La Gran Guerra y su impacto en el país
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Las historiadoras María Sáenz Quesada y Aurora Ravina, invitadas por el Instituto Magnasco, expusieron en la ciudad sobre la contienda que inauguró la era de matanzas en el siglo XX y su repercusión en Argentina. Marcelo Lorenzo Hace cien años Europa, haciendo uso de las técnicas impuestas por la revolución maquinista, se entregó a los extremos nacionalistas, en una guerra que la dejaría en ruinas.Para recordar el centenario de esta conflagración bélica que se inició en 1914, que a la vez tuvo gran impacto en la Argentina, un país de inmigrantes europeos y vinculado estrechamente con el Viejo Continente, el Instituto Magnasco organizó el pasado 3 de octubre un acto con la participación de dos investigadoras de la historia.María Sáenz Quesada, miembro de las Academias Nacionales de Educación y de la Historia, y directora de la Revista "Esto es Historia", se refirió a este acontecimiento de profundas implicancias en la historia moderna.Por su parte, la repercusión que tuvo en la Argentina fue abordada por Aurora Ravina, docente y autora de numerosas obras históricas. Ravina utilizó para su faena tapas de la revista "Caras y Caretas", exponente del humor político de la época, y el tratamiento que le dio al conflicto la revista cultural "Nosotros". Fin de una ilusiónEn 1914 murieron las ilusiones de progreso como destino ineluctable de la especie humana, un sueño incubado en el positivista y liberal siglo XIX, según explicó Sáenz Quesada."Ese porvenir feliz, tanta veces anunciado, se expresaba en los adelantos técnicos más que en el progreso moral. Detrás de la fachada amable de la Belle Époque (del francés Época Bella, como se designó al período de pujanza previo a la guerra) la tecnología se puso al servicio de la carrera armamentista", destacó.Según explicó, en el último tercio del siglo XIX, no hubo guerras generales en el mundo (después de las napoleónicas) sino sólo conflictos locales. Las naciones europeas se preocuparon por desarrollar sus industrias y robustecer su poderío mediante conquistas de colonias en los demás continentes (se repartieron Asia y África).Aunque el comercio generaba una pugna feroz por el apoderamiento de los mercados, y las potencias industriales que aspiraban a la supremacía geopolítica se armaban internamente para prevenir cualquier ataque del enemigo, Europa juraba por la Paz."Por lo menos hasta 1905 puede detectarse un sentimiento unánime a favor de la paz. Incluso se multiplican eventos en este sentido. Por ejemplo causó gran impacto editorial la novela "¡Abajo las armas!" de la varonesa Bertha Von Suttner, publicada por primera vez en 1889. Se hicieron además dos conferencias en La Haya por la paz. A la segunda de ellas acudieron varios latinoamericanos, entre ellos el futuro presidente de la República Argentina, Roque Sáenz Peña", explicó la disertante.Pero finalmente, afirmó Sáenz Quesada, poco tiempo después se comprobó que detrás de la retórica pacifista se iba incubando la rivalidad imperialista de algunas naciones, como Alemania, y se sucumbió a las "aspiraciones ilimitadas" que hicieron estallar la guerra.Aunque en el ajedrez europeo de la época cada país trabajaba por su propio interés económico y militar, el pangermanismo ocupó un papel clave, según la historiadora.La Primera Guerra Mundial (al igual que la Segunda) no se explica sin las pretensiones expansionistas de la Alemania moderna, quien además de ser una de las mayores potencias económicas de la época se convirtió en una fuerza militar temible. El estallido El detonante del conflicto se produjo el 28 de julio de 1914 en Sarajevo, con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, a manos de un terrorista serbio.El episodio revela, según explicó Quesada, que la zona de los Balcanes era un foco de tensión en Europa. Los serbios estaban molestos con el Imperio Austro -Húngaro por la anexión de Bosnia.Los austro-húngaros temían que los serbios lograran unir a todos los eslavos del sureste europeo, lo que podía representar una amenaza para la región húngara de su imperio.Rusia tenía también querellas con los austro-húngaros porque consideraba que los Balcanes pertenecían a su esfera de influencia, en particular la Serbia eslava.Bastó que los rusos movilizaran sus tropas al lugar para que los alemanes, aliados del Imperio Austro-Húngaro, declararan la guerra a Rusia y a su aliada Francia, penetrando por la neutral Bélgica.Fue entonces que Inglaterra, que consideraba a Alemania su principal rival en la disputa por la preponderancia mundial, decidió intervenir en la contienda.Originalmente se enfrentó la Triple Alianza constituida por Francia, Gran Bretaña y Rusia con las llamadas "potencias centrales", esto es Alemania y Austria-Hungría. Con el tiempo se fueron involucrando otros países, como Estados Unidos, cuya intervención en 1917 determinó el triunfo sobre Alemania y sus aliados. Guerra de trincherasEntre julio de 1914 y noviembre de 1918, dos líneas de soldados de infantería, que se extendían por el norte de Francia y Bélgica, se enfrentaron entre sí mes tras mes, año tras año.Así se desarrollo una nueva modalidad de lucha, desconocida hasta entonces: los soldados metidos en trincheras cavadas en zigzag y protegidos por campos minados, alambradas de púa y nubes de niebla, se hallaban separados de sus enemigos, atacándose con ametralladoras, granadas de mano, obuses con gases venenosos y toda clase de armas.Según relató Sáenz Quesada, esta espantosa lucha de desgaste consumió ejércitos enteros. "Pronto se verá que la guerra romántica y de caballeros, que la exaltación patriótica evocaba, nada tenía que ver con el potencial bélico empleado, que va a provocar desastres masivos", refirió al explicar que la primera guerra, mecanizada como nunca antes, resultó más brutal y se prolongó más de lo que se imaginaba.Esta guerra también se extendió a los cielos, en donde los aeroplanos tanto arrojaban bombas como combatían en las primeras batallas aéreas de la historia, y a los mares, donde los submarinos alemanes hacían tremendos estragos.Los cañones eran más grandes, rápidos, de mayor alcance y más numerosos que los de cualquier guerra anterior, al tiempo que la moderna guerra química (el gas mostaza paralizante) hizo su aparición. EpílogoTras el fin de la guerra, ocurrido a fines de 1918, el mapa de Europa y sus fronteras cambiaron completamente (cuatro grandes imperios dejaron de existir: alemán, ruso, austro-húngaro y otomano), varias naciones se independizaron y Rusia quedó como líder de la revolución comunista.Finalmente, lejos de apaciguar los nacionalismos, la guerra los exacerbó. En los países vencidos (como Alemania) el resentimiento alimentó un espíritu de desquite que socavó las frágiles democracias y condujo a una nueva guerra (la Segunda, entre 1939 y 1945)."El costo humano fue terrible. Las cifras totales de muertos alcanzan en toda la guerra por lo menos 10 millones de personas", evaluó Quesada, al señalar que la masacre produjo un hondo impacto en la conciencia mundial.Al respecto recordó que en 1919, un año después del conflicto, el escritor francés Paul Valéry, en un texto titulado "La crisis del espíritu", escribió una frase que se hizo célebre: "Nosotras, las civilizaciones, sabemos que somos mortales". Ecos en la pampaLa Gran Guerra se hizo sentir en Argentina, que apenas cuatro años antes venía de celebrar el centenario de la Revolución de Mayo, con espíritu alegre y confiado en el futuro.Desde 1870 el ingreso masivo de los inmigrantes europeos había transformando la sociedad nativa al igual que su economía. El país era próspero y fincaba su pujanza, justamente, en los envíos de carne y trigo a Europa.La revista "Caras y Caretas", fundada por una figura entrañable de Gualeguaychú (José S. Álvarez -Fray Mocho-), que fue caja de resonancia de los acontecimientos argentinos de la época, dedicó 90 tapas al conflicto bélico, según dijo Aurora Ravina.La especialista proyectó, durante la exposición en el Instituto Magnasco, 22 de esas ilustraciones, tomadas de la Biblioteca Digital Hispánica, explicando su contenido.La primera tapa, del 8 de agosto de 1914, da cuenta del estallido bélico. Su epígrafe es elocuente: "¡Bueno está el mundo! Marte dio el grito de guerra, -y acudieron las naciones- con sus armas y cañones-, a enlutar toda la tierra".Otra tapa utiliza la metáfora de la espada de Damocles, representada como una tijera dispuesta a podar los sueños de prosperidad de los habitantes de la Argentina. "Obviamente la economía del país estaba atada al comercio con Europa y el conflicto traería muchos problemas. El dibujo de 'Caras y Caretas' retrata a los miembros de las clases media y popular de la Argentina, que sufrirían el golpe de la guerra", explicó Ravina.También la revista "Nosotros", fundada por Roberto Giusti y Alfredo Bianchi en 1907, que reflejó el pulso cultural de casi medio siglo del país, y en cuya redacción participaban columnistas de prestigio de Argentina y del exterior, de diversa extracción ideológica, se ocupó de la guerra.Ravina comentó que en 1915, cuando el conflicto bélico era encarnizado, la revista hizo una encuesta entre varias personalidades, el resultado de la cual repercutió en el medio intelectual europeo, dedicándole el diario 'ABC' de Madrid una cobertura especial."La encuesta de 'Nosotros' planteaba dos preguntas básicas: ¿Qué consecuencias entré usted para la humanidad como el resultado de esta guerra?, ¿Qué influencia tendrán los acontecimientos actuales en la futura evolución moral y material de los países americanos y especialmente de la República Argentina?", refirió la expositora.Según dijo, la mayoría de las personalidades consultadas de la cultura argentina se volcaron a favor del sector anti-alemán, y algunos ya alertaban sobre el antisemitismo que reinaba en Alemania, en tanto que una minoría de intelectuales admiraba al país germano, a quien veía como "garantía" de la civilización occidental.
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