente de muchos de los jóvenes que semana a semana se acercan en una desesperada búsqueda de ayuda, dijo que "inconcientemente no quería estar en mi casa, había días que ni siquiera volvía a mi casa; iba a la noche para acostarme, el otro día iba al colegio para cumplir con la responsabilidad, entre comillas porque me mandaban, pero no tenía ganas de hacer nada".Respecto al comienzo de la adicción, Osvaldo contó que conoció "unas amistades en el colegio que me convidaron marihuana, me la regalaron, la consumí y me empezó a gustar. Agradezco al ser superior no haber probado otra sustancia; también le agradezco al poder familiar, porque conocimos los grupos. Yo ingresé a los 14 años, de muy pendejo, con la cabeza quemada, sin querer saber nada".¿Qué cosas pudiste cambiar?-Estando en el grupo empecé a relacionarme con la gente, porque antes no me relacionaba, o el consumo no me dejaba relacionarme. Nadie me podía decir nada porque para mí la única verdad era la mía. Eso me llevaba a encerrarme, y pensaba que nadie más que yo tenía razón: me creía el falso ego, como decimos acá. Es fundamental para la recuperación de uno estar acá adentro. Estamos muy bien, pero sabemos cómo está la sociedad. Tengo que ir y venir, ir al colegio, hacer deporte uno sabe cómo está esto. Yo tuve la posibilidad de poder encontrar una salida, pero la lucha es día a día"Diego: "Como la marihuana no me alcanzaba, empecé a buscar la cocaína"Otro de los jóvenes que se recupera en Nar-anón contó su experiencia. Desde chico lucha con su adicción. En diálogo con ElDía, relató: "Empecé con el alcohol, que es algo muy aceptado en la sociedad, en la mesa de cualquier familia. Siempre fui un chico extrovertido, queriendo llamar la atención, divertido. Por eso mi familia no se dio cuenta al principio. Después empecé a tomar en exceso, después a fumar marihuana, a los 14, 15 años... Fui a un cumpleaños y había un grupito de compañeros. A mí no me la regalaron, fui de prepo, la saqué y la consumí. Un porrito, me lo fumé entero".A pesar de su corta edad, Diego habla de su pasado como si estuviese hablando de otra persona. Es que en realidad, lo que hace es relatar su otra vida, cuando padecía el infierno de la adicción. "Empecé a hacerlo como un chiste, como diversión. Después fumar un cigarrillo de marihuana era lo más común que podía haber. Fumaba 1, 2, 3, hasta 12... y como que eso no te alcanza, no te llega, empecé a buscar la cocaína y las drogas que están más al alcance de la mano. Empezás a consumir con los del barrio, pero la cocaína te liquida más, te exige mucho más dinero que el porro y el alcohol y es mucho más adictivo"."No trabajaba porque no podés mantener un laburo tampoco. Trabajás un mes, cobrás el primer sueldo y estás 15 días desaparecido. La droga lo maneja a uno. Al principio es todo muy lindo, estás en la sociedad, consumís, te divertís con tus compañeros. Muchos pueden tolerar la droga mucho tiempo, pero a mí en muy poco tiempo me llevó a la decadencia", contó Diego.Respecto a las etapas, explicó que "primero está la del payaso, que al principio te divierte, la pasas bien. Después, está la etapa del león, es cuando empezás a tener problemas como todo adolescente en el colegio, en tu casa porque te ponen límites, empezás a ser más conflictivo. Después los problemas de la puerta de casa para afuera. Tenés problemas con los vecinos, después con gente de más afuera. Yo llegué al grupo con problemas judiciales, tuve muchas probation por robo, peleas en la calle, mucho enfrentamiento con otros barrios, cosas de adictos".Diego, quien es uno de los adictos en recuperación que mayor tiempo ha permanecido en el grupo, contó que llegó al mismo "con 21 años, mi familia me había dicho que necesitaba ayuda, y les dije: 'los enfermas son ustedes'. Esa actitud es típica del adicto, sentís que sos el dueño del mundo y todo poderoso. Vine a la reunión y no entendía nada. Mientras mi familia buscaba la manera de seducirme para que terminara viniendo. Yo decía: 'Mamá necesito plata (para 'falopearme')' y ella me decía: 'yo te doy, pero andá a las reuniones', entonces seguía viniendo. En un momento noté un cambio en mí, un día vine 'falopeado' hasta las manos y sentí culpa: jamás había sentido culpa, porque para mí el problema eran los demás, la sociedad, los otros, no yo"."Hoy en día lo que me da el poder superior, el grupo y mis familiares... lo que me brindan es para tratar de conservar lo que he podido conseguir, para poder ser responsable de mi recuperación. Esto es la lucha diaria", confesó.Patricio: "Tenía que robar para conseguir droga"Patricio tiene 21 años. Como los demás chicos comenzó a consumir desde muy joven. "Arranqué a los 12 años. Empecé por la marihuana; me la regalaron en el colegio. Ahí empecé... Después no me la regalaban. Al principio no consumía todos los días; era una vez cada tanto o dos o tres veces por mes. Después empezó a ser más grave. Consumía tres, cuatro veces por semana. No tenía trabajo, no tenía plata y tenía que salir a robar para comprarme la droga. Le robaba a mis viejos, en la calle también robaba. Tuve la suerte de no tener problemas con la Policía, ni caer internado gracias a Dios, pero el problema que tenía era en el colegio, en mi casa, en la calle; si no era una discusión, era que me suspendían del colegio por pelearme. No respetaba a los profesores; legaba a la hora que quería. A veces ni entraba al colegio. Me quedaba drogándome en otros lados. A un año y pico empecé a consumir cocaína y fue la perdición".Patricio contó que se pasaba "las 24 horas del día" drogándose. "Seguí robando, tenía problemas en mi casa. La plata y las cosas desaparecían. También llegué a la etapa del chancho. Después empecé a meterme en lugares muy peligrosos para comprar, no me importaba nada. Si me mandaban yo iba, con tal de conseguir droga no me importaba. Capaz que me mataban o me cagaban a trompadas, no me interesaba".Con solo 21 años, Patricio puede analizar todo lo que le generó la droga y piensa y pone en palabras lo difícil que es poder recuperarse: "Yo me dejé de drogar, pero mi pelea seguía siendo todos los santos días: contra mi carácter, contra mis actitudes, contra mis emociones, no es que uno se deja de drogar y se cura, esto es una lucha de por vida. Por suerte hoy puedo decir que estoy mucho mejor a como estaba y me siento bien, pero no es un camino fácil".Los chicos continúan peleándola todos los días para salir adelante. Todos coinciden en que el grupo y la familia son pilares fundamentales para la recuperación. La droga les robó gran parte de su vida y al único lugar que los condujo fue a la soledad, a los problemas y a la desesperanza. "La drogadicción es la enfermedad de la negación"Hace 18 años que el grupo NAR-ANON como se lo conoce funciona en la ciudad conteniendo a familiares de adictos. ElDía dialogó con Mari y Blanca, familiares de adictos que le dedican su vida a la causa contra las adicciones.Blanca contó que hace "6 años, 7 meses y 7 días" su hijo le confesó que consumía. "No es lo mimos tener un chico sano, a cuando esta enfermedad entra en el organismo de nuestro ser querido y en la familia, entra en la casa de uno. Empieza a destruir todo lo bueno: la alegría, la armonía, empieza destruirse la familia cuando hay un adicto en carrera", relata.-¿Cómo funciona NAR-ANON?Mari: Es un lugar para los familiares del adicto. Cuando descubrís que tenés un adicto en la familia es lo peor que te puede pasar. NAR-ANON es mundial y está avalado por la Organización Mundial de la Salud.Lo primero que hay que entender es que los familiares estamos también enfermos. El adicto consume su sustancia y hace la suya en su mundo, pero una familia que convive con un adicto es como una bomba que te cae, destroza todo y uno como familia no sabe cómo ayudarlo.La casa ya se vuelve un caos. Lamentablemente es una enfermedad de la negación. Queremos escapar, buscamos excusas.Los familiares que tenemos suerte y llegamos a NAR-ANON sentimos que es lo mejor que nos puede pasar, no hay otra cosa. Esta enfermedad se sana en familia, aunque no tiene cura definitiva.Acá aprendemos a aceptar que la drogadicción es una enfermedad, a aceptar que yo también estoy enferma, que necesito ayuda. Tenemos un programa de doce pasos.En NAR-ANON las reuniones son abiertas y pueden concurrir familaires y amigos además del adicto. No hay profesionales, solo los adictos y los familiares. Mary cuneta que en la última reunión "no cabía un alfiler, estaba lleno, ya no entramos en el salón por la cantidad de chicos que vienen semana tras semana. A mi me alegra cuando los padres se acercan, porque esto no respeta clase social ni sexo y no es que a mí no me va a tocar porque 'mi hijo tuvo buena educación', la droga no sabe de límites".-¿Vos Blanca cómo llegaste al grupo?Blanca: Primero me recorrí todos los médicos clínicos, psicólogos, hasta al neurólogo lo lleve, nadie me daba una solución. Es una enfermedad que los hace mentir mucho, se vueven muy manipuladores y mentirosos. Cuando el psicólogo me mostraba los informes los malos terminábamos siendo los padres.Fui a buscar ayuda a un juez de pobres y menores, nuca me atendió. En la Policía un oficial me dijo que él a esa altura había caído preso dos veces y que rn todas sus declaraciones decía que se drogaba. 'Ayúdelo señora', me dijo. Después llegué al grupo y pude aceptar la enfermedad, pero antes para mí decir 'drogadicto' era una mala palabra.Mary y Blanca contaron a ElDía el largo camino que las llevó a estar sentadas hablando sobre sus familiares en recuperación, rescataron el valor de la familia en el acompañamiento y en el sostén del adicto. "El familiar se da cuenta que algo anda mal, pero lo niega, vamos a querer creer que tiene problemas de aprendizaje; que anda mal porque tiene los papás separados, porque murió el papá... siempre vamos a buscar excusas para no admitir que tenemos un familiar enfermo", relató Mari."La escuela primara es un semillero terrible para la droga. Lamentablemente los padres no se dan cuenta, y lo decís y te miran como si estuvieras loca. Es una enfermedad de la familia y quienes tienen que ponerse los pantalones largos son los familiares para hacer algo por sus hijos o por sus nietos; hay también responsabilidades políticas que tampoco se cumplen", contó Blanca.A las dos mujeres se las ve fuertes. Sustentan los grupos que para cientos de familias son la única herramienta para salir de las drogas y lo hacen casi sin presupuesto. Ahora están en búsqueda de la personería jurídica para poder conformar una fundación, "el senador Natalio Gerdau no prometió ayudarnos con eso", expresaron.Hoy por hoy, NAR-ANON es el único grupo para familiares de adictos que funciona en la ciudad. "El programa (de NAR-ANON) te da las herramientas para ponerlas en funcionamiento de la puerta de tu casa para adentro y para afuera, es una herramienta fundamental para poder convivir con esta enfermedad", sostuvieron."El allanamiento es el trabajo culmine de una investigación que puede durar mucho tiempo, incluso años"La Policía es uno de los brazos de la Justicia Federal que puede ejecutar las órdenes de realizar un allanamiento tras una previa investigación por el delito de tráfico de estupefacientes. El comisario inspector José Lauman, subdirector de Toxicología de la Policía de Entre Ríos, reconoció que el afluente turístico generado en la provincia en los últimos años ha sido determinante para el crecimiento del consumo, aunque destacó que la droga llega de otras provincias vecinas."En general, toda la droga que se consume en la provincia viene de afuera", señaló Lauman, "es traída generalmente desde Santa Fe por Rosario o desde Buenos Aires en el caso de la zona sur de Entre Ríos".El funcionario policial explicó que un allanamiento es el trabajo culmine de una investigación que puede durar mucho tiempo, incluso años. Debe existir lo que se llama "estado de sospecha", es un trabajo de inteligencia muy profundo que lleva su tiempo."Este año tenemos casi 50 personas detenidas por tráfico de estupefacientes. Gualeguaychú ha crecido y se han realizado procedimientos importantes, incluso se ha encontrado droga sintética, como ácido lisérgico, que eso era algo bastante desconocido en nuestra provincia", contó Lauman sobre el hecho puntual que ocurrió en plena temporada estival."El año pasado hubo 14 detenidos en Gualeguaychú en procedimientos contra narcotráfico. Gente que está procesada y seguramente va a terminar con una condena", manifestó.El jefe de la División Investigaciones de la Policía de Gualeguaychú, comisario Emilio Piaggio, resaltó que el trabajo que se hace en el departamento es muy importante y que se cuenta con elementos que otras departamentales no tienen, como ser un perro especialmente adiestrado en Bahía Blanca, junto a oficiales y suboficiales de la Delegacía de Toxicología dedicados a las investigaciones.Piaggio no escapó a la verdad al decir que en Gualeguaychú hay más droga que en años anteriores, y aclaró: "Se detecta más, droga siempre hubo". Destacó, y esto es realmente importante, que en Gualeguaychú no hay Paco, "si vemos cocaína en mayor cantidad que otras veces pero de mala calidad".En la ciudad, las investigaciones las realiza Toxicología con los lineamientos del Juzgado Federal. El Oficial realiza un informe de un punto equis o de varias personas y el Juez Federal es el que evalúa ese informe, si considera que se inicie una investigación, y designa a la fuerza que realizará el procedimiento.Muchas veces se escuchan expresiones de vecinos como: "Fulanito vende en el barrio y todos lo sabemos, no entiendo cómo la Policía no hace nada". Ante esto, Piaggio dijo que también es muy importante el compromiso del vecino, que debe denunciar estos casos en la Delegacía de Toxicología de forma anónima o no, "hay un Oficial especializado en esto"."Lo que la gente por ahí no entiende que no es un delito perseguible como un robo o un hurto, en el caso de la venta de estupefacientes lleva su tiempo", dijo Piaggio y especificó que se presume que el 90 por ciento del que vende droga en Gualeguaychú está identificado, "hay muchas investigaciones en marcha".El área de Toxicología cuenta con dos oficiales y un suboficial que viajan continuamente a Paraná a capacitarse, y muy pronto se sumarán dos uniformados a la Delegacía, todos especializados en la materia.
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