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La emoción del Turco Mohamed tras cumplirle una promesa a su hijo fallecido

El entrenador de Rayados de Monterrey rompió en llanto al confirmarse la consagración de su equipo ante América

La consagración de Rayados de Monterrey en el Apertura 2019 de la Liga MX significó mucho más que un nuevo título en la carrera de Antonio Mohamed como entrenador. El título, conseguido luego de vencer en la final al América, le permitió cumplir una vieja promesa que le había hecho a Farid, su hijo que falleció en un accidente automovilístico en el 2006 cuando tenía nueve años.

Una vez que Leonel Vangioni ejecutó el penal que le dio la victoria a Rayados, El Turco rompió en llanto. Pronto sus colaboradores se acercaron y lo abrazaron. En sus manos, apretado bien fuerte, estaba el rosario que lo acompaña en cada partido desde aquella fatídica madrugada del 4 de julio de 2006, cuando un auto embistió al motorhome en el que viajaba junto a su hijo y un grupo de amigos por una ruta de Alemania, país al que habían ido para seguir a la selección argentina durante el Mundial. El pequeño Farid no resistió y, a raíz de las graves heridas, murió en un hospital cuatro días más tarde.

Con el dolor a cuestas, Mohamed le hizo dos promesas a su hijo: lograr el ascenso con Huracán y sacar campeón a Rayados. Hoy puede decir que cumplió las dos (ya había subido a la máxima categoría de Argentina como DT del Globo en 2007).

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"Mi hijo Farid nació en México, era fiel a la mascota del equipo y todas las fotos que tengo de él son con la mascota saliendo con el Monterrey. Tengo recuerdos muy grandes de lo que es Monterrey”, había declarado el argentino en 2015, cuando inició su primer ciclo como DT de Rayados, período en el cual perdió dos finales. Cabe recordar que el Turco había sido jugador del equipo entre 1998 y 2000.

En la mañana del domingo, en la previa de la final, Mohamed había ido a la Basílica de Guadalupe, el recinto religioso más popular de la Ciudad de México. Las cámaras captaron cuando el técnico argentino entró al templo portando lentes oscuros para tomar misa y rezarle a la Virgen de Guadalupe. El entrenador ha demostrado siempre ser un hombre creyente y prueba de ello es el rosario que apretó bien fuerte una vez finalizado el encuentro decisivo. Las lágrimas finales fueron un desahogo, la conciencia de que la misión estaba cumplida.

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