Información General |

La fantasía de dejar todo y viajar: dos historias que se encontraron en Gualeguaychú

Hay formas y formas de salir a la ruta sin rumbo fijo, en busca de aventuras, sin mirar atrás. Puede ser en un motorhome, como se animaron los gualeguaychuenses Paula, Mauro y Juana, o también como decidieron hacerlo los colombianos Andrés y Lina, quienes un buen día decidieron llegar al fin del mundo en moto, pero no en cualquier moto, sino en unas scooters, las motocicletas pensadas para el transporte urbano.  “Los hijos no son el problema, los límites son los miedos que tenemos los adultos”
Paula, Juana y Mauro junto al vehículo que pintó el Gurí, uno de los grandes artistas que tiene Gualeguaychú
Paula y Mauro son dos padres jóvenes que rompieron con los prejuicios y los mandatos sociales, y saldrán de viaje en el motorhome que ellos mismos construyeron. Lo harán junto a Juana, su hija de 7 años. ¿De qué vivirán? ¿Cómo harán con los estudios de la pequeña? ¿Qué tan difícil es tomar la decisión? Las respuestas, más simples de lo que la mayoría imagina. Los tres son de Gualeguaychú. En la ciudad crecieron y construyeron su familia, muy similar a muchas de las que nos rodean. Mauro (38) y Paula (35) creían tener todo lo que necesitaban para vivir: salud, una casa, un auto y trabajo. Pero siempre algo faltaba. Cada vez que volvían de las convencionales vacaciones en familia, de un par de semanas, una rara sensación quedaba flotando en el aire. Una mezcla de mal humor por reintegrarse a la desgastante rutina mesclada con la necesidad de más descanso, más gente nueva, más caminos desconocidos y más lugares por explorar. “Un día nos cansamos, hablamos los tres esta posibilidad y lo decidimos. Fue tan fácil como eso. A Juana –su hija de 7 años– le encantó la idea y en ese momento comenzó todo”, relata Mauro, quien es técnico en electrónica, sobre el momento bisagra vivido hace un año y medio, cuando acordaron viajar “sin mapas, ni caminos prestablecidos, ni tiempos”. “A partir de ahí, empezamos a vender todo para compra el colectivo. Vendimos la cabina solar con que trabajaba Paula, el auto y todo lo que tenían en la casa, los muebles, la cocina, los electrodoméstico, todo, todo”, sigue. Fue el propio Mauro el encargado de, primero, desarmar íntegramente el vejo Iveco modelo ’99, para luego armar pieza por pieza el motorhome que cuenta con todas necesidades básicas para vivir: una cocina, un baño, dos camas, calefacción y hasta paneles de energía solar. “Es un vehículo autosuficiente, la idea es no depender del exterior, no tener esa limitación”, explica el papá de Juana sobre el colectivo que compraron hace siete meses. Y enseguida Paula aclara que la adquisición no fue tan sencilla: “Acá en la ciudad no había ningún vehículo del tipo que buscábamos. Entonces, un domingo nos subimos al auto y salimos. Ese día hicimos 1200 kilómetros, recorrimos todo Buenos Aires y terminamos comprándolo en Santa Fe. Volvimos de madrugada”, recuerda entre risa. ¿Cómo van a solventar el viaje? “Esa es la pregunta del millón”, bromea Mauro. Aclara: “yo puedo hacer cualquier cosa, me llevo todas las herramientas del taller, y lo que no sé, lo aprendo. Además, no tengo problemas en limpiar baños o lavar copas, lo que sea”, responde con seguridad. “Con Juana estamos armando artesanías y otras cositas para vender”, sigue Paula. “Pero lo cierto es que vamos a necesitar plata sólo para el combustible y la comida, que es mucho menos de lo que gastamos estando acá”. ¿Juana va a dejar la escuela? “No, la vas seguir por Internet. Existe una plataforma para viajeros del Ministerio de Salud de la Nación que se llama SEAD –Servicio de Educación a Distancia–, mediante la cual continúa sus estudios y rinde cada dos meses, como muchos otros chicos”, cuenta la madre de la pequeña sobre la interesante herramienta del Estado nacional. “Sí o sí, tenés que estar fuera de Argentina para poder rendir, por lo que debemos tener en cuenta las distancias con las fronteras”, aclara Mauro, por su parte. Sobre el cierre de la entrevista, Juana se suma a la charla y con toda naturalidad se muestra “muy emocionada” por la decisión que tomó junto a sus papás. “Con mamá estamos haciendo pulseras, adornos, y en el camino vamos a pintar piedras”, expresa con una ilusión que le hace brillar sus hermosos ojos celestes. Y eso que seguramente no se imagina que lo mejor está por venir.   Una travesía a 70 km/h: de Colombia hasta el “Fin del Mundo” en una scooter Andrés y Lina salieron hace 16 meses a viajar por Sudamérica en sus ciclomotores. Recorrieron más de 9500 kilómetros para llegar desde Colombia hasta Ushuaia, donde dieron media vuelta y siguieron camino. “El único miedo que tengo ahora es a tener que volver”, contaron a ElDía. “Además de conocer lugares exóticos, tomarnos nuestro tiempo para disfrutar de los paisajes y las personas, nuestro objetivo también es inspirar a otros a que se animen a salir a la aventura, que se despeguen de la silla y que si quieren hacer algo, simplemente lo hagan. No hay que tener una tarjeta de crédito dorada, sino fuerza de voluntad y querer hacerlo”, explicó Andrés, de 33 años, quien conoce a Lina, de 27, desde hace más de una década. En Colombia ambos se dedicaban a la publicidad –de hecho él es fotógrafo– pero en enero de 2018 le dijeron basta al mundo urbano y citadino y emprendieron la aventura. “Las motos las compramos especialmente para viajar, y no nos hemos asesorado mucho: nos gustaron estas y las compramos”, confesó Lina. “Primero hicimos un viaje de 8 meses recorriendo nuestro país de punta a punta. Luego volvimos a Bogotá, vimos que las motos anduvieron perfectas, las reacondicionamos y salimos hacia el sur para llegar a Ushuaia, el fin del mundo”, agregó Andrés. El primer país al que fueron fue Ecuador, luego fue el turno de Perú y Bolivia, y el 31 de diciembre entraron  a la Argentina para festejar el Año Nuevo en Salta. Luego, bajaron por el camino de Tafí del Valle hasta Tucumán, y de allí rumbearon a Santiago del Estero, La Rioja, San Juan y Mendoza. Entonces cruzaron la cordillera de Los Andes, pasaron por el Cristo Redentor ubicado en la frontera y pasaron a Chile. Volvieron a Argentina por el paso Cardenal Samoré, en Neuquén, y fueron a Bariloche. Finalmente, emprendieron el camino de Cordillera hasta El Calafate y el Glaciar Perito Moreno. La última parada en esta etapa del viaje fue Ushuaia, Tierra del Fuego, y llegaron con sus motitos al “Fin del Mundo”. Las scooters son 125 c.c., tienen una autonomía de 180 kilómetros que realizan con unos seis litros de combustible y, además de que jamás fueron pensadas para levantar grandes velocidades, por el equipaje a bordo circulan por los caminos a no más de 70 kilómetros por hora. O sea, de Bogotá a Ushuaia, más de 9.500 kilómetros, prácticamente paseando. “Es justo a la velocidad que queremos viajar, no necesitamos más. Además, como estamos obligados a parar seguido para cargar combustible podemos conocer a mucha más gente, algo que hemos disfrutado a lo largo de todo el camino”, relató la pareja, que creó la cuenta Asociación Viajera en Facebook e Instagram para contar su travesía. Y para demostrar que no estaban obligados con nada ni con nadie además de con el camino, una vez que llegaron al Fin del Mundo dieron media vuelta y siguieron viaje, esta vez hacia el norte. Y es entonces cuando terminaron teniendo una parada en Gualeguaychú, donde fueron recibidos por amigos motoqueros que enterados de su aventura los hospedaron y disfrutaron de sus historias. El viaje en scooter continuará por Uruguay, pero volverán a estar en Argentina para conocer las Cataratas del Iguazú. Luego, continuarán por Brasil, hasta volver a pisar suelo colombiano, aunque no saben cuándo porque no tienen ninguna fecha límite. “Antes de emprender el viaje, mis miedos pasaban por si nos podía llegar a pasar algo en la ruta, algún accidente, algún percance. Y aunque no dejo de pensar en eso y tomo mis precauciones, mi verdadero miedo ahora es volver. Volver a tener una vida atada a horarios, a volver a estar metido en eso de ir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Y aunque extrañamos a nuestras familias y tenemos muchas ganas de verlos, es muy posible que cuando volvamos a Colombia a los pocos días volvamos a salir, quizás hacia el norte”, deslizó Andrés, con la mirada cómplice de Lina apoyando sus palabras y asegurando que sin dudarlo volvería a la ruta para terminar de conocer América paseando en su scooter a 70 kilómetros por hora.

Dejá tu comentario