La historia de cuatro “locos” de Gualeguaychú que hicieron cumbre en el Cerro Vallecitos
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Un grupo de amigos, fanáticos de los deportes, realizaron una aventura extrema y escalaron el Cerro Vallecitos, de 5450 metros de altura en la cordillera de Mendoza. Una experiencia única contada en primera persona por sus protagonistas.Por Daniel SerorenaJuan Telechea, Adolfo "Cuqui" Weimberg, Gonzalo Rodríguez y Ramiro Endelman son amantes del deporte en varias modalidades y desde hace un tiempo, incursionaron en expediciones de ascensos y escaladas.En 2012 junto a otro grupo de amigos de la ciudad, hicieron cumbre en el Volcán Lanín y en los primeros días de este año, redoblaron la apuesta y encararon la travesía en el Cerro Vallecitos, uno de los más importantes de la cordillera mendocina."Rama" Endelman y "Juanci" Telechea visitaron la redacción de ElDia y contaron parte de sus vivencias, de cómo prepararon la travesía y de las sensaciones únicas que representa llegar a los 5450 metros de altura en medio de la cordillera."Después de hacer Lanín nos propusimos un cerro más importante, dimos algunas vueltas y después de algunas charlas que quedaron en la nada, nos enfocamos en poder hacer esta expedición. Juanci fue el más inquieto, inicialmente fuimos cinco o seis los que estuvimos interesados y finalmente quedamos los cuatro que hicimos el viaje", indicó el "Profe" Endelman, el más joven del grupo.Telechea, el mayor de los cuatro integrantes del equipo, comentó que "nos preparamos con mucho tiempo, porque la fecha elegida no es antojadiza. Este tipo de ascensos en esos cerros se pueden hacer entre diciembre y marzo. Así que elegimos los primeros días de enero buscando que no nos complique con los trabajos, sabiendo que podía haber algunas tormentas pero no quizá tan complicadas. Desde septiembre trabajamos como equipo, cada uno individualmente habíamos hecho una preparación, pero estos últimos cuatro meses fueron intensos y trabajando todos juntos"."La preparación para un ascenso tan importante es diferente a todo lo que habíamos hecho antes", expresó Endelman, que agregó: "semana a semana fuimos planificando con cuatro meses de entrenamiento y sabiendo que íbamos a desembarcar en la montaña y que había dos variables que no íbamos a manejar. Una tiene que ver cómo nos iba a pegar la altura, ya que pasando los 4 mil metros la cosa se pone difícil muchas veces. Y el tema fundamental es el clima. Pudimos entrenar todo lo que tiene que ver con la resistencia muscular, la fuerza y demás, pero el clima y el tema de la altura no lo manejás hasta que no llegás al lugar y lo experimentás".Precisamente, el clima fue un factor preponderante en la travesía. "Nevó, llovió. Frío siempre hace allá arriba. A medida que vas ascendiendo va cambiando. En el lugar dónde estábamos acampando en el último refugio estás rodeado de montañas. Entonces vienen tormentas de un lado, tormentas del otro. Se mezclan rayos y truenos. Y por ahí escuchas ruidos que parece que se va a venir el mundo abajo. Empieza a nevar, se te llena la carpa de nieve. Es todo muy cambiante", explicó Telechea.Cómo fue el ascensoEl trayecto hacia la cumbre del Vallecitos se hizo en tres tramos planificados previamente. "Fuimos con una guía y con un asistente. Ellos son los que planifican todo porque tienen la experiencia de ascender en forma casi constante. Salimos del refugio base y llegamos a los 3200 metros en el refugio Piedra Grande, donde dormimos una noche y al otro día salimos de Piedra Grande hasta los .200 metros, que es el refugio El Salto, donde nos quedamos un día aclimatándonos y al día siguiente, con Ramiro hicimos el último tramo hasta la cumbre", explicó Telechea. Tanto Gonzalo Rodríguez como Cuqui Weimberg no alcanzaron los 5450 metros: "Cuqui no se aclimató, se sintió mal a los 4200 y esa fue su cumbre. Cuando nosotros fuimos en el último tramo, Cuqui bajó porque de verdad no se sentía nada bien. Gonzalo llegó a los 5100 metros, su cumbre fue a esa altura y cuando vio que no podía seguir, bajó a El Salto con el asistente. Nosotros con Juan llegamos junto a la guía a la cumbre de los 5450 metros", indicó Endelman.Un detalle importante que marcan tanto Endelman como Telechea, es que la reacción de cada organismo reacciona de forma diferente. "Pasando los 4000 metros es donde todo el mundo te dice que tienes la prueba para ver si realmente se puede soportar la altura. Y eso no lo sabe nadie hasta que no lo vivís. Todos reaccionamos distinto, a mí no me pasó nada pero me podía haber pasado. Me podría haber pasado a mí y no haberle pasado nada a Ramiro, o a Cuqui o Gonzalo", señaló Telechea.Sobre la forma de ascender, los dos coincidieron en que "se marcha lento, a ritmo sostenido y sabiendo que cada descanso para hidratación es fundamental. Hay que controlar las pulsaciones que se suben ante cualquier movimiento brusco, los movimientos deben ser controlados. Por eso tardamos casi ocho horas entre los 4200 y la cumbre. Estuvimos quince minutos como máximo, sacamos unas fotos, algunos videos y a volver porque el clima no estaba bueno. Había tormentas y la guía lo que más quería era intentar volver y que volviéramos sanos y salvos a los 4200 metros. Entonces la vuelta se hizo bastante heavy. No estaba bueno el tiempo. Tuvimos que acelerar un poco el paso. Y se hizo bastante difícil", rememoró Telechea.Sobre lo que se siente en la cumbre, tanto Ramiro como Juan coincidieron en que "solamente el que llega ahí puede contar lo que se siente. Alegría, felicidad, satisfacción. Es hermoso poder estar ahí arriba y saber que llegaste con tu esfuerzo, con tus compañeros que sufrieron y disfrutaron lo mismo que vos", sostuvieron.Sobre lo que viene, risas de por medio, coincidieron en dos cosas. "Cuando bajás de la montaña no querés saber nada de nada. Es una experiencia muy dura y los días posteriores se acumulan dolores y temas físicos, que se mezclan con la adrenalina y la hermosa sensación de haber vivido algo único", dijo Telechea.Endelman agregó que "todo lo que hemos entrenado como equipo es lo que sacás de positivo en una experiencia de este tipo, todo lo que hicimos lo hicimos en función de un grupo, permanentemente se trabaja en forma solidaria con el compañero, que de alguna manera se va sintiendo más o menos como te sentís vos. Y en ese aspecto somos un bloque. Y esto estuvo muy bueno".La familia, el sostén emocionalSi bien fueron Gonzalo, Ramiro, Cuqui y Juanci los que subieron el cerro, las familias de cada uno y los amigos que quedaron en Gualeguaychú vivieron también a su forma esta travesía. "El apoyo familiar es fundamental, sobre todo porque en esta travesía estuvimos desconectados durante el tiempo que pasamos en la montaña. Imagino que no debe ser sencillo para quienes se quedan acá no tener noticias, nosotros estamos compenetrados en nuestro desafío, pero sabemos que del otro lado hay mucha gente que se preocupa y quiere que nos vaya bien y volvamos sin nada", sostuvo Juanci.Ramiro coincidió y agregó que "es parte de la importancia de poder hacer una expedición de este tipo, saber que del otro lado hay una familia que apoya, entiende esta locura sana que tenemos y que también a su manera, sube con nosotros la montaña".
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