La falta de energía: presente y futuro
En la más amplia acepción, "la crisis energética se muestra con energía". Valga el juego de palabras para reflejar la preocupación de las fuerzas productivas, prestadores de servicios y usuarios domésticos.De la RedacciónSi bien es cierto esta año, al menos hasta ahora, en materia de servicio eléctrico por ejemplo, se han podido superar con éxito algunas situaciones límites del sistema interconectado nacional y sólo se han sufrido algunos cortes, sobrevuela ese riesgo de sufrir interrupciones.Pero hay quiénes se sienten nerviosos al saberse metidos en un esquema que no tiene casi reservas como para afrontar los fuertes picos de demanda, en invierno como en verano.Idéntica situación se vive ante la provisión del gas. Se vive y se sufre, en el sector industrial sobre todo, una perspectiva de precariedad.En donde también se vive una angustia permanente, es entre quiénes requieren combustibles (naftas, gasoil, gas etc) para trabajar, producir, transportar, viajar o hasta pasear por rutas, caminos o calles de la geografía nacional.Las explicaciones y excusas que surgen de declaraciones y comunicados de las autoridades responsables para que estos resortes estratégicos operen con la debida normalidad, no colman para nada la opinión de los usuarios.Cada uno, al igual que las empresas privadas que operan en el sector de los combustibles, tiende a confundir con su serie de expresiones con las que pretenden ocultar o dilatar al menos, el conocimiento general de la profundidad del problema.Lo que más seriamente se aproxima a un acertado diagnóstico, es que el indiscutible crecimiento en todas las actividades productivas y no (consumo en hogares por ej), ha sido por suerte de gran magnitud.Pero la pregunta que surge naturalmente, es cómo se ha acompañado ese crecimiento inédito durante tantos años seguidos, con qué grado de inversión, fundada en cuál magnitud de ahorro, para completar el exitoso ciclo con un desarrollo sustancial y sustentable que nos sirva a todos por igual.Por supuesto que si no se completa seriamente ese sesgo, con la compañía de aportes de capital genuinos y no meramente especulativos, la Argentina no podrá volver a su lugar privilegiado en el concierto de naciones.Las próximas elecciones constituyen una muy positiva oportunidad, no para escuchar hasta el hartazgo a los representantes de gobierno y de la oposición, peleándose sin solución de continuidad y mostrando que están huérfanos de planes estratégicos importantes de largo plazo.No se los ve, tanto a unos como a otros, sentirse capaces de establecer acuerdos trascendentes, que superen los oscuros intereses de facción.Las corporaciones políticas y económicas, tienen que ser enfrentadas con fuerza por la sociedad demandante, para que las cosas se hagan pero que se hagan correctamente, y que estén ajustadas a privilegiar los sagrados intereses de los ciudadanos de a pié. Delito y teoría del acostumbramiento El asalto al comercio de Costa Uruguay Sur, por el cual los ladrones redujeron y maniataron a dos personas mayores, y que impactó en la opinión pública local, es apenas la punta del iceberg de la inseguridad.La ciudad de Gualeguaychú y su zona de influencia rural han dejado de ser hace tiempo sitios seguros. Es difícil no encontrar una familia en la cual alguno de sus miembros no haya sufrido un robo.Quienes viven en el campo se quejan que el cuatrerismo está a la orden del día, al tiempo que testimonian el miedo que les causa vivir tan alejados.En la ciudad ya se sabe: muchos vecinos enrejan y dotan de alarmas a sus casas, así como a sus vehículos, mientras que se suman hechos delictivos, aquí y allá, configurando un cuadro de inseguridad que es más que una mera sensación térmica.Por otro lado, no es casual que los vecinos damnificados por la situación, sean porque sufrieron en carne propia un acto delictivo o porque temen sufrirlo, se congreguen en alguna comisión o asociación.Dado que el Estado es quien debe garantizar la seguridad de las personas y los bienes, las quejan se concentran en las autoridades políticas y judiciales, y en las fuerzas de seguridad (en especial la Policía).La política da cuenta de la anomalía: la oposición carga sus tintas en la supuesta inacción del intendente y su equipo de gobierno, algo que irá in crescendo a medida que se acerque el acto eleccionario.Desde las estructuras oficiales se ensaya la teoría según la cual Gualeguaychú sigue siendo una isla de seguridad, comparada por ejemplo con el conurbano bonaerense.El debate sobre cómo se combate la inseguridad se da en un contexto en el cual crece la pesimista idea de que la indefensión ciudadana llegó para quedarse. Y esto porque la percepción general es que el fenómeno tiende a agravarse.Sin embargo, el hombre es un bicho adaptante. Existe el acostumbramiento social al contexto. Es decir, lo que antes parecía aberrante y anormal, a fuerza de fijarse en la vida cotidiana, termina por ser tolerado como algo normal.Que tanta gente se recluya en sus casas, y en sus hábitos incorpore actitudes de recelo al entorno hostil, son signos de que hay en marcha un proceso de acostumbramiento a la inseguridad.
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