La historia de amor y solidaridad del primer donante de órganos en 2018
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Héctor Cáceres, de 54 años, murió esperando un hígado en el Hospital Centenario. Pero también dejó un legado: se transformó en donante y gracias a él, dos personas podrán volver a ver. Su familia rescata su figura y presenta con orgullo a este ejemplo nacido en Gualeguaychú.Son muchas las personas y los personajes de Gualeguaychú que dejan su impronta en la ciudad. Sus historias se cuentan de boca en boca, de generación en generación, todo con el fin de que esos individuos vivan por siempre, ya sea por su alegría, por sus valores o, algunas veces, por sus simpáticos defectos.Pero la historia de Héctor Cáceres merece quedar grabada y ser recordada no sólo por todo eso, sino también por haber sido un ejemplo de solidaridad, sobretodo en sus últimos momentos de vida: se transformó en el primer donante de órganos 2018 en la provincia de Entre Ríos tras morir en el Hospital Centenario. Ahora, gracias a Héctor Cáceres dos personas volverán a ver.Los que lo conocieron lo recuerdan como el viejo zapatero que estaba en calle Córdoba, en el barrio San Isidro, como el que la viene peleando desde que tenía 14 años, como el chiquilín que a los 3 años perdió a sus padres y que creció bajo el amparo de su abuela o como el padre de cuatro y devoto esposo que a los 54 años murió esperando un trasplante de hígado que nunca llegó. Te puede interesar: Autorizan a un entrerriano a donar parte de su hígado a su futura sobrina adoptiva Ya hacía casi un año y medio que peleaba contra una insuficiencia hepática que le hacía funcionar su hígado en un 35%. Cuando comenzó a presentir que la muerte iba a ganarle la carrera al órgano esperado, y por estar viviendo en carne propia la necesidad de un órgano donado por la generosidad y solidaridad de alguien más, instruyó a su familia sobre sus intenciones de ser donante. Les dejó bien en claro sus intenciones, sus ganas de que a nadie le pase lo mismo que a él, de que su muerte signifique vida en alguien más.Y su familia lo entendió muy bien: en el momento más difícil y doloroso se acercaron al equipo multidisciplinario del Hospital Centenario Gualeguaychú para cumplir con el legado de Héctor."Héctor siempre quiso que se donen sus órganos, tanto por lo que vivió él como por lo que vive una sobrina, que quizás también necesite de un donante. Y nosotros no lo dudamos y desde el primer momento dijimos que sí, sobre todo porque todo este tiempo estuvimos luchando con su enfermedad y esperando el órgano", relató, Marciana Villegas, la esposa de Cáceres."Es un ejemplo para Indiana, la única nieta que tenía y adoraba", afirmó por su parte y con sus ojos vidriosos Jonatan, uno de sus hijos, al recordar el legado de su padre.Jonatan habla con la tranquilidad que sólo puede ser la conciencia cuando uno sabe que se hizo lo que corresponde, no sólo para cumplir con el deseo de Héctor sino también por el amargo aprendizaje que dio el haber esperado un órgano que jamás llegó. Nadie mejor que la familia Cáceres sabe que la donación de órganos es un acto de solidaridad y que salva vida."Fue muy fácil, pero afortunadamente contamos con todo el asesoramiento necesario y las explicaciones siempre fueron claras. Estamos recontra agradecidos con el Hospital Centenario, con el Sanatorio Adventista de Villa Libertador San Martín y con la Clínica de Nefrología de Santa Fe, que es donde se hacía los tratamientos. Todos hicieron hasta el último esfuerzo", valoró Jonatan al resaltar el acompañamiento y la información brindada por los profesionales del Centenario y del Centro Único Coordinador de Ablación e Implantes de Entre Ríos (Cucaier)."En Gualeguaychú estamos complemente comprometidos en esa postura y sobretodo en el lema que donar órganos es donar vida. Es un trabajo de años y fundamentalmente acompañando a las familias de los donantes, tratando de brindarles explicaciones y crear consciencia a aquellas otras que se pueden resistir a este tipo de cuestiones", explicó el director del hospital Hugo Gorla, quién inmediatamente agregó: "Lo importante es saber que existe una necesidad real. Hay muchas personas que pasan por esta circunstancia y ayudan a crear consciencia en otros. Esto es lo que ocurrió con la familia Cáceres, ellos alimentan el círculo virtuoso, planteando que hay que donar tejidos y órganos porque se amplía la vida de otras personas en la lista de espera"."Estamos contentos porque sabemos que alguien va a volver a ver. Héctor siempre tuvo la idea de ayudar a los demás. Creo que fue un acto de amor y estamos felices de haberlo hecho", afirmó muy emocionada Marciana, justo antes de que Jonatán agregara: "A mi papá le importaban las otras personas, quería ayudarlos. Lamentablemente, los otros órganos estaban afectados por la enfermedad y no se pudieron extraer. Pero gracias a Dios, las corneas estaban perfectas y servirán para que dos personas que integran la lista de espera del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) puedan volver a ver".Lo dice con la tranquilidad de conciencia, con el aval de su mamá y sus hermanos a su lado, con el convencimiento que a las personas solidarias el destino les abre un camino de esperanza y realización.
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