La historia de la monja que se transformó en actriz porno
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/802/0000802533.jpg)
Pasó ocho años en un convento, pero en la actualidad trabaja como 'sexcamer' y gana 2.500 dólares al mes, trabajando 40 horas cada 15 días. "Mi cura ya ni me pone penitencias", contó.
Tras ocho años en un convento, Yudy Pineda decidió dar un giro de 180 grados a su vida. Cambió los hábitos por lencería casi invisible y el rosario por juguetes eróticos. En la actualidad, se gana la vida como actriz porno en Internet.
ME ENCANTA SER COMO SOY CON MIS ERRORES Y MIS ACIERTOS ESTOY EN COMPLETO APRENDIZAJE SIEMPRE???
Una publicación compartida de yudy pineda (@yudy.pineda) el 12 Sep, 2018 a las 9:42 PDT
"Soy muy católica, demasiado", ha reconocido en alguna ocasión esta joven colombiana de 28 años. Algo que no le ha impedido hacer negocio gracias, únicamente, a una webcam. Pineda posa frente a ella ante cientos de clientes. Baila, se quita la ropa, se toca...
Desde pequeña siempre tuvo inquietudes religiosas. Con 10 años entró en un convento, del que no saldría hasta pasados los 18. Pese a ser muy feliz en aquella etapa, decidió ponerle punto y final cuando el amor se cruzó en su camino. Se enamoró de un profesor que enseñaba catequesis a los niños que iban a tomar su primera comunión. Motivo por el cual dejó a un lado su vida clerical.
Se trasladó Medellín y allí conoció a Juan Bustos, el fundador de una especie de universidad cuyas asistentes son mujeres que aspiran a ser modelos de webcam. En sus clases enseña persuasión, seducción, posturas corporales y creatividad. Tras esta formación, comenzó a hacer dinero. En la actualidad, gana más de 2.500 dólares trabajando 40 horas cada 15 días.
SUS PASOS ERAN OBSERVADOS, SUS ACTOS JUZGADOS,SUS PALABRAS CUESTIONADAS. SER FELIZ ES HACER LO QUE NOS DICE NUESTRO CORAZÓN,SIN IMPORTAR QUE DIRÁN LOS DEMÁS ??
Una publicación compartida de yudy pineda (@yudy.pineda) el 20 Ago, 2018 a las 12:43 PDT "Primero me sentía mal, pero luego ya no", sostiene la colombiana, que sigue atesorando una gran fe en su interior: "Me siento muy bien en la iglesia. Cuando voy, trato de entrar lo más decente que puedo. No falto los viernes al grupo de oración, ni los sábados de vigilia, ni los domingos a misa".
Este contenido no está abierto a comentarios

