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La flora y la fauna del río Uruguay recuperan el terreno perdido

Especies de aves que habían emigrado por el avance del ser humano retornaron al lugar. Animales que habían abandonado las márgenes del río por la navegación, ahora nadan de nuevo tranquilos. Una crónica sobre cómo la naturaleza no se da por vencida, sino que espera para volver a ganar.

Fabián Miró

El río que baña 500 kilómetros de costas entrerrianas luce más inmenso que nunca. Solo es surcado por transportes de carga y pescadores artesanales. Reaparecieron aves que habían emigrado a otros lugares por el ruido de las embarcaciones que ya no circulan, y la fauna comienza a recuperar su lugar.

Gracias a una gentileza de Pablo Foldessi y a la colaboración de la Prefectura Naval, ElDía pudo realizar una recorrida por las aguas del Río Uruguay para poder ver en primera persona cómo la naturaleza, en tan sólo 50 días recuperó algo de la naturaleza que el ser humano le arrebató a los largo de cientos de años.

La recorrida comenzó en el río Gualeguaychú. Desde allí se aprecia la soledad de la Costanera, los clubes vacíos y el recuperado edificio del Frigorífico Gualeguaychú. Antes de ingresar al Uruguay, se ve el destacamento de la Prefectura Naval, a la altura de Puerto Boca.

La navegación fue con un río a niveles más normales que días atrás cuando la bajante llegó a límites nunca previstos.

Como lo indicara ElDía en la edición del lunes, la presencia de cianobacterias sigue estando presente. Por la temperatura cálida, la luz y los nutrientes, se reproducen en forma excesiva generando daños a los sistemas acuáticos, acumulándose en las orillas de los cursos de agua lo que se conoce como verdín.

La naturaleza del Uruguay, aguas arriba, es muy especial: un ecosistema conformado por islas, arroyos, en las cuales se destaca la isla San Lorenzo con 1500 hectáreas que forma parte de la reserva El Potrero, isla en la que la naturaleza funciona sin que la altere la mano del hombre.

Se aprecian ambientes como selva en galería, bañados, esteros, ideales para la fauna y flora autóctona. Con el paso de los años la gente que vivía en las islas fue abandonando las mismas por las recurrentes inundaciones y cambios en la producción. Por lo tanto, escuelas que se encontraban en la zona fueron cerradas y hoy solo son ruinas. Lo único que se aprecia es una serie de campamentos a la vera del río que son ocupados por pescadores artesanales y mieleros.

El regreso de las aves

Se estima que 400 especies habitan en la zona. Entre las rapaces, desde el comienzo de la cuarentena se ven cada vez más distintos tipos de águilas, como la pescadora, la negra, además de halcones peregrinos, gavilanes y esparveros; mientras que en zonas de playa sobresalen los rayadores, atí, gaviotín, patos silvestres y distintos tipos de garzas.

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Por la tranquilidad de estas semanas, muchos animales autóctonos regresaron al Uruguay
Por la tranquilidad de estas semanas, muchos animales autóctonos regresaron al Uruguay

Todas ellas habían cedido su terreno ante el inmenso ruido que generaban las embarcaciones que circulaban por el río Uruguay antes del aislamiento obligatorio. Actualmente, no llega a ser un 25% el tráfico naval que había 50 días atrás.

La fauna reclama lo suyo

Especies como lobitos de río, nutrias, carpinchos y ejemplares de gato montés, además de mulitas, se cruzan constantemente en el camino nuestro. Ahora, el ser humano es el visitante, y con sólo apagar los motores de la embarcación las especies que recuperaron su territorio se asoman, espían, como preguntando a qué volvimos.

UPM, la única que no se detiene por nada

Ante tantas imágenes de flora y fauna autóctona que avanza por recuperar el terreno perdido, un armatoste artificial aún señala con movimientos pavorosos y contaminantes que, lamentablemente, el daño del ser humano sigue presente: por detrás del Puente Internacional General San Martín, la pastera UPM (ex Botnia) sigue largando humo por sus chimeneas.

La planta finesa parece no parar en su producción. El movimiento en el puerto de buques que transportan rollizos y pasta celulósica es tal cual era antes de la llegada del coronavirus covid-19. Una muestra de que la naturaleza, cuando le dan ventaja, es capaz de superarnos y recuperar lo que era de ellos, pero que al mismo tiempo el daño del hombre muchas veces no lo detiene ni una pandemia.

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