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La elección de Alberto Fernández es un bálsamo para una sociedad y una economía muy lastimadas

Con el paso del tiempo se evidenciará con mayor vehemencia que la presidencia de Macri ha sido la peor de la democracia contemporánea. Recibió en 2015 la Inflación en 27% y la llevo al 56% en 2019; la pobreza paso del 30% según la UCA y la deja en el 34%, según el INDEC.

Diego Labbozzetta

Opinión

El dólar lo recibió a $14,50 en el paralelo en diciembre de 2015, el oficial estaba falseado en $9,75, y lo llevó a $63. A fin de año se habrá quintuplicado su valor. Desempleo, recibió un 7% de desocupación y llegamos este año al 10,6 %, con 2.1 millones de personas sin trabajo, y más de 24 mil empresas cerradas durante los 4 años de gestión. Deja un 8% de indigentes, incorporando 3,5%, según el INDEC. Solo en 2019 se sumaron 3.6 millones de nuevo pobres, y la combinación de devaluación e inflación golpeo en el alma de 300.000 personas por mes, 75.000 personas por semana, 7 nuevos pobres por minuto. Y la deuda total del país aumento un 65% más de la que había en 2015.

El asado del fin de semana, paso a ser un lujo para la mayoría de las personas en Argentina. Se consumían 217 litros de leche promedio por persona por año hasta 2015, y bajó a 133 litros, siendo un total desastre, porque la leche a los niños es el último consumo que un padre o una madre deja de comprar. El crédito hipotecario UVA se transformó en una trampa mortal para algunos y el plan de ahorro automotor un suplicio para todos. El sueldo subió un 159% promedio en estos cuatro años, y la inflación un 209%, con un salario mínimo en 260 dólares, cuando estábamos en 580 dólares, una pérdida del 60% en la capacidad de compra real.

Todo este desastre lo logró el mejor equipo de los últimos 50 años, con la convicción de que debíamos convertirnos en Chile.

Fueron tan irresponsables, ineptos y superficiales que llegaron a las PASO con la convicción de un comportamiento electoral parejo, con la falsa dicotomía: nosotros, la República, o ellos. Algo bastante alejado de unir a los argentinos. Con la tranquilidad que luego en las generales la polarización natural del voto útil que migraba de las minorías y los nuevos votantes que no participaron en las primarias los llevaba a renovar el mandato fácilmente.

La sociedad en las PASO le puso un freno a las políticas liberales del gobierno, porque un gobierno no es un plan de negocios; y en las generales, a las formas de hacer política y sus vicios que se vieron en el pasado, léase corrupción. En ambos casos la sociedad puso un límite significativo y contundente. Arrojando como ganador a Sergio Massa, que pudo salir del espacio de candidato testimonial donde la derrota es un oficio de resistencia moral de minoría que nunca accede al poder, y pararse en la otra vereda, dentro de la coalición del nuevo gobierno.

Macri está aliviado porque evitó irse sin ser humillado, y lo demostró al realizar el mejor discurso de su gestión, cuando asumió la derrota. Su actitud de agenciero que entrega un vehículo fundido a quien está convencido que puede levantarlo, lo confirma.

Pero se va siendo el primer presidente en ejercicio que busca y pierde la reelección. Cambiemos se formó como antikirchnerista y se transformó en antiperonista con un gran conjunto de excusas, pero la maduración de nuestro sistema político presidencialista, sumado al voto aversivo por cierto ejercicio político asociado al pasado, explica dos de cada tres votos que fueron a favor de Cambiemos en las generales, pero no de apoyo al modelo de sociedad que propuso el gobierno saliente. Convirtiéndose en un simple gobierno fallido de transición, verificando que un modelo económico liberal para una economía subdesarrollada de frontera es un desastre.

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