“La escuela católica es una tierra de misión”
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Monseñor Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario y presidente de la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal Argentina, brindó una charla en Gualeguaychú. Marcelo Lorenzo En el marco de la misión de los obispos del Litoral, que tuvo epicentro en Gualeguaychú entre los días 1 y 3 de octubre, monseñor Eduardo Martín dio su visión sobre la educación católica durante una reunión con directivos y docentes de la ciudad.En un encuentro llevado a cabo en la sede de la Facultad de Bromatología de la UNER, el martes 3 de octubre, del que participó la presidente del Consejo General de Educación (CGE) de Entre Ríos, Marta Landó, el prelado intercambió pareceres con los asistentes, al tiempo que explicó cuál es el rol de la educación católica en el marco de una cultura plural y secular.La opinión del obispo en este punto es relevante dado que en tanto miembro de la Conferencia Episcopal Argentina, Martín dirige la estratégica Comisión de Educación.El prelado diagnosticó que la perplejidad en que se encuentran muchos creyentes obedece a un retroceso de la tradición cultural cristiana, aquí y en el resto del mundo.Según dijo, se trata de una situación histórica novedosa que coloca a la Iglesia Católica, y en especial a los colegios bajo su inspiración, ante la necesidad de salir a misionar, para ocupar posiciones perdidas."Nosotros vivimos un cambio de época a partir de la caída de una serie de certezas que emanaban del cristianismo. Vivíamos en una cultura cristiana donde las costumbres tenían una forma que luego las leyes confirmaban. Hoy las costumbres cambiaron y las leyes también", sostuvo el arzobispo de Rosario.Al respecto dijo que una institución como el matrimonio cristiano fue perdiendo vigencia sociológica y esto se tradujo, con el tiempo, en un cambio de la legislación en todos los países."Durante siglos el único matrimonio que existía era el que se hacía por la Iglesia, la que llevaba los registros porque no existía el Registro Civil. Hacia fines del siglo XIX aparecen las leyes civiles (cementerios civiles, enseñanza laica y matrimonio civil). Pero la idea que los legisladores traspasan al Código Civil sobre el matrimonio era la misma idea cristiana de la unión indisoluble entre un hombre y una mujer para procrear y educar a los hijos. Es decir, la ley coincidía con la doctrina de la Iglesia", explicóY añadió: "Pero ni la doctrina de la Iglesia ni la ley fueron suficientes para que los matrimonios sostuvieran su promesa de amor fiel hasta la muerte. Porque las doctrinas y las leyes son necesarias, pero no suficientes, si no hay algo más que sostenga esa realidad. Entonces la costumbre fue cambiando, mucha gente empezó a divorciarse (...) Y hoy nos encontramos con que la ley argentina está totalmente en las antípodas del cristianismo. Porque hoy se habla de la unión entre dos personas, sin importar el sexo".En este sentido, el obispo sostuvo que, desde el punto de vista de la fe, el mundo cambió. "Es decir la gente ya no piensa en cristiano, no sólo sobre el matrimonio sino sobre otros aspectos de la vida. Nosotros decimos, entonces, que la cristiandad cayó, no existe más", afirmó."A lo sumo -agregó- tenemos trazos de cultura cristiana, como jirones de cristianismo, como es el hecho de que todavía el domingo es el día del descanso. La gente ya no recuerda por qué descansamos el primer día de la semana. Ignoramos que el domingo viene de 'dominus', que quiere decir el Señor y es porque los cristianos celebramos la resurrección de Cristo. Por lo tanto, nosotros todavía vivimos en el calendario cristiano, aunque no lo sepamos. Igual con Semana Santa, una celebración cristiana en la que mucha gente aprovecha para hacer turismo".El prelado sostuvo que el cristianismo dejó de informar (darle forma) a la vida social, circunstancia histórica que coloca a la Iglesia ante la alternativa de evangelizar la sociedad."Para nosotros éste es un tiempo de misión, que si por un lado nos revela una situación difícil, al mismo tiempo es un desafío extraordinario y esto porque tenemos que volver a empezar. Cosas que antes dábamos por supuestas, como la experiencia de la fe, debe vitalizarse para volver a recrear las costumbres y la cultura. Entonces también la escuela católica es una tierra de misión", declaró.UNA BUENA IDEA DE LA VIDASobre una propuesta pedagógica cristiana, el arzobispo comentó que los padres que mandan a sus hijos a los colegios católicos ya han aceptado el ideario evangélico que allí se trasmite, aunque resaltó que de ningún modo se trata de imponer nada."Para decirlo en un lenguaje simple: Dios siempre se propone, nunca se impone. Porque no hay nadie más respetuoso de nuestra libertad que Dios. Tanto es así que Dios quiere más nuestra libertad que nuestra salvación. De hecho no obliga a nadie a ir al cielo; allí va el que quiere", reflexionó.Resaltó, por otro lado, el papel de los docentes en un mundo dominado por el escepticismo y el individualismo. Según dijo, la labor de los grandes maestros se ha cifrado siempre en "esa pasión por el otro, por el destino de sus alumnos, considerados en su singularidad, lo cual es una forma del amor".Monseñor Martín trajo a colación los dichos del Papa Benedicto XVI, sobre la crisis educativa occidental, para quien en el escepticismo no hay una "buena idea de la vida" para comunicar a las nuevas generaciones."Decía también que lo primero que un niño y un adolescente deben experimentar en la escuela es saberse amados por los educadores. Algo parecido a lo que experimentó en su propia familia. Y que después viene la pregunta por la verdad, por el conocer. Entonces un corazón que se sabe amado está abierto a recibir de su educador las respuestas a las preguntas de su inteligencia", indicó.En este sentido, sostuvo que la educación debe darse en un marco de confianza en el cual el alumno perciba que quieren su bien y no sentirse manipulado. "Porque en las relaciones humanas hay amor o uso y dominio. Es decir, o yo me vinculo con alguien porque quiero su bien, deseo que se realice, o simplemente lo quiero usar", apuntó."El papa Benedicto -agregó- propone un tercer elemento que hoy no está bien visto y es el sufrimiento. Textualmente dice que hoy la tendencia a quitar todo tipo de sufrimiento genera personalidades débiles incapaces de amar, incapaces de brindarse a los demás".El arzobispo explicó que el educador tiene que tener un par de certezas si quiere educar. "Cuando educo estoy introduciendo a alguien en la realidad y en su significado. Si ese significado no existe dejo al otro como nadando en una ciénaga. Tengo que tener el convencimiento de que hay una idea buena de la vida para comunicar. Que lo que yo intento vivir, con las contradicciones propias de la vida, vale la pena de ser comunicado (...) Es el educador que le indica al niño o joven por dónde ir, adónde tiene que mirar, cuál es el camino. Pero para eso el docente debe querer ese mismo rumbo. Porque uno no puede dar lo que no tiene, ni puede querer para los demás lo que no quiere para uno", explicó.LA ÉPOCA DE LA PERSONAEn otra parte de su charla, el presidente de la Comisión de Educación de la Conferencia Episcopal afirmó que el "anuncio cristiano", en medio de una cultura secular, debe encarnarse en creyentes que estén dispuestos a actuar y opinar contracorriente.Sobre el particular monseñor Martín contó el caso del testimonio que dio el diputado nacional santafesino Luis Contigiani, quien votó en el Congreso en contra del aborto legal, decisión que le costó que su partido, el socialismo, lo echara de sus filas."Pero al mismo tiempo, esta decisión valiente hizo que mucha gente que no lo había votado se le acercada para respaldarlo. Es decir, cuando alguien se planta y juega sus convicciones eso es lo que marca la diferencia. Al mismo tiempo se constituye en una autoridad moral para muchos", dijo.EDUCACIÓN SEXUALAnte el nuevo debate legislativo planteado alrededor de la educación sexual, el arzobispo sostuvo que la Iglesia está de acuerdo con que exista esa educación pero si se da en el marco de una "visión integral de la persona".Al respecto, advirtió que se "quiere imponer una concepción unilateral" dominada por la ideología de género, en la cual se postula que la sexualidad no viene dada -por ejemplo por la biología- sino que es una construcción cultural.
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